w a l k o n e a r t h es el lugar donde desahogo mi conciencia y aplasto mis frustaciones. También lo hago en otros lugares, pero me pagan por ello...



sábado, 14 de abril de 2012

ENTRE MIRADAS o Take the money and run...

El pasado día 12 de abril tuve la ocasión para presentar mi nuevo libro Entre Miradas, de TPS Books Editors.
Fue uno de esos momentos que culminan un gran esfuerzo. Uno de esos instantes en los que parece que acabas un capítulo de tu vida, para empezar otro.
No son tiempos fáciles para esta profesión en particular y para casi nada en general: contratos abusivos, tarifas basura, desdeño por parte de los medios de comunicación de trabajos de calidad para, en cambio,  priorizar recortes y/o trabajos superficiales, decepción por parte de los profesionales que han trabajado duro, “tiradas de toalla”, desengaños y un sin fin de “huidas de cerebros” nacionales que triunfan en las “américas” ante la inopia y la deleznable actitud de  los editores y medios españoles.
Por todo ello hay que reinventarse, superarse, resurgir y no mirar atrás. Siempre nos quedará un salto a la piscina, con la esperanza de que se llene de agua antes de que nos demos de bruces con el suelo seco y duro de esta. Así es como hay que pensar y así es como, de repente un día, aparece esa agua vivificante y alentadora. De darse ostias salen los callos del éxito.

Siempre hay la posibilidad de encontrar a alguien con más luces que avaricia, con más ingenio que cobardía. Con ganas de invertir en un presentimiento, más que en despidos masivos. Con intenciones de apostar por la esperanza más que jugárselo todo a la carta de “take the money and run”.

Me gustaría ser positivo. Me gustaría, quiero serlo, lo soy. Sabemos que el presente que se explica hoy con mala cara y peor gesto se convertirá en historia pasada cuando llegue el futuro. Sabemos de sobra que siempre hay  alguien o algo en peores circunstancias y que, además, llegarán tiempos mejores. Tiempos eso si que no vendrán por si solos o por propia iniciativa. Serán momentos, aquellos, que habremos de atraer nosotros, con nuestras ganas de superación, con nuestra fe en nosotros mismos y en los que nos rodean. Una fe de carne y hueso, sin divinidades ni apoyos celestiales que han demostrado fallar más que una escopeta de feria. Hay que creer en las nuevas oportunidades.
Por eso me considero afortunado. Afortunado por tener esas ganas de seguir adelante. Afortunado por tener personas que me arropan y dan calor, que me allanan el camino cuando es  una cuesta pronunciada llena de baches o cuando es una bajada resbaladiza. Muchos de ellos estuvieron el día 12 a mi lado.

La intención no es que este positivismo sea tomado como un alarde. Ojalá que mi “buen rollo” no sea entendido como vanidad insana. Espero que mi ánimo no se malinterprete como chulería. Por favor, no. Sólo quiero decir, transmitir o tal vez intentarlo, que la lucha sigue. Que los alienígenas no han destruido la Tierra y han aniquilado la raza humana. Que nada ha acabado. No podemos pretender terminar ahora como héroes, como los últimos que plantaron cara. No somos los elegidos.  Tan solo somos tropa, componentes de un gran y eterno ejército que ha de continuar en las trincheras. Anónimos y efímeros. La fuerza no está en uno, está en todos. Si nos apoyamos triunfamos. Si nos miramos a la cara nos entendemos. Entre  miradas honestas encontraremos como salir de está. Estoy seguro.
Concluyo. Gracias a todos los que siempre estáis ahí. Esa presencia es la nutritiva tajada que saco de todo esto que hago. Es lo que obtengo como premio.
Os dejo, unas líneas más abajo,  con unas fotografías tomadas por Marcelo Aurelio y Godo Chillida (más una de mi hijo David), la otra tarde en TPS. Estos son dos de esos compañeros que allanan el camino, de esos que siempre están ahí. Me quito el sombrero ante ellos y ante todos los demás que acudieron, que fueron muchos. Y ante los que quisieron pero no pudieron. Me quito el sombrero y aplaudo por un espectáculo auténtico y sincero. Con esos intérpretes me considero el  más afortunado de los espectadores. Joder, como no voy a estar eufórico.

Manel Úbeda, "il professore"

Manel Úbeda, autor del prólogo de Entre Miradas, amigo y profesor en mi etapa de estudiante.

Es evidente: yo junto a Federico Caal, un luchador nato.

Dedicando el libro a uno de mis mejores amigos, Albert.

Con Marcelo Aurelio, un verdadero "crack argentino"
Un servidor con el cartel anunciador de la exposición el día de la presentación del libro.
Foto: David Rodríguez Pahissa



(C)DE LAS IMAGENES MARCELO AURELIO, GODO CHILLIDA Y DAVID RODRÍGUEZ PAHISSA /PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

miércoles, 28 de marzo de 2012

GUATEMALA, LA LUCHA CAMPESINA

Video perteneciente al reportaje que publicamos Alberto Arce (texto) y un servidor (fotografía) en portada del Magazine de La Vanguardia,  el pasado 14 de Enero, con motivo de la toma de posesión oficial del Gobierno de Guatemala por parte de Otto Pérez Molina.
Imágenes de video y audio  captadas con iPhone


500 años de lucha, de sangre y sufrimiento dejan mella en la comunidad campesina de la tierra guatemalteca. Esta es la historia del Valle del Polochic y de como los sicarios y los terratenientes hostigan y desalojan a los auténticos amos de aquellas tierras en injusta disputa: los ancestrales mayas. Las imágenes y el audio están captados con iPhone y en ciertos casos dichas imágenes y fotografias están realizadas sin el consentimientos de los sicarios a sueldo que trabajan para los grandes ingenios y los terratenientes de los monocultivos destructores del porvenir campesino.


(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

martes, 20 de marzo de 2012

CRÓNICAS FILIPINAS IV: Nuestro peor enemigo, nosotros mismos.

 Un soldado de élite de la Armada Filipina, controla las entradas a Kidapawan.
© Foto Alfons Rodríguez.

 Una madre y su bebe en el Hospital de German Doctors en el barangay de Buda.

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


Al cruzar el Delta Bridge se deja atrás Cotabato City y se entra en la ARMM (Autonomous Region in Muslim Mindanao), pero nada diferencia a simple vista un lado y otro del puente, que salta sobre el Rio Grande y hermana con recelo ambas regiones, antaño bañadas en sangre y fuego.
“Peace not War”, declara un letrero anclado en la cuneta de la carretera. Este es otro de los conflictos olvidados que salpican nuestro mundo y que ya cuenta con 44 años desde su maldito nacimiento. Si se le puede llamar suerte, diríamos que la suerte es que ya llevan varios años de alto el fuego y las conversaciones de paz, aunque algo lentas, avanzan. Que, por conformarnos, diríamos que no es poco.

La palabra más peligrosa es guerra”, reza en otro letrero de carretera. Y si no es así que se lo digan a las familias que hace unos días tuvieron que abandonar sus hogares en Upper Lombo. Les entrevisto bajo un mango, a la sombra de su denso ramaje y de la timidez y el miedo de su “capitana”-así se llama aquí a la líder del grupo- una mujer de aspecto fuerte y con recelo en la mirada.
Me cuentan que no hay alternativa.  Cuando el pánico se apodera de uno se apodera también de su destino y te lo marca de una forma siniestra. El miedo es el dictador en el régimen de los pobres, de los débiles. Tropas de élite del ejército nacional, me cuentan, entraron en su aldea y los hicieron formar. Apresaron a uno de los hombres, lo metieron en una de las casas y le dispararon a bocajarro. Se llamaba Ramón Batoy y se le acusó, antes de la ejecución, de rebeldía contra su país. Aquí te pillo, aquí te mato.
Tenía cinco hijos y esperaba otro. Su familia ha sido transferida y nadie sabe donde se hallan en la actualidad. El hermano se halla en prisión, acusado de ser uno de los comandantes del NPA (New People’s Army), aquí conocido como “El Ejército de los pobres” o “ Los guardianes de los pobres”. Cuentan que su lucha defiende los derechos de los más desfavorecidos. Y si el rio suena, agua lleva.
Pero el conflicto en la región viene de lejos. Todavía muchos creen que su origen está en la cesión ilegal de tierras que hicieron españoles a estadounidenses en el Tratado de Paris, en el año 1898. Tierras  que después se anexionó el estado filipino sin preguntar a los líderes tribales de Mindanao, enviando colonos con títulos de propiedad sobre la tierra que los habitantes de la isla rechazaron.
En 1968 una terrible masacre de musulmanes, trajo la reacción definitiva de los seguidores del Islam, no sólo de la isla sino de otros países árabes del mundo. Otra matanza posterior hizo que el ahora depuesto y muerto dictador libio Muammar el   Ghadafi tomara cartas en la sangrienta partida que se jugaba en Mindanao.
El libio y otros países islámicos apoyaron la formación de  un ejército musulmán denominado MNLF del que se escindió una facción llamada MILF (Moro Islamic Liberation Front) que siguió luchando tras los acuerdos de paz firmados en el 1996 por el MNLF. Aunque en la actualidad existe un alto el fuego frágil que parece avanzar con cautela por ambas partes.
El conflicto es más complejo y con otros actores en el escenario pero no les voy a aburrir aquí con más historias sobre la Historia. Hoy día, Cotabato City sigue asediada con atentados, raptos y hostigamientos por parte de grupos violentos que perpetraron más de 150 acciones en la ciudad el pasado año y llevan 25 en lo que va de este. Poca gente circula por las avenidas principales a primera y última hora, que es cuando parecen ocurrir la mayoría de ataques.
Este y otros motivos, de los que he hablado en anteriores crónicas (azote de la naturaleza, repartición de tierras, precios de los alimentos básicos…) son las razones por las que familias como la de Edinia Manlanggoy apenas tiene que echarse a la boca cada día. Poseen una linterna, me explica, que utilizaban para cazar ranas por la noche, su única fuente de proteínas. Pero se acabaron las pilas. Suena a chiste. A broma macabra. Unas pilas que dan de comer. Una débil luz que alimenta. Se apaga la luz y se enciende el hambre.
Edinia ha caminado 6 horas con su hijo a cuestas para llegar al hospital de Buda en el distrito de Marilog. Su bebe, de un año y medio, está severamente desnutrida y mira con miedo. La pequeña Jeffrel luce una especie de amuleto en el cuello. En su interior un pedazo de su cordón umbilical que se supone debía protegerla de la enfermedad y de un destino nefasto. Ahora el amuleto es una bolsita de preparado proteínico que le suministran en el centro hospitalario. Creencias las justas.
Salgo del hospital totalmente derrotado. Lo admito. Un niño con una malformación en la boca tiene hambre pero no puede succionar del pecho de su madre. Le cuesta alimentarse y llora sin parar. Fotografío su ansiedad pero me dejo allí su llanto estridente. No lo filmo para no tener que volver a oírlo.
Otra de arena.
Nuestro peor enemigo somos nosotros mismos”, reza en un nuevo letrero de carretera. Tras su lectura, me pregunto  por la razón de nuestra inconsciencia. Si lo sabemos, cuál es el motivo que tenemos para no solucionarlo. ¿Si podemos hacer algo, quién o qué nos impide hacerlo?. Somos nuestro más despiadado enemigo y  lo peor y paradójico es que nos tenemos bien identificados. Sabemos donde vivimos y que recorrido hacemos cada día al trabajo. Conocemos bien nuestras costumbres y hábitos. Nos podemos auto emboscar y detener, leyéndonos nuestros patéticos derechos. Y si somos culpables, que lo somos, ejecutarnos de una puta vez y acabar con todo este circo. Con toda esta pantomima barata en que nos hemos convertido.






 

sábado, 17 de marzo de 2012

CRÓNICAS FILIPINAS III: Una de cal...



(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


Salimos temprano.
La carretera que deja Kidapawan se encuentra en bastante buen estado. Serpentea hacia el norte, rodeada de campos de arroz y cocoteros. Una mañana espléndida y una luz de aquellas que ilumina apasionadamente el futuro inmediato de cualquier fotógrafo.
Al poco, tras una de las curvas se acaba el asfalto. Una pista polvorienta y obras acaban con el bienestar de mi, hasta entonces,  relajado trasero. Justo en ese instante es cuando le sale la vena de piloto de rally al bueno de Eldmor, el conductor de nuestra ranchera de alquiler.
Aceleramos. A los diez minutos, el medio huevo con una docena de tostadas ingeridos en el “generoso” desayuno de mi guest house ya se ha perdido en la inmensidad de mi organismo, dando botes en algún lugar entre mi talón derecho y el omoplato izquierdo.
Tras unas cuantas curvas y derrapes, varios sustos con cabras, niños y vacas que se cruzan en el camino, observo como unos campesinos labran las terrazas de arroz con sus carabaos, esa especie de obesos e indolentes búfalos de agua que puebla tantos países asiáticos. Decido fotografiar la escena. Además, calculo yo, con la parada se le pasará el brote “raikkonen” al bueno de Eldmor. Nos detenemos.

Hago equilibrios por los estrechos –menos de un palmo de ancho- muros que se desmoronan al pisar y que delimitan las terrazas-piscinas de arroz. Abajo un peligrosísimo fango de 2-3 palmos de profundidad espera mis pulcras zapatillas gore-tex de travesía, anti lluvia, anti viento, anti frio, anti calor, anti baratas, anti rozaduras, ¿anti fango?.
Milagrosamente y sudando a chorros alcanzo la remota y escondida terraza donde están trabajando bestia y hombre, a unos cincuenta metros de la carretera que parecen cincuenta kilómetros.
Me acerco, charlo con el tipo, me sonríe y le sonrío. Con su permiso empiezo a hacerle fotos. Me acerco. Me acerco un poco más. Dijo Capa que una foto no es lo suficientemente buena si no estás lo suficientemente cerca.
Muy listo el Capa. ¿Alguna vez le preguntó a un carabao maleducado y harto de currar, metido en el fango hasta las trancas?. Lo dudo.
Al tercer recorte de distancias –ya le huelo el aliento a la embadurnada bestia- el bichejo decide que es suficiente y me escupe una masa de fango, babas y no sé qué más viscosidad, que dejan mi cámara como las gambas encamisadas y mi cara y manos por un estilo. Nos miramos con la seria intención de no volver a vernos jamás y regreso al coche haciendo equilibrios, con cara de gilipollas. Torpe, ya lo sé.
Limpio mi cámara, le curo las heridas y con su habitual y bondadosa condescendencia me perdona. Le he acariciado tanto el botón del obturador – este botón es como el punto “g”  de las cámaras- que no tardamos en olvidar el desgraciado incidente, envueltos en manoseos y caricias. Además, ella me conoce y sabe que mi torpeza es todo corazón.
Regresamos a la carretera y en menos de cien metros ya estamos otra vez. A toda ostia, surcando baches y rocas, esquivando cabras, niños, ciclistas y carabaos en paro. Ras, Ras!!! derecha! Ras….
El paréntesis parece haber acelerado el estrés de Eldmor. Cruzamos una pista de básquet – el deporte nacional filipino- cuyas canastas están en una  y otra cuneta de la carretera, donde juegan alegres unos jóvenes. Cierro los ojos para no ver la matanza y cuando los abro una gallina sobrevuela con cara de susto el capó de nuestro bólido. Izquierda, ras!!, derecha, ras!!. Los muchachos continúan encestando como si tal cosa.

Mientras tanto, al girar la vista hacia las gentes que pueblan los bordes de la pista, veo como en sus caras se lee un rotundo: “cabrón, míralo como va el blanquito, ahí en su cochazo, tan cómodo y relajado, con su aire acondicionado y sus cristales tintados.”
Pero la verdad es otra. De relajado y cómodo nada. El aire acondicionado es verdad, pero en una de las curvas me parece haber visto un pingüino saltar desde el asiento trasero, donde el doctor Oscar –mi acompañante, experto en nutrición- lleva dos horas debatiendo sin que nadie le atienda. La cabeza me va a estallar a causa de su ininterrumpida conversación. Le he localizado el interruptor pero sólo tiene posición  “ON”, el muy cabroncete. Así que me aíslo sensitivamente y me dedico a esquivar mentalmente gallinas y cabras como quién cuenta ovejas para dormirse. También son dos las horas que  llevo meándome, pero si hacemos otra parada tal vez Eldmor accione una palanca y de la parte de atrás de nuestra pick up salgan unos turbos y unos alerones para acelerar más, si cabe, nuestra marcha. Mejor aguantar.
La experiencia la vivo al compás de Hotel California y otros grandes hits de The Eagles, que suenan sin pausa en el sicodélico “loro” de Eldmor.
Agarrado a mi asiento pienso que no todos los días van a dejar una de arena. Hoy es de cal. Todo marcha bien, no hay hambre, ni guerras, ni violencia frente a mi cámara. 
Tan solo la incerteza de saber si llegaremos a la próxima curva.
Hoy es un buen día…

“ON A DARK DESERT HIGHWAY
COOL WIND IN MY HAIR…”
“…WELCOME TO THE HOTEL CALIFORNIA.”
“SUCH A LOVELY PLACE,
SUCH A LOVELY PLACE…”



 

viernes, 16 de marzo de 2012

CRÓNICAS FILIPINAS II: El libro de Roey.


© FOTO Alfons Rodríguez. El libro de Roey, así es como llamaría yo esta fotografía.

El tipo me grita de muy buen rollo -llamándome para que me acerque- diciendo que el café y el desayuno están listos. Lo hace desde debajo de un cobertizo junto a una casa en ruinas.
Yo asiento y le hago un gesto con la mano, como indicando que ya subo. En un momento. Dejo de filmar y me acerco hasta el nuevo hogar de Roey Siclot. Pero yo estas dos cosas  aún no las sé. Ni el nombre del paisano ni lo del nuevo hogar. Por llamarlo así, generosamente.
Lo primero que hace es estrecharme la mano y agradecer mi presencia con una cámara en medio de toda aquella mierda. Lo segundo es servirme un capuccino instantáneo que me sabe a gloria y a continuación me pide disculpas por tener cada plato, cada taza y cada cubierto de un color y un tamaño diferente.
Joey tiene 33 años, justo el tiempo que ha tardado en conseguir todo lo que tenía hasta hace unas semanas. Para que luego, en una noche, el agua se lo lleve todo. “Los platos de colores es por que me los han dado los vecinos o alguna oenegé que ha ayudado un poco”, me cuenta Roey.
La casa que el construyó codo a codo con su mujer ya no existe, de hecho se levantaba sobre la plataforma de hormigón agrietado desde donde yo estaba mirando la devastación circundante. El resto, paredes, techo y todo lo demás en el interior se ha pulverizado por el Sendong.
“Sobre las 21.30h tuvimos que abandonarlo todo, el agua ya nos llegaba por el pecho y no podíamos aguantar más su envite ”. Bebo un sorbo de capuccino y anoto. Bebe, él,  un poco del suyo y sigue narrando: “Tuvimos suerte, mi mujer y yo escapamos en la dirección correcta, los que lo hicieron hacia Iligan cayeron en un remolino mortal de agua, fango, arboles, rocas y escombros”. Ahí es cuando se atraganta un poco y su mirada delata una violenta angustia. “Vimos cuerpos flotando, sin piernas, sin brazos, sin cabeza… el gigantesco remolino era como una trituradora terrible.” Remuevo mi capuccino y me lo acabo de un trago, no puedo seguir bebiendo, pero tampoco me atrevo a dejarlo en la taza de colorines. Por respeto a alguien que da algo pero que no tiene nada.

Sigo el macabro paseo.
Veo unos dibujos en una tienda de ACH/UNICEF, en la que tratan el trauma de las madres afectadas por las inundaciones. En las hojas de papel se ven aguas turbulentas con gente subiéndose a los árboles y cuerpos flotando por todas partes. Se oyen los gritos en aquellos silenciosos dibujos.
Maldita sea mi estampa. Yo el 16 de diciembre estaba con las compras navideñas. Ellos viéndolas venir. No es que me sienta culpable. Es que me siento impotente.
¿Alguna vez le habéis mirado a  la cara a alguien que ha visto la muerte y el terror en sus narices, que lo ha perdido todo –TODO- en unos minutos y que imagina un futuro igual de negro que el presente?. Es jodido.

Huele mal en la bahía de Iligan. Me meto entre los escombros y alcanzo la playa. La arena está cubierta por enormes troncos y ramas de árboles llegados con la tromba de agua, desde las lejanas montañas. Fruto de mi torpeza me meto en un especie de arenas movedizas hasta las rodillas. Me cuesta salir. Cuando lo hago huelo a demonios. Aquello no era sólo agua y fango. Me cabreo, pero se me pasa al momento cuando veo un libro sobre un tronco. Las hojas pasan solas por efecto de la brisa. La escena es tan bucólica como dantesca pero el simbolismo me arranca una sonrisa. El viento ha hecho pasar página. Un nuevo capítulo. Como la vida que se abre camino sólo con el empuje del viento y la persistencia del ser humano de buena condición. Espero que Roey y su familia pronto pasen página, y que en los siguientes capítulos no haya tormentas ni aguas asesinas.
Ni gobernantes que miren a otro lado.

Nota: Por favor, no dudéis que el libro estaba allí, sobre el tronco. Como si fuera un milagro. Papel seco entre tanta agua. Yo no lo puse para la foto y al menos nadie lo hizo mientras yo estaba en la zona.
 

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

domingo, 11 de marzo de 2012

CRÓNICAS FILIPINAS I: Ayer tuve mala suerte...


"2012" la película. A los habitantes de Tibasa, en Filipinas, se les ha hecho realidad.

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


El dilatado tiempo de vuelo entre Barcelona y Manila me sirve, entre otros menesteres, para darle vueltas a muchas cosas. Reflexiones trascendentales unas e irrelevantes otras. 
También me permite leer el libro de un colega con el que me marqué un curro hace poco. Fue en Guatemala y el colega se llama Arce, Alberto Arce. Su libro, Misrata Calling,  ha abierto mi mente a ciertas reflexiones, que tal vez comente en este blog en alguna ocasión futura y que seguro que comentaré con él cuando sea el momento. Y no es por quejarse -como me escribe Alberto en la particular dedicatoria de su libro- de una enfermedad crónica que nos acompañará hasta la hora de la siesta, pero esas reflexiones tienen que ver y mucho con esta puta profesión con que se nos ha bendecido y maldecido, al mismo tiempo, a algunos.
Si dejamos los prólogos para los libros y vamos directamente al grano –con pus en este caso- les diría que ayer empecé a trabajar en Mindanao. Les diría, además, que ayer tuve mala suerte.
Y les diré, efectivamente, que ayer tuve mala suerte. 
Porqué mala suerte es tener que ver lo que vi aunque yo lo haya escogido de ese modo. Un bonito paisaje, un bello emplazamiento tropical, rodeado de suaves colinas tapizadas de verde por el que discurre un tranquilo rio de aguas a simple vista transparentes y de las que, eso si,  hay que desconfiar. Un pacífico paraje en el que hace apenas diez semanas se levantaba un pueblo de unas 500 casas y 500 familias. He utilizado el pasado al conjugar el verbo levantar. Deliberadamente.
Una Tormenta tropical, la Washi, aquí conocida como Sendong, se llevó por delante el pueblo entero y a muchos de sus vecinos -en toda la zona 1.400 muertos- junto con sus historias de vida ahora archivadas en legajos sucios de fango con forma de plato roto,  botella vacia, sujetador rojo, cartera escolar de niño, camiseta de Superman, bota de agua cursi, la mitad de una letrina, cepillo de dientes y un largo etcétera de cosas por el estilo.



  Una niña sin escolarizar, en el campamento de desplados por el Sendong.  Dibuja, junto a un amigo la casa que perdió por la impasible crueldad de la tormenta.
© Foto Alfons Rodríguez

Un niño, con casi la edad de mi hijo y que se llama como yo rebusca, entre las tumbas de las ahogadas historias de vida, pequeños trozos de metal para revender. Es parco en palabras, pero es que allí y ahora hay poco que  decir. Basta con echar un vistazo superficial para  darse cuenta. En el barangay –pueblo- de Tibasak, así se llama lo que queda del enclave, se han acabado las palabras y en muchos casos la ilusión y la alegría.
Ahora sólo queda un páramo en el que la humedad ha hecho crecer las malas hierbas y en el que el fango se ha convertido en el manto que cubrirá para siempre la esperanza de muchos miles. Un amasijo de polvo, escombros, fango, restos de objetos íntimos  y miedo. Mucho miedo a la próxima vez que el cielo entero caiga de nuevo sobre aquellos que han sobrevivido. Para que nos entendamos: que llueva sobre mojado.

Me contaban unas vecinas que  la gente se subía desesperada a los árboles cuando el agua empezó a llegar al cuello, que los tejados volaban cual cometas al viento y que un perro negro salvó a una niña de 6 años para después morir exhausto en una orilla cualquiera. Una de esas vecinas, con lágrimas que no filmé ni fotografié, me decía que su hermano todavía no ha aparecido. Quise decirle “ni lo hará, señora, acéptelo, lo siento mucho...”, pero me faltó valor. Es uno de los 1.400.

Rebuscando, como perro hambriento pero con cámara fotográfica, por entre los restos para poder después explicar que triste y sórdido es aquello, encontré una casa enterrada en el fango. En una de sus habitaciones había un armario y en su estante un DVD de la película “2012”, un tostón catastrofista que explica como se acaba el mundo según los mayas, sin haberle preguntado a los mayas. A la entrada a la casa, cuyo dueño se llevó el agua, otro DVD semienterrado dejaba entrever la cara de Nicolas Cage. Es el disco de la película WTC, que narra los hechos del ataque terrorista a las Torres Gemelas de NYC. Todo desgracias, vaya. Unas de verdad, otras de mentira. Unas lejanas y otras de antes de ayer.
Lo que para unos es Hollywood y palomitas para otros es el final, terrorífico y real, de una existencia ya parca en alegrías por si misma.
Y mientras, el Aquino de turno envía kilitos de arroz - uno por semana y familia- para alimentar el desaliento y la desesperanza. Porque otra cosa ya les digo yo que no alimenta. Me cuentan otros lugareños que nadie a  venido a preguntar o a explicar nada y que aquello de “ya se lo harán, tú, a mi que me cuentas” parece ser aquí la muestra típica de solidaridad. Suerte a las ONG que vuelven a estar, una vez más, donde tienen que estar. Y esto es mi opinión, que conste. Aunque yo opino despues de ver, preguntar y  constatar. Eso si que lo tengo.




La gigantesca estructura de acero y hormigón armado de la bomba que suministraba agua  a toda la región se quebró como si fuera de papel por la fuerza del agua. Durante más de 2 semanas decenas de miles de personas no tuvieron agua corriente.
© Foto Alfons Rodríguez


Ya estoy hasta los mismísimos de ver una y otra vez lo mismo. Gobiernos del Aquino de turno que anuncian en las páginas de sus diarios de papel mojado como crece la economía, como se construyen carreteras y se levantan rascacielos que lo flipas. Coleguita.
Como se obtienen beneficios de la minería, como se ha cambiado la flota de vehículos de los ministros y como se edifican malls que parecen centrales de la NASA. Como muchos vejestorios adinerados, con pelucos de oro, salen de sus carísimos bólidos con veinteañeras tope fashion de pago y como los niños piden pasta en los semáforos. Joder. ¿Y qué pasa con la gente de Tibasak?. Que hay muchos Tibasak en el mundo y ningún gobierno se acuerda de ellos.

Sólo añadiré que Filipinas es el país más castigado del mundo por desastres naturales, entre volcanes, tifones, tsunamis, terremotos, tormentas tropicales y toda esa mandanga. Son 7.107 islas que no han escogido estar donde están y que la Tierra no la ha inventado ni diseñado nadie. Es así y su metabolismo geológico devora lo que se le cruza en el camino. Tampoco han escogido vivir allí los filipinos que lo hacen. Tal vez no puedan irse, no tienen esa suerte.  Y, además, es que es su tierra y punto.
Por ello y ya que aguantan, nunca mejor dicho, el chaparrón día si y día también, que costaría ser un poco más solidario, rápido y resolutivo, se lo digo a usted, -que sé que no me oye pero que  tampoco me escucharía si lo hiciera- Señor Benigno Aquino. Haga honor a su nombre y acuérdese de los vecinos de Cagayan de Oro y de Iligan. Que usted tiene paraguas, pero ellos no pueden ni siquiera  comprarlo. 
Al fin y al cabo es una cuestión de ricos y pobres. Como casi siempre.



 

jueves, 8 de marzo de 2012

CAJA AZUL VI: STREET PHOTOGRAPHY. Entre el costumbrismo y el documentalismo.


Caja Azul 6 from Obtura.org on Vimeo.



El encuentro tendrá lugar el próximo 24 de marzo a las 16.00h,  en el Pati Llimona en el marco del PICS 2012 organizado por el centro.

Tras el éxito de anteriores ediciones, Caja Azul se abre de nuevo para debatir sobre street photography. En esta ocasión nos acompañarán Txema Salvans y Marcelo Caballero por parte del colectivo Calle 35. Bajo el subtítulo “Entre el costumbrismo y el documentalismo” abordaremos el estado actual de la street photography en España y los aspectos históricos de esta disciplina.

 La práctica de la fotografía en espacio público es una forma de expresión estética que forma parte del testimonio documental de una época. Tambien supone una forma de reivindicar la vía pública como espacio social perteneciente a la ciudadanía. El street photographer no va a la búsqueda de una imagen concreta, sino que espera ser sorprendido por ella. El street photographer es un vagabundo que plasma su onírica percepción del mundo con fragmentos de realidad, con momentos decisivos vistos y extraídos de donde muchos otros sólo miran. No hay modelos ni set de luces, no hay ni situaciones de conflicto ni celebraciones prefijadas. El street photographer no sale a cubrir una noticia, más bien transita las calles para verse desbordado e imbricado en la fugacidad de un pequeño gesto o en el discurrir de un acto cotidiano. Es un improvisador nato pero pertrechado con una mirada escrutadora, capaz de atrapar en un frame el detalle que pasa desapercibido al resto de las personas que le rodean. La street photography se alimenta de la rutina urbana y del azar, es una crónica de la fugacidad del presente enmarcada entre el anonimato de la población habitante y la dinámica asfáltica de la ciudad. En esta sexta edición de Caja Azul trataremos la fotografía en espacio público desde la perspectiva de Txema Salvans, uno de los grandes documentalistas del país, y de Marcelo Caballero, miembro fundador de Calle 35 y uno de los grandes teóricos de la street photography.

Para más información e inscripciones consultar la página http://caja-azul.org/

viernes, 27 de enero de 2012

LA ALACENA HISTÓRICA: KODAK Y KENYA, 20 AÑOS DESPUÉS.


(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

Kenya 1990

Esta sencilla imagen fue tomada cerca de la Reserva de Samburu, en Kenya, hace más de 20 años. Mientras Sadam Hussein invadía Kuwait y Bush padre se relamía con el advenimiento de la Guerra del Golfo Pérsico. No olvidaré nunca que el piloto del avión que me llevaba a Nairobi me comentó, en una breve charla a la salida de la aeronave, el acontecimiento: " Irak acaba de invadir Kuwait..." creo que era el 2 de agosto de 1990.
Utilicé un rollo 135/36 de negativo monocromático TMAX 400 de la marca Kodak. La misma marca que ha entrado en bancarrota este mes de enero 2012. No hubiera podido creerlo si me lo hubieran dicho aquel lejano verano africano. Hoy es un hecho y además algo que nos tomamos con una normalidad que asusta. 
Es el fotograma 26 y antes y después de este, apenas hay uno o dos disparos de escenas diferentes con los dos  mismos  niños. Además son sólo imágenes parecidas, ni una es idéntica o casi idéntica. Hoy seguro que tendría varias de un mismo segundo en el tiempo, para evitar ojos cerrados, reflejos, etc.
El negativo no está en muy mal estado y apenas le he tenido que corregir - con Photoshop -  unos arañazos y unas pocas motas de polvo incrustadas a la imagen escaneada. No todo es malo en el digital. En aquellos tiempos hubiera utilizado un pincel ultra fino  y tinta china con diferentes grados de disolución en agua para conseguir las escalas de grises necesarias y retocar o corregir los defectos. Métodos diferentes, pero el mismo fin.

lunes, 9 de enero de 2012

EXPOSICIÓN Y MASTERCLASS EN SARAJEVO


Toda la información sobre la exposición retrospectiva en Sarajevo " A Portrait of Life" y mi participación en el POY de Bosnia y Herzegovina en este enlace.

Gracias.

martes, 27 de diciembre de 2011

FOTOGRAFOS INDEPENDIENTES: AUTOBOMBO O MARQUETING CASERO

 Imagen casera y supuestamente cutre de autobombo casero, realizada con un boli Bic y una libreta de promoción. Ideada, creada, escaneada y puesta en página en pocos minutos. Salió muy barata y estoy orgullosa de ella.

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

Internet, un invento militar que tras su popularización ha servido para muchos usos. Buenos y malos. Desde una declaración de amor a gestar la revolución de un pueblo, pasando por alimentar familias hambrientas, robar o crear las mayores fortunas privadas del planeta. Paradójico, ¿verdad?.
En nuestro caso, el de los fotógrafos independientes -que somos más dependientes que nadie-, Internet ha supuesto una herramienta ciertamente útil y controvertida. Además de barata.

Esta entrada está dedicada – con todo el respeto-  a aquellos que se etiquetan, o que son etiquetados por terceros, como la élite del fotoperiodismo. Figuras entronadas que se forjaron un gran nombre porque vivieron una época y unos acontecimientos que sirvieron para poner en bandeja de plata una carrera no exenta de méritos, pero surgida, eso si, en un momento dulce de la profesión. No como ahora. Fotógrafos o fotoperiodistas aquellos, también periodistas, que merecen todo el reconocimiento por su talento y tesón. Exactamente el mismo reconocimiento  que merecen los que han empezado en Libia o en Siria, hace pocos meses. El mismo que aquellos que ahora están todavía en las escuelas, soñando y trabajando duro. Recuerden, amigos,  que no somos inmortales.

A la vez, está dedicada a aquellos compañeros de profesión o personas relacionadas con el “mundillo” que hablan de exceso de ego, cuando sólo es un intento de salir adelante, todo aquel acto –yo incluido- en el que los freelancers nos autopromovemos o compartimos lo que hacemos a través de las, infravaloradas y menospreciadas por muchos, redes sociales o Internet en general. Va por ellos.

En algunos aspectos de esta entrada hablo por mi, en otros en defensa de aquellos compañeros que han sido atacados. Yo no he sido fustigado públicamente, al menos que yo sepa, por este motivo; pero me consta que muchos otros si.
Me estoy refiriendo a publicar en Internet, en blogs, redes sociales y demás herramientas del siglo XXI nuestros trabajos, logros, exposiciones, publicaciones, entrevistas y todo aquello que contribuya a  difundir y dar a conocer nuestra labor. Tras lo cual hemos sido  tildados o “acusados” de realizar una suerte de casposo autobombo, cuando en realidad no es otra cosa que la más sana y humilde de las formas de realizar marqueting. Marqueting casero, amigos. Publicidad humilde, señores.

Para aquellos que han valorado tan desafortunadamente esas acciones, debería bastar con recordarles que es si no el hecho de dar una conferencia, invitado para hablar de tu trabajo, o que es, tal vez, realizar una exposición con tu obra, o conceder una entrevista a una radio o televisión, o que utilicen tu imagen para promocionar o publicitar una cámara fotográfica o calzado de “aventura”. Situaciones o hechos todos muy abundantes en la carrera de un fotógrafo célebre o famoso. ¿Autobombo o difusión legítima de su trabajo?.
Yo,  escribiendo con toda sinceridad, que he participado de ambos sistemas, el de entrevistas televisivas y charlas ante una interesada audiencia y el de colgar en Facebook donde expongo mi próximo trabajo, yo que he publicado mis fotos en medios internacionales y en mi humilde blog, que he aceptado cámaras, bolsas y botas de Goretex marca “ la ostia, tú”, promulgo desde esta entrada bloggera que para que seguir con dolor de cabeza si ya se inventó la aspirina, que para que pasar frío si hace miles de años que nuestros antepasados descubrieron el fuego. Que para que tenemos  que esperar a un reconocimiento póstumo si se  nos puede reconocer en vida, que es cuando mola. Que conozcan nuestro trabajo significa que podemos seguir trabajando.
Por todo ello,  me gusta cuando un compañero de profesión expande a los 4 vientos cibernéticos que ha publicado allí o aquí, que le han dado un premio o siete, que su trabajo salió en la CNN o en TV3. Pues claro que si. Hacerlo así es barato, llegas a quién le interesa de verdad, lo dices como te da la gana y consigues poder seguir haciendo lo que te gusta y lo que es necesario. Las cosas, bien hechas, no tienen que ser entendidas malamente.
El problema entonces radica en el receptor y no en el emisor. La vanidad profesional, en su justa medida, es buena. Si nosotros no reconocemos nuestro trabajo, no es fácil que otros lo hagan. Además, una cosa es decir que has publicado en el New York Times, punto y otra es decir que has publicado la mejor foto del mundo hecha por ti, el mejor fotero del Universo, en la revista municipal de Cantalejo de Villalmagro de abajo, provincia de Almuadén de los Riscos.
Y ahora, a todos aquellos que estén interesados en ver que más escribo y fotografío les invito a hacerse seguidores de mi blog. Bom, Bom, Bom, chin, chin, chan, pum!!!!.

Y ahora a seguir currando, que nadie me va a regalar nada…

Email de aludidos: armphoto@armphoto.com



 

jueves, 8 de diciembre de 2011

LA ALACENA HISTÓRICA: INDIA EN VELVIA

Hace demasiado tiempo que no regreso a la India. Cinco o seis veces habré pringado con gusto esa incoherencia densa e imprevisible que todo lo impregna allí. Como lo sacro, vaya, que no tiene límite ni forma concreta en aquel país de cantidades imposibles, de masas desbordadas, de ingeniosa adaptación y de buscavidas espirituales y materiales.
Allí he vivido grandes momentos y también momentos pequeños. Algunos inolvidables por maravillosos, otros, inolvidables por terribles.
Norte a Sur, Este a Oeste. Con fotos o sin ellas. Pero siempre, siempre pienso en una cosa muy curiosa: no he disparado con cámara digital en India. Siempre fue negativo blanco y negro, Kodachrome o Fujichrome. Velvia, muchas veces disparé con Velvia en la recámara.
No tardaré en regresar. No tengo la certeza de ello, como de nada en la vida salvo de la muerte, pero algo me dice que pronto volveré a arrepentirme de viajar allí mil veces, para sorprenderme a mi mismo, al minuto siguiente, de que estoy en el lugar perfecto en el momento ideal. En “mi” sitio.
Castas, miseria, ninfas celestiales, elefantes aparcados frente al supermercado, serpientes bobas, bigotes, turbantes, sobrecargas, sancta sanctorum oscuros, saris rojos, caos, vacas, débiles luces en la noche, trenes atiborrados de seres humanos y animales. Así es. Así me gusta que sea.
Aquí les dejo unos cuantos balazos de Velvia. Muchos ya sabrán.

Aeropuerto de La Aurora, Guatemala City.
L’ Escala, Empordà.
Diciembre, 2011.







 INDIA. RAJASTHAN.

 

© DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

CRÓNICAS AMERICANAS | 4ª Parte: Haití, heroínas y villanos.

 Betty, enjaulada en su pasado..
 Young Daddy y uno de sus bodyguards...
 Valérie-Pierre y Jean-Joanne (18 y 27 años respectivamente).

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


Betty no es su nombre. Ni el lugar en el que me encuentro con ella es su hogar. Esa no es su habitación. Tampoco es su vida. Todo eso se lo robo un hombre abominable. Mejor, docenas de ellos.
Un demonio con apariencia humana. Un maldito desecho de la sociedad.
No  tengo duda de lo que es el desgraciado que le hizo lo que le hizo a Betty, aquel día lluvioso, cuando la atacó. De lo que tengo duda es de quién es el responsable de convertir a ese degenerado en lo que es. Es complejo.
Claro que en ocasiones a uno se le pasa por la cabeza eso de las ejecuciones sumariales. Inyecciones aplicadas al perpetrador del delito y también a los mamones que no recogen la basura siendo su obligación. Que la dejan que fermente. Que se pudra y que infecte a los más débiles. A los responsables de que la sociedad lleve, tantas y tantas veces, el camino equivocado.
Betty se dedicaba a la prostitución para poder comer. Literalmente “comer”, pues le pagaban con comida. A veces, algún generoso hijo de la grandísima le daba el equivalente a un euro por disponer de su cuerpo de 18 soles.
Agárrense: ahora esa princesa de ébano que perdió su vida, azotada y ultrajada, sólo piensa en salir adelante, ayudada por una organización local y otra internacional. Sin mirar atrás. Sin lloriqueos. A eso le llamo yo echarle un par. Esa es la heroína de la historia.
Pero hay más.
Me llamo Madame Cousnel”, me dice sosteniendo el nieto en brazos. Me señala su cama, digo… la de toda la familia, para que tome asiento, pues en su chabola de 10m2 no caben sillas. Me explica, apretando los labios que comen una vez al día y mal. Lo perdieron todo en el terremoto de 2010 y ahí  continúan: con todo perdido.
Cuando le pregunto por la fuente de ingresos con la que compran lo poco que se echan al estómago ella, sus hijas y sus nietos, se le oscurece el semblante, se arma de valor y me dice:
“ Mi hija se va cada tarde y regresa al campamento  en la noche. No sé que hace durante el día y no me lo cuenta, pero trae un poco de dinero. Imagino que lleva una mala vida ahí afuera. Pero es así como sobreviven estos pequeños.”
¿Imagináis a una madre así de resignada?. Yo no. No la imagino por que la vi delante de mi, real, de carne y hueso. Con el nieto en brazos y el estómago encogido. El corazón, derrotado.
Unas 700.000 personas continúan sin casa y en condiciones pésimas desde hace 2 años, cuando la tierra tembló y mató  a cientos de miles de seres humanos. Apenas hay higiene ni comida. Lo normal es ingerir algo –poco- una o dos veces al día. Lo normal, no lo lógico.
En Cité Soleil, el colega Young Daddy me canta un rap que ha titulado “Jump sans estress”. Detrás, uno de sus “soldados” mantiene la mano dentro de su pequeña mochila de camuflaje. “Las armas no son buenas, pero si necesarias”, afirma el tipo. Paseo con él por uno de los barrios más conflictivos de Haití, hoy más controlado por las fuerzas de la MINUSTAH, pero antaño un auténtico campo de batalla entre bandas. Caminamos por el centro de las calles, como si fuéramos los amos. Tal vez lo somos. Ellos tienen armas. Yo les acompaño a ellos.
“Si yo digo que puedes hacer fotos, puedes hacer fotos,  soy Young Daddy, brother…”.
 
En Croix Deprez, la enorme cruz perdió su travesaño horizontal y el cristo sus brazos, debido al temblor. Ahora ese Jesús discapacitado contempla impotente, no se si indiferente, como Jean-Joanne se prostituye por unas bananas en su propia chabola, junto a su prima Valérie-Pierre y en presencia de su hijita Charlinne-Jean de 4 años. Mientras hablo con ella un tipo aparece en la puerta entreabierta, a contraluz, y dice que me de prisa, que no tiene toda la mañana.
Que quieren que les diga. Pues que todo esto es una sólida, gigantesca, maloliente, creciente, desesperante, angustiosa y absoluta mierda. Y es que lo es.
Heroínas y villanos. Putas y presidentes.

 

sábado, 26 de noviembre de 2011

CRÓNICAS AMERICANAS | 3ª Parte. Haití, la gran mentira.

 © Alfons Rodríguez. Una mujer se peina en el campamento de Martissant.
 

Tragicomedia. Surrealismo. Daliniano. A lo David Lynch, vaya.
Frednel, el chaval que me conduce por las calles – en algunas vías es muy pretencioso llamarlas así- de Port Au Prince, Petion Ville, Mariani, Carrefour o Leogan entre otros barrios y ciudades, parece que en vez de moto tenga una prótesis con ruedas. Neumáticos  en vez de piernas. Maneja entre coches, motos, camiones, autobuses, tap-tap (taxis compartidos), seres humanos, escombros, charcos de agua putrefacta, kioscos y sacos de carbón como si fueran sus extremidades. Acelerones, frenazos, ras, ras… Entre milagros y sustos pasamos 7 u 8 horas respirando un humo negro que me deja el pelo y la piel como un estropajo usado.
Mis ojos no ven apenas nada y suerte del bendito autofocus.
Camiones y motos que tocan el claxon sin cesar. Coches oficiales que atruenan a la tropa con sirenas estridentes. Charcos que explotan en una lluvia negra que, a modo de metralla líquida, pone a todo dios perdido. Montones de basura y tuberías rotas. Gritos, música, llantos. Más sirenas.
Oraciones y emociones en los muros derrumbados por el terremoto.  Lamentaciones. Plazas y jardines ocupados por los desalojados de la Madre Tierra, los olvidados de Sweet Mickey, que es como se conoce al popular cantante haitiano que ahora, con fraude o sin fraude, es el actual presidente de Haití: Michel Martelly. Hay que joderse. De cantamañanas a tener el destino de millones de personas en sus manos, o mejor dicho en sus bolsillos.
Un hombre sostiene unas gallinas del cuello, otro orina en una tapia. Más allá un loco pasea desnudo y se rasca la cabeza. Vendedores de todo. Chabolas. Crisis a ellos. Ja!.
Una chica asoma desnuda de cintura para arriba. Ébano. Belleza y horror otra vez,
en un balcón que está a punto de desmoronarse.
Vehículos de Naciones Unidas, impolutos, cruzan omnipotentes entre el polvo y el caos como si nada. Alguien quema neumáticos y dificulta aún más la respiración. Me parece que a estas alturas ya no respiro, expiro. Unos cuantos milagros más hacen que no me crujan unos cuantos camiones. Frednel le sigue dando. Dando a saco. Y gracias que es así. Aquí el tráfico colapsa la ciudad durante todo el día.
Carreteras abiertas en canal y sus cicatrices, casas en ruinas si te acercas al epicentro de aquel 12 de enero de 2010. Maleza que arropa los restos de un club de alterne castigado por el temblor. En sus paredes todavía se dibuja, cutre y sórdida, una esbelta figura femenina que recuerda como se desataban pasiones antaño, en aquel, hoy, oscuro lugar.
Uno jóvenes  me avisan con mirada hostil de que si sigo haciendo fotos toda su magia negra caerá sobre mi. Casi 600 mil personas que habitan entre plásticos y maderas, sin hogar, sin suerte, sin porvenir, en más de 800 campamentos precarios. Un agente de tráfico, que parece un SWAT, amenaza a gritos, con su pistolón, a un pobre motorista que lo observa atónito. Acojonado. Si en España fuera así, deduzco que habría menos capullo con un volante en las manos.
Me piden dinero. Me piden trabajo. Una mujer  me reprocha que si no tengo manos para meterlas en los bolsillos y darle unos dólares. Se me cae la cara de vergüenza. Soldados brasileños de la MINUSTAH –Misión de Naciones Unidas en Haití- que me miran flipando, mientras fotografío y filmo a unas mujeres que lloran entre los escombros de la Catedral. A sus puertas, un pastor y sus fieles rezan a grito pelado bajo un toldo improvisado. Por lo que observo, Dios no les hace demasiado caso.
Risas, más gritos. Una chica tiende la ropa que ha lavado con el agua salada del mar Caribe – el mismo mar en el que se bañan miles de turistas con la pulsera de all included de su resort- colgándola de  una baranda que se sostiene de puro milagro, entre runas. Se juega la vida cada vez que sube en aquel forjado a medio caer. Le aviso del riesgo y me mira con cara de estar alucinando. ¿Qué me cuenta este garçon?.
Me rajo el pantalón con un alambre de espino. Contemplo el feísimo monumento que por mala suerte no derrumbó el terremoto y que se alza frente al Palacio Presidencial.
Frente a las ruinas de ese mismo palacio, mientras tomo unas imágenes, un joven llamado Jerome se me acerca y me pregunta el motivo por el cual fotografío la casa del Diablo. Atónito -reacciono en menos de un segundo- me doy cuenta al instante de a que se refiere. Aquí el Diablo viste de Prada y se mueve con chófer o con piloto. Mientras, las máquinas que deberían estar sacando escombros como bestias, se ocupan en amontonar espuertas de dólares en los cajones del Presidente. Jerome me habla indignado: “ 3.000 oenegés y mira donde vivimos, como cerdos, entre cerdos”. “Y nuestro Gobierno, sus promesas electorales y su gestión, todo una gran mentira. Todo el dinero que recibimos de ayuda humanitaria, ¿dónde está?. Yo apenas tengo para comer. Vivo entre mierda, tapado por un plástico”. Le doy das gracias, me subo en la moto y le digo a Frednel que se pire de allí como él sabe: volando. Si estoy un minuto más con Jerome le voy a ayudar a montar una revolución en las calles de PauP. Esto no hay quién lo entienda.
Una pareja se besa entre escombros y unos escolares uniformados me gritan: Le blanc, le blanc…!!!
Ya les decía: Una tragicomedia. Entre llantos y risas desesperadas que surgen de la incomprensión, de la locura y el miedo. De la resignación y de sentirse vencido. Acabado.
Pero en Haití hay otra vida. Familias que necesitan un segundo automóvil. Desempleados que sólo buscan caridad, que es a lo que les han acostumbrado las ayudas humanitarias y pasan de buscar trabajo. Será por que saben que no hay.
 Un edificio moderno y luminoso, gigantesco, que se yergue entre chabolas y que la compañía de telefonía Digitel no ha tenido vergüenza en levantar con el dinero de los que sostienen un móvil, que son todos, bajo un techo de lona sobre un suelo de lodo.
Hay, también, cooperantes como Coque, que se emocionan cuando hablan de la escuela que levantan, de los libros que mostraran a los pequeños haitianos como se sale adelante. Que la sabiduría es libertad. De la ilusión de Coque, madrileño y joven, parte un buen, aunque largo , camino que recorrer.
 Fotógrafos como Andrés Martínez Casares, de León, que se dejan la piel montados en burras- motos a lo haitiano- para ilustrar la Historia de este pedazo de isla olvidada. Que le llevan al mundo lo que el mundo se pasa por el forro. Una y otra vez, hasta que este ignominioso planeta llamado Tierra mire de una puta vez en esa dirección.
Lo que les decía en el título de esta entrada: una gran mentira. Aquí miente el Gobierno, miente la comunidad internacional y miente el paisano que nada en la escasez de todo por tal de tener un plato de arroz hervido que llevarse al estómago. Cada uno con sus motivos y muchos sin justificaciones. Que no es lo mismo un pirata que un pescador,  y los dos viven en el mar y del mar. Mentir para justificar un trabajo que no sirve o que sirve de poco. Mentir para ganar un gobierno y un buen puñado de dólares. Mentir, mentir. La gran mentira.