w a l k o n e a r t h es el lugar donde desahogo mi conciencia y aplasto mis frustaciones. También lo hago en otros lugares, pero me pagan por ello...



sábado, 17 de marzo de 2012

CRÓNICAS FILIPINAS III: Una de cal...



(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


Salimos temprano.
La carretera que deja Kidapawan se encuentra en bastante buen estado. Serpentea hacia el norte, rodeada de campos de arroz y cocoteros. Una mañana espléndida y una luz de aquellas que ilumina apasionadamente el futuro inmediato de cualquier fotógrafo.
Al poco, tras una de las curvas se acaba el asfalto. Una pista polvorienta y obras acaban con el bienestar de mi, hasta entonces,  relajado trasero. Justo en ese instante es cuando le sale la vena de piloto de rally al bueno de Eldmor, el conductor de nuestra ranchera de alquiler.
Aceleramos. A los diez minutos, el medio huevo con una docena de tostadas ingeridos en el “generoso” desayuno de mi guest house ya se ha perdido en la inmensidad de mi organismo, dando botes en algún lugar entre mi talón derecho y el omoplato izquierdo.
Tras unas cuantas curvas y derrapes, varios sustos con cabras, niños y vacas que se cruzan en el camino, observo como unos campesinos labran las terrazas de arroz con sus carabaos, esa especie de obesos e indolentes búfalos de agua que puebla tantos países asiáticos. Decido fotografiar la escena. Además, calculo yo, con la parada se le pasará el brote “raikkonen” al bueno de Eldmor. Nos detenemos.

Hago equilibrios por los estrechos –menos de un palmo de ancho- muros que se desmoronan al pisar y que delimitan las terrazas-piscinas de arroz. Abajo un peligrosísimo fango de 2-3 palmos de profundidad espera mis pulcras zapatillas gore-tex de travesía, anti lluvia, anti viento, anti frio, anti calor, anti baratas, anti rozaduras, ¿anti fango?.
Milagrosamente y sudando a chorros alcanzo la remota y escondida terraza donde están trabajando bestia y hombre, a unos cincuenta metros de la carretera que parecen cincuenta kilómetros.
Me acerco, charlo con el tipo, me sonríe y le sonrío. Con su permiso empiezo a hacerle fotos. Me acerco. Me acerco un poco más. Dijo Capa que una foto no es lo suficientemente buena si no estás lo suficientemente cerca.
Muy listo el Capa. ¿Alguna vez le preguntó a un carabao maleducado y harto de currar, metido en el fango hasta las trancas?. Lo dudo.
Al tercer recorte de distancias –ya le huelo el aliento a la embadurnada bestia- el bichejo decide que es suficiente y me escupe una masa de fango, babas y no sé qué más viscosidad, que dejan mi cámara como las gambas encamisadas y mi cara y manos por un estilo. Nos miramos con la seria intención de no volver a vernos jamás y regreso al coche haciendo equilibrios, con cara de gilipollas. Torpe, ya lo sé.
Limpio mi cámara, le curo las heridas y con su habitual y bondadosa condescendencia me perdona. Le he acariciado tanto el botón del obturador – este botón es como el punto “g”  de las cámaras- que no tardamos en olvidar el desgraciado incidente, envueltos en manoseos y caricias. Además, ella me conoce y sabe que mi torpeza es todo corazón.
Regresamos a la carretera y en menos de cien metros ya estamos otra vez. A toda ostia, surcando baches y rocas, esquivando cabras, niños, ciclistas y carabaos en paro. Ras, Ras!!! derecha! Ras….
El paréntesis parece haber acelerado el estrés de Eldmor. Cruzamos una pista de básquet – el deporte nacional filipino- cuyas canastas están en una  y otra cuneta de la carretera, donde juegan alegres unos jóvenes. Cierro los ojos para no ver la matanza y cuando los abro una gallina sobrevuela con cara de susto el capó de nuestro bólido. Izquierda, ras!!, derecha, ras!!. Los muchachos continúan encestando como si tal cosa.

Mientras tanto, al girar la vista hacia las gentes que pueblan los bordes de la pista, veo como en sus caras se lee un rotundo: “cabrón, míralo como va el blanquito, ahí en su cochazo, tan cómodo y relajado, con su aire acondicionado y sus cristales tintados.”
Pero la verdad es otra. De relajado y cómodo nada. El aire acondicionado es verdad, pero en una de las curvas me parece haber visto un pingüino saltar desde el asiento trasero, donde el doctor Oscar –mi acompañante, experto en nutrición- lleva dos horas debatiendo sin que nadie le atienda. La cabeza me va a estallar a causa de su ininterrumpida conversación. Le he localizado el interruptor pero sólo tiene posición  “ON”, el muy cabroncete. Así que me aíslo sensitivamente y me dedico a esquivar mentalmente gallinas y cabras como quién cuenta ovejas para dormirse. También son dos las horas que  llevo meándome, pero si hacemos otra parada tal vez Eldmor accione una palanca y de la parte de atrás de nuestra pick up salgan unos turbos y unos alerones para acelerar más, si cabe, nuestra marcha. Mejor aguantar.
La experiencia la vivo al compás de Hotel California y otros grandes hits de The Eagles, que suenan sin pausa en el sicodélico “loro” de Eldmor.
Agarrado a mi asiento pienso que no todos los días van a dejar una de arena. Hoy es de cal. Todo marcha bien, no hay hambre, ni guerras, ni violencia frente a mi cámara. 
Tan solo la incerteza de saber si llegaremos a la próxima curva.
Hoy es un buen día…

“ON A DARK DESERT HIGHWAY
COOL WIND IN MY HAIR…”
“…WELCOME TO THE HOTEL CALIFORNIA.”
“SUCH A LOVELY PLACE,
SUCH A LOVELY PLACE…”



 

viernes, 16 de marzo de 2012

CRÓNICAS FILIPINAS II: El libro de Roey.


© FOTO Alfons Rodríguez. El libro de Roey, así es como llamaría yo esta fotografía.

El tipo me grita de muy buen rollo -llamándome para que me acerque- diciendo que el café y el desayuno están listos. Lo hace desde debajo de un cobertizo junto a una casa en ruinas.
Yo asiento y le hago un gesto con la mano, como indicando que ya subo. En un momento. Dejo de filmar y me acerco hasta el nuevo hogar de Roey Siclot. Pero yo estas dos cosas  aún no las sé. Ni el nombre del paisano ni lo del nuevo hogar. Por llamarlo así, generosamente.
Lo primero que hace es estrecharme la mano y agradecer mi presencia con una cámara en medio de toda aquella mierda. Lo segundo es servirme un capuccino instantáneo que me sabe a gloria y a continuación me pide disculpas por tener cada plato, cada taza y cada cubierto de un color y un tamaño diferente.
Joey tiene 33 años, justo el tiempo que ha tardado en conseguir todo lo que tenía hasta hace unas semanas. Para que luego, en una noche, el agua se lo lleve todo. “Los platos de colores es por que me los han dado los vecinos o alguna oenegé que ha ayudado un poco”, me cuenta Roey.
La casa que el construyó codo a codo con su mujer ya no existe, de hecho se levantaba sobre la plataforma de hormigón agrietado desde donde yo estaba mirando la devastación circundante. El resto, paredes, techo y todo lo demás en el interior se ha pulverizado por el Sendong.
“Sobre las 21.30h tuvimos que abandonarlo todo, el agua ya nos llegaba por el pecho y no podíamos aguantar más su envite ”. Bebo un sorbo de capuccino y anoto. Bebe, él,  un poco del suyo y sigue narrando: “Tuvimos suerte, mi mujer y yo escapamos en la dirección correcta, los que lo hicieron hacia Iligan cayeron en un remolino mortal de agua, fango, arboles, rocas y escombros”. Ahí es cuando se atraganta un poco y su mirada delata una violenta angustia. “Vimos cuerpos flotando, sin piernas, sin brazos, sin cabeza… el gigantesco remolino era como una trituradora terrible.” Remuevo mi capuccino y me lo acabo de un trago, no puedo seguir bebiendo, pero tampoco me atrevo a dejarlo en la taza de colorines. Por respeto a alguien que da algo pero que no tiene nada.

Sigo el macabro paseo.
Veo unos dibujos en una tienda de ACH/UNICEF, en la que tratan el trauma de las madres afectadas por las inundaciones. En las hojas de papel se ven aguas turbulentas con gente subiéndose a los árboles y cuerpos flotando por todas partes. Se oyen los gritos en aquellos silenciosos dibujos.
Maldita sea mi estampa. Yo el 16 de diciembre estaba con las compras navideñas. Ellos viéndolas venir. No es que me sienta culpable. Es que me siento impotente.
¿Alguna vez le habéis mirado a  la cara a alguien que ha visto la muerte y el terror en sus narices, que lo ha perdido todo –TODO- en unos minutos y que imagina un futuro igual de negro que el presente?. Es jodido.

Huele mal en la bahía de Iligan. Me meto entre los escombros y alcanzo la playa. La arena está cubierta por enormes troncos y ramas de árboles llegados con la tromba de agua, desde las lejanas montañas. Fruto de mi torpeza me meto en un especie de arenas movedizas hasta las rodillas. Me cuesta salir. Cuando lo hago huelo a demonios. Aquello no era sólo agua y fango. Me cabreo, pero se me pasa al momento cuando veo un libro sobre un tronco. Las hojas pasan solas por efecto de la brisa. La escena es tan bucólica como dantesca pero el simbolismo me arranca una sonrisa. El viento ha hecho pasar página. Un nuevo capítulo. Como la vida que se abre camino sólo con el empuje del viento y la persistencia del ser humano de buena condición. Espero que Roey y su familia pronto pasen página, y que en los siguientes capítulos no haya tormentas ni aguas asesinas.
Ni gobernantes que miren a otro lado.

Nota: Por favor, no dudéis que el libro estaba allí, sobre el tronco. Como si fuera un milagro. Papel seco entre tanta agua. Yo no lo puse para la foto y al menos nadie lo hizo mientras yo estaba en la zona.
 

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

domingo, 11 de marzo de 2012

CRÓNICAS FILIPINAS I: Ayer tuve mala suerte...


"2012" la película. A los habitantes de Tibasa, en Filipinas, se les ha hecho realidad.

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


El dilatado tiempo de vuelo entre Barcelona y Manila me sirve, entre otros menesteres, para darle vueltas a muchas cosas. Reflexiones trascendentales unas e irrelevantes otras. 
También me permite leer el libro de un colega con el que me marqué un curro hace poco. Fue en Guatemala y el colega se llama Arce, Alberto Arce. Su libro, Misrata Calling,  ha abierto mi mente a ciertas reflexiones, que tal vez comente en este blog en alguna ocasión futura y que seguro que comentaré con él cuando sea el momento. Y no es por quejarse -como me escribe Alberto en la particular dedicatoria de su libro- de una enfermedad crónica que nos acompañará hasta la hora de la siesta, pero esas reflexiones tienen que ver y mucho con esta puta profesión con que se nos ha bendecido y maldecido, al mismo tiempo, a algunos.
Si dejamos los prólogos para los libros y vamos directamente al grano –con pus en este caso- les diría que ayer empecé a trabajar en Mindanao. Les diría, además, que ayer tuve mala suerte.
Y les diré, efectivamente, que ayer tuve mala suerte. 
Porqué mala suerte es tener que ver lo que vi aunque yo lo haya escogido de ese modo. Un bonito paisaje, un bello emplazamiento tropical, rodeado de suaves colinas tapizadas de verde por el que discurre un tranquilo rio de aguas a simple vista transparentes y de las que, eso si,  hay que desconfiar. Un pacífico paraje en el que hace apenas diez semanas se levantaba un pueblo de unas 500 casas y 500 familias. He utilizado el pasado al conjugar el verbo levantar. Deliberadamente.
Una Tormenta tropical, la Washi, aquí conocida como Sendong, se llevó por delante el pueblo entero y a muchos de sus vecinos -en toda la zona 1.400 muertos- junto con sus historias de vida ahora archivadas en legajos sucios de fango con forma de plato roto,  botella vacia, sujetador rojo, cartera escolar de niño, camiseta de Superman, bota de agua cursi, la mitad de una letrina, cepillo de dientes y un largo etcétera de cosas por el estilo.



  Una niña sin escolarizar, en el campamento de desplados por el Sendong.  Dibuja, junto a un amigo la casa que perdió por la impasible crueldad de la tormenta.
© Foto Alfons Rodríguez

Un niño, con casi la edad de mi hijo y que se llama como yo rebusca, entre las tumbas de las ahogadas historias de vida, pequeños trozos de metal para revender. Es parco en palabras, pero es que allí y ahora hay poco que  decir. Basta con echar un vistazo superficial para  darse cuenta. En el barangay –pueblo- de Tibasak, así se llama lo que queda del enclave, se han acabado las palabras y en muchos casos la ilusión y la alegría.
Ahora sólo queda un páramo en el que la humedad ha hecho crecer las malas hierbas y en el que el fango se ha convertido en el manto que cubrirá para siempre la esperanza de muchos miles. Un amasijo de polvo, escombros, fango, restos de objetos íntimos  y miedo. Mucho miedo a la próxima vez que el cielo entero caiga de nuevo sobre aquellos que han sobrevivido. Para que nos entendamos: que llueva sobre mojado.

Me contaban unas vecinas que  la gente se subía desesperada a los árboles cuando el agua empezó a llegar al cuello, que los tejados volaban cual cometas al viento y que un perro negro salvó a una niña de 6 años para después morir exhausto en una orilla cualquiera. Una de esas vecinas, con lágrimas que no filmé ni fotografié, me decía que su hermano todavía no ha aparecido. Quise decirle “ni lo hará, señora, acéptelo, lo siento mucho...”, pero me faltó valor. Es uno de los 1.400.

Rebuscando, como perro hambriento pero con cámara fotográfica, por entre los restos para poder después explicar que triste y sórdido es aquello, encontré una casa enterrada en el fango. En una de sus habitaciones había un armario y en su estante un DVD de la película “2012”, un tostón catastrofista que explica como se acaba el mundo según los mayas, sin haberle preguntado a los mayas. A la entrada a la casa, cuyo dueño se llevó el agua, otro DVD semienterrado dejaba entrever la cara de Nicolas Cage. Es el disco de la película WTC, que narra los hechos del ataque terrorista a las Torres Gemelas de NYC. Todo desgracias, vaya. Unas de verdad, otras de mentira. Unas lejanas y otras de antes de ayer.
Lo que para unos es Hollywood y palomitas para otros es el final, terrorífico y real, de una existencia ya parca en alegrías por si misma.
Y mientras, el Aquino de turno envía kilitos de arroz - uno por semana y familia- para alimentar el desaliento y la desesperanza. Porque otra cosa ya les digo yo que no alimenta. Me cuentan otros lugareños que nadie a  venido a preguntar o a explicar nada y que aquello de “ya se lo harán, tú, a mi que me cuentas” parece ser aquí la muestra típica de solidaridad. Suerte a las ONG que vuelven a estar, una vez más, donde tienen que estar. Y esto es mi opinión, que conste. Aunque yo opino despues de ver, preguntar y  constatar. Eso si que lo tengo.




La gigantesca estructura de acero y hormigón armado de la bomba que suministraba agua  a toda la región se quebró como si fuera de papel por la fuerza del agua. Durante más de 2 semanas decenas de miles de personas no tuvieron agua corriente.
© Foto Alfons Rodríguez


Ya estoy hasta los mismísimos de ver una y otra vez lo mismo. Gobiernos del Aquino de turno que anuncian en las páginas de sus diarios de papel mojado como crece la economía, como se construyen carreteras y se levantan rascacielos que lo flipas. Coleguita.
Como se obtienen beneficios de la minería, como se ha cambiado la flota de vehículos de los ministros y como se edifican malls que parecen centrales de la NASA. Como muchos vejestorios adinerados, con pelucos de oro, salen de sus carísimos bólidos con veinteañeras tope fashion de pago y como los niños piden pasta en los semáforos. Joder. ¿Y qué pasa con la gente de Tibasak?. Que hay muchos Tibasak en el mundo y ningún gobierno se acuerda de ellos.

Sólo añadiré que Filipinas es el país más castigado del mundo por desastres naturales, entre volcanes, tifones, tsunamis, terremotos, tormentas tropicales y toda esa mandanga. Son 7.107 islas que no han escogido estar donde están y que la Tierra no la ha inventado ni diseñado nadie. Es así y su metabolismo geológico devora lo que se le cruza en el camino. Tampoco han escogido vivir allí los filipinos que lo hacen. Tal vez no puedan irse, no tienen esa suerte.  Y, además, es que es su tierra y punto.
Por ello y ya que aguantan, nunca mejor dicho, el chaparrón día si y día también, que costaría ser un poco más solidario, rápido y resolutivo, se lo digo a usted, -que sé que no me oye pero que  tampoco me escucharía si lo hiciera- Señor Benigno Aquino. Haga honor a su nombre y acuérdese de los vecinos de Cagayan de Oro y de Iligan. Que usted tiene paraguas, pero ellos no pueden ni siquiera  comprarlo. 
Al fin y al cabo es una cuestión de ricos y pobres. Como casi siempre.



 

jueves, 8 de marzo de 2012

CAJA AZUL VI: STREET PHOTOGRAPHY. Entre el costumbrismo y el documentalismo.


Caja Azul 6 from Obtura.org on Vimeo.



El encuentro tendrá lugar el próximo 24 de marzo a las 16.00h,  en el Pati Llimona en el marco del PICS 2012 organizado por el centro.

Tras el éxito de anteriores ediciones, Caja Azul se abre de nuevo para debatir sobre street photography. En esta ocasión nos acompañarán Txema Salvans y Marcelo Caballero por parte del colectivo Calle 35. Bajo el subtítulo “Entre el costumbrismo y el documentalismo” abordaremos el estado actual de la street photography en España y los aspectos históricos de esta disciplina.

 La práctica de la fotografía en espacio público es una forma de expresión estética que forma parte del testimonio documental de una época. Tambien supone una forma de reivindicar la vía pública como espacio social perteneciente a la ciudadanía. El street photographer no va a la búsqueda de una imagen concreta, sino que espera ser sorprendido por ella. El street photographer es un vagabundo que plasma su onírica percepción del mundo con fragmentos de realidad, con momentos decisivos vistos y extraídos de donde muchos otros sólo miran. No hay modelos ni set de luces, no hay ni situaciones de conflicto ni celebraciones prefijadas. El street photographer no sale a cubrir una noticia, más bien transita las calles para verse desbordado e imbricado en la fugacidad de un pequeño gesto o en el discurrir de un acto cotidiano. Es un improvisador nato pero pertrechado con una mirada escrutadora, capaz de atrapar en un frame el detalle que pasa desapercibido al resto de las personas que le rodean. La street photography se alimenta de la rutina urbana y del azar, es una crónica de la fugacidad del presente enmarcada entre el anonimato de la población habitante y la dinámica asfáltica de la ciudad. En esta sexta edición de Caja Azul trataremos la fotografía en espacio público desde la perspectiva de Txema Salvans, uno de los grandes documentalistas del país, y de Marcelo Caballero, miembro fundador de Calle 35 y uno de los grandes teóricos de la street photography.

Para más información e inscripciones consultar la página http://caja-azul.org/

viernes, 27 de enero de 2012

LA ALACENA HISTÓRICA: KODAK Y KENYA, 20 AÑOS DESPUÉS.


(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

Kenya 1990

Esta sencilla imagen fue tomada cerca de la Reserva de Samburu, en Kenya, hace más de 20 años. Mientras Sadam Hussein invadía Kuwait y Bush padre se relamía con el advenimiento de la Guerra del Golfo Pérsico. No olvidaré nunca que el piloto del avión que me llevaba a Nairobi me comentó, en una breve charla a la salida de la aeronave, el acontecimiento: " Irak acaba de invadir Kuwait..." creo que era el 2 de agosto de 1990.
Utilicé un rollo 135/36 de negativo monocromático TMAX 400 de la marca Kodak. La misma marca que ha entrado en bancarrota este mes de enero 2012. No hubiera podido creerlo si me lo hubieran dicho aquel lejano verano africano. Hoy es un hecho y además algo que nos tomamos con una normalidad que asusta. 
Es el fotograma 26 y antes y después de este, apenas hay uno o dos disparos de escenas diferentes con los dos  mismos  niños. Además son sólo imágenes parecidas, ni una es idéntica o casi idéntica. Hoy seguro que tendría varias de un mismo segundo en el tiempo, para evitar ojos cerrados, reflejos, etc.
El negativo no está en muy mal estado y apenas le he tenido que corregir - con Photoshop -  unos arañazos y unas pocas motas de polvo incrustadas a la imagen escaneada. No todo es malo en el digital. En aquellos tiempos hubiera utilizado un pincel ultra fino  y tinta china con diferentes grados de disolución en agua para conseguir las escalas de grises necesarias y retocar o corregir los defectos. Métodos diferentes, pero el mismo fin.

lunes, 9 de enero de 2012

EXPOSICIÓN Y MASTERCLASS EN SARAJEVO


Toda la información sobre la exposición retrospectiva en Sarajevo " A Portrait of Life" y mi participación en el POY de Bosnia y Herzegovina en este enlace.

Gracias.

martes, 27 de diciembre de 2011

FOTOGRAFOS INDEPENDIENTES: AUTOBOMBO O MARQUETING CASERO

 Imagen casera y supuestamente cutre de autobombo casero, realizada con un boli Bic y una libreta de promoción. Ideada, creada, escaneada y puesta en página en pocos minutos. Salió muy barata y estoy orgullosa de ella.

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

Internet, un invento militar que tras su popularización ha servido para muchos usos. Buenos y malos. Desde una declaración de amor a gestar la revolución de un pueblo, pasando por alimentar familias hambrientas, robar o crear las mayores fortunas privadas del planeta. Paradójico, ¿verdad?.
En nuestro caso, el de los fotógrafos independientes -que somos más dependientes que nadie-, Internet ha supuesto una herramienta ciertamente útil y controvertida. Además de barata.

Esta entrada está dedicada – con todo el respeto-  a aquellos que se etiquetan, o que son etiquetados por terceros, como la élite del fotoperiodismo. Figuras entronadas que se forjaron un gran nombre porque vivieron una época y unos acontecimientos que sirvieron para poner en bandeja de plata una carrera no exenta de méritos, pero surgida, eso si, en un momento dulce de la profesión. No como ahora. Fotógrafos o fotoperiodistas aquellos, también periodistas, que merecen todo el reconocimiento por su talento y tesón. Exactamente el mismo reconocimiento  que merecen los que han empezado en Libia o en Siria, hace pocos meses. El mismo que aquellos que ahora están todavía en las escuelas, soñando y trabajando duro. Recuerden, amigos,  que no somos inmortales.

A la vez, está dedicada a aquellos compañeros de profesión o personas relacionadas con el “mundillo” que hablan de exceso de ego, cuando sólo es un intento de salir adelante, todo aquel acto –yo incluido- en el que los freelancers nos autopromovemos o compartimos lo que hacemos a través de las, infravaloradas y menospreciadas por muchos, redes sociales o Internet en general. Va por ellos.

En algunos aspectos de esta entrada hablo por mi, en otros en defensa de aquellos compañeros que han sido atacados. Yo no he sido fustigado públicamente, al menos que yo sepa, por este motivo; pero me consta que muchos otros si.
Me estoy refiriendo a publicar en Internet, en blogs, redes sociales y demás herramientas del siglo XXI nuestros trabajos, logros, exposiciones, publicaciones, entrevistas y todo aquello que contribuya a  difundir y dar a conocer nuestra labor. Tras lo cual hemos sido  tildados o “acusados” de realizar una suerte de casposo autobombo, cuando en realidad no es otra cosa que la más sana y humilde de las formas de realizar marqueting. Marqueting casero, amigos. Publicidad humilde, señores.

Para aquellos que han valorado tan desafortunadamente esas acciones, debería bastar con recordarles que es si no el hecho de dar una conferencia, invitado para hablar de tu trabajo, o que es, tal vez, realizar una exposición con tu obra, o conceder una entrevista a una radio o televisión, o que utilicen tu imagen para promocionar o publicitar una cámara fotográfica o calzado de “aventura”. Situaciones o hechos todos muy abundantes en la carrera de un fotógrafo célebre o famoso. ¿Autobombo o difusión legítima de su trabajo?.
Yo,  escribiendo con toda sinceridad, que he participado de ambos sistemas, el de entrevistas televisivas y charlas ante una interesada audiencia y el de colgar en Facebook donde expongo mi próximo trabajo, yo que he publicado mis fotos en medios internacionales y en mi humilde blog, que he aceptado cámaras, bolsas y botas de Goretex marca “ la ostia, tú”, promulgo desde esta entrada bloggera que para que seguir con dolor de cabeza si ya se inventó la aspirina, que para que pasar frío si hace miles de años que nuestros antepasados descubrieron el fuego. Que para que tenemos  que esperar a un reconocimiento póstumo si se  nos puede reconocer en vida, que es cuando mola. Que conozcan nuestro trabajo significa que podemos seguir trabajando.
Por todo ello,  me gusta cuando un compañero de profesión expande a los 4 vientos cibernéticos que ha publicado allí o aquí, que le han dado un premio o siete, que su trabajo salió en la CNN o en TV3. Pues claro que si. Hacerlo así es barato, llegas a quién le interesa de verdad, lo dices como te da la gana y consigues poder seguir haciendo lo que te gusta y lo que es necesario. Las cosas, bien hechas, no tienen que ser entendidas malamente.
El problema entonces radica en el receptor y no en el emisor. La vanidad profesional, en su justa medida, es buena. Si nosotros no reconocemos nuestro trabajo, no es fácil que otros lo hagan. Además, una cosa es decir que has publicado en el New York Times, punto y otra es decir que has publicado la mejor foto del mundo hecha por ti, el mejor fotero del Universo, en la revista municipal de Cantalejo de Villalmagro de abajo, provincia de Almuadén de los Riscos.
Y ahora, a todos aquellos que estén interesados en ver que más escribo y fotografío les invito a hacerse seguidores de mi blog. Bom, Bom, Bom, chin, chin, chan, pum!!!!.

Y ahora a seguir currando, que nadie me va a regalar nada…

Email de aludidos: armphoto@armphoto.com



 

jueves, 8 de diciembre de 2011

LA ALACENA HISTÓRICA: INDIA EN VELVIA

Hace demasiado tiempo que no regreso a la India. Cinco o seis veces habré pringado con gusto esa incoherencia densa e imprevisible que todo lo impregna allí. Como lo sacro, vaya, que no tiene límite ni forma concreta en aquel país de cantidades imposibles, de masas desbordadas, de ingeniosa adaptación y de buscavidas espirituales y materiales.
Allí he vivido grandes momentos y también momentos pequeños. Algunos inolvidables por maravillosos, otros, inolvidables por terribles.
Norte a Sur, Este a Oeste. Con fotos o sin ellas. Pero siempre, siempre pienso en una cosa muy curiosa: no he disparado con cámara digital en India. Siempre fue negativo blanco y negro, Kodachrome o Fujichrome. Velvia, muchas veces disparé con Velvia en la recámara.
No tardaré en regresar. No tengo la certeza de ello, como de nada en la vida salvo de la muerte, pero algo me dice que pronto volveré a arrepentirme de viajar allí mil veces, para sorprenderme a mi mismo, al minuto siguiente, de que estoy en el lugar perfecto en el momento ideal. En “mi” sitio.
Castas, miseria, ninfas celestiales, elefantes aparcados frente al supermercado, serpientes bobas, bigotes, turbantes, sobrecargas, sancta sanctorum oscuros, saris rojos, caos, vacas, débiles luces en la noche, trenes atiborrados de seres humanos y animales. Así es. Así me gusta que sea.
Aquí les dejo unos cuantos balazos de Velvia. Muchos ya sabrán.

Aeropuerto de La Aurora, Guatemala City.
L’ Escala, Empordà.
Diciembre, 2011.







 INDIA. RAJASTHAN.

 

© DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

CRÓNICAS AMERICANAS | 4ª Parte: Haití, heroínas y villanos.

 Betty, enjaulada en su pasado..
 Young Daddy y uno de sus bodyguards...
 Valérie-Pierre y Jean-Joanne (18 y 27 años respectivamente).

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


Betty no es su nombre. Ni el lugar en el que me encuentro con ella es su hogar. Esa no es su habitación. Tampoco es su vida. Todo eso se lo robo un hombre abominable. Mejor, docenas de ellos.
Un demonio con apariencia humana. Un maldito desecho de la sociedad.
No  tengo duda de lo que es el desgraciado que le hizo lo que le hizo a Betty, aquel día lluvioso, cuando la atacó. De lo que tengo duda es de quién es el responsable de convertir a ese degenerado en lo que es. Es complejo.
Claro que en ocasiones a uno se le pasa por la cabeza eso de las ejecuciones sumariales. Inyecciones aplicadas al perpetrador del delito y también a los mamones que no recogen la basura siendo su obligación. Que la dejan que fermente. Que se pudra y que infecte a los más débiles. A los responsables de que la sociedad lleve, tantas y tantas veces, el camino equivocado.
Betty se dedicaba a la prostitución para poder comer. Literalmente “comer”, pues le pagaban con comida. A veces, algún generoso hijo de la grandísima le daba el equivalente a un euro por disponer de su cuerpo de 18 soles.
Agárrense: ahora esa princesa de ébano que perdió su vida, azotada y ultrajada, sólo piensa en salir adelante, ayudada por una organización local y otra internacional. Sin mirar atrás. Sin lloriqueos. A eso le llamo yo echarle un par. Esa es la heroína de la historia.
Pero hay más.
Me llamo Madame Cousnel”, me dice sosteniendo el nieto en brazos. Me señala su cama, digo… la de toda la familia, para que tome asiento, pues en su chabola de 10m2 no caben sillas. Me explica, apretando los labios que comen una vez al día y mal. Lo perdieron todo en el terremoto de 2010 y ahí  continúan: con todo perdido.
Cuando le pregunto por la fuente de ingresos con la que compran lo poco que se echan al estómago ella, sus hijas y sus nietos, se le oscurece el semblante, se arma de valor y me dice:
“ Mi hija se va cada tarde y regresa al campamento  en la noche. No sé que hace durante el día y no me lo cuenta, pero trae un poco de dinero. Imagino que lleva una mala vida ahí afuera. Pero es así como sobreviven estos pequeños.”
¿Imagináis a una madre así de resignada?. Yo no. No la imagino por que la vi delante de mi, real, de carne y hueso. Con el nieto en brazos y el estómago encogido. El corazón, derrotado.
Unas 700.000 personas continúan sin casa y en condiciones pésimas desde hace 2 años, cuando la tierra tembló y mató  a cientos de miles de seres humanos. Apenas hay higiene ni comida. Lo normal es ingerir algo –poco- una o dos veces al día. Lo normal, no lo lógico.
En Cité Soleil, el colega Young Daddy me canta un rap que ha titulado “Jump sans estress”. Detrás, uno de sus “soldados” mantiene la mano dentro de su pequeña mochila de camuflaje. “Las armas no son buenas, pero si necesarias”, afirma el tipo. Paseo con él por uno de los barrios más conflictivos de Haití, hoy más controlado por las fuerzas de la MINUSTAH, pero antaño un auténtico campo de batalla entre bandas. Caminamos por el centro de las calles, como si fuéramos los amos. Tal vez lo somos. Ellos tienen armas. Yo les acompaño a ellos.
“Si yo digo que puedes hacer fotos, puedes hacer fotos,  soy Young Daddy, brother…”.
 
En Croix Deprez, la enorme cruz perdió su travesaño horizontal y el cristo sus brazos, debido al temblor. Ahora ese Jesús discapacitado contempla impotente, no se si indiferente, como Jean-Joanne se prostituye por unas bananas en su propia chabola, junto a su prima Valérie-Pierre y en presencia de su hijita Charlinne-Jean de 4 años. Mientras hablo con ella un tipo aparece en la puerta entreabierta, a contraluz, y dice que me de prisa, que no tiene toda la mañana.
Que quieren que les diga. Pues que todo esto es una sólida, gigantesca, maloliente, creciente, desesperante, angustiosa y absoluta mierda. Y es que lo es.
Heroínas y villanos. Putas y presidentes.

 

sábado, 26 de noviembre de 2011

CRÓNICAS AMERICANAS | 3ª Parte. Haití, la gran mentira.

 © Alfons Rodríguez. Una mujer se peina en el campamento de Martissant.
 

Tragicomedia. Surrealismo. Daliniano. A lo David Lynch, vaya.
Frednel, el chaval que me conduce por las calles – en algunas vías es muy pretencioso llamarlas así- de Port Au Prince, Petion Ville, Mariani, Carrefour o Leogan entre otros barrios y ciudades, parece que en vez de moto tenga una prótesis con ruedas. Neumáticos  en vez de piernas. Maneja entre coches, motos, camiones, autobuses, tap-tap (taxis compartidos), seres humanos, escombros, charcos de agua putrefacta, kioscos y sacos de carbón como si fueran sus extremidades. Acelerones, frenazos, ras, ras… Entre milagros y sustos pasamos 7 u 8 horas respirando un humo negro que me deja el pelo y la piel como un estropajo usado.
Mis ojos no ven apenas nada y suerte del bendito autofocus.
Camiones y motos que tocan el claxon sin cesar. Coches oficiales que atruenan a la tropa con sirenas estridentes. Charcos que explotan en una lluvia negra que, a modo de metralla líquida, pone a todo dios perdido. Montones de basura y tuberías rotas. Gritos, música, llantos. Más sirenas.
Oraciones y emociones en los muros derrumbados por el terremoto.  Lamentaciones. Plazas y jardines ocupados por los desalojados de la Madre Tierra, los olvidados de Sweet Mickey, que es como se conoce al popular cantante haitiano que ahora, con fraude o sin fraude, es el actual presidente de Haití: Michel Martelly. Hay que joderse. De cantamañanas a tener el destino de millones de personas en sus manos, o mejor dicho en sus bolsillos.
Un hombre sostiene unas gallinas del cuello, otro orina en una tapia. Más allá un loco pasea desnudo y se rasca la cabeza. Vendedores de todo. Chabolas. Crisis a ellos. Ja!.
Una chica asoma desnuda de cintura para arriba. Ébano. Belleza y horror otra vez,
en un balcón que está a punto de desmoronarse.
Vehículos de Naciones Unidas, impolutos, cruzan omnipotentes entre el polvo y el caos como si nada. Alguien quema neumáticos y dificulta aún más la respiración. Me parece que a estas alturas ya no respiro, expiro. Unos cuantos milagros más hacen que no me crujan unos cuantos camiones. Frednel le sigue dando. Dando a saco. Y gracias que es así. Aquí el tráfico colapsa la ciudad durante todo el día.
Carreteras abiertas en canal y sus cicatrices, casas en ruinas si te acercas al epicentro de aquel 12 de enero de 2010. Maleza que arropa los restos de un club de alterne castigado por el temblor. En sus paredes todavía se dibuja, cutre y sórdida, una esbelta figura femenina que recuerda como se desataban pasiones antaño, en aquel, hoy, oscuro lugar.
Uno jóvenes  me avisan con mirada hostil de que si sigo haciendo fotos toda su magia negra caerá sobre mi. Casi 600 mil personas que habitan entre plásticos y maderas, sin hogar, sin suerte, sin porvenir, en más de 800 campamentos precarios. Un agente de tráfico, que parece un SWAT, amenaza a gritos, con su pistolón, a un pobre motorista que lo observa atónito. Acojonado. Si en España fuera así, deduzco que habría menos capullo con un volante en las manos.
Me piden dinero. Me piden trabajo. Una mujer  me reprocha que si no tengo manos para meterlas en los bolsillos y darle unos dólares. Se me cae la cara de vergüenza. Soldados brasileños de la MINUSTAH –Misión de Naciones Unidas en Haití- que me miran flipando, mientras fotografío y filmo a unas mujeres que lloran entre los escombros de la Catedral. A sus puertas, un pastor y sus fieles rezan a grito pelado bajo un toldo improvisado. Por lo que observo, Dios no les hace demasiado caso.
Risas, más gritos. Una chica tiende la ropa que ha lavado con el agua salada del mar Caribe – el mismo mar en el que se bañan miles de turistas con la pulsera de all included de su resort- colgándola de  una baranda que se sostiene de puro milagro, entre runas. Se juega la vida cada vez que sube en aquel forjado a medio caer. Le aviso del riesgo y me mira con cara de estar alucinando. ¿Qué me cuenta este garçon?.
Me rajo el pantalón con un alambre de espino. Contemplo el feísimo monumento que por mala suerte no derrumbó el terremoto y que se alza frente al Palacio Presidencial.
Frente a las ruinas de ese mismo palacio, mientras tomo unas imágenes, un joven llamado Jerome se me acerca y me pregunta el motivo por el cual fotografío la casa del Diablo. Atónito -reacciono en menos de un segundo- me doy cuenta al instante de a que se refiere. Aquí el Diablo viste de Prada y se mueve con chófer o con piloto. Mientras, las máquinas que deberían estar sacando escombros como bestias, se ocupan en amontonar espuertas de dólares en los cajones del Presidente. Jerome me habla indignado: “ 3.000 oenegés y mira donde vivimos, como cerdos, entre cerdos”. “Y nuestro Gobierno, sus promesas electorales y su gestión, todo una gran mentira. Todo el dinero que recibimos de ayuda humanitaria, ¿dónde está?. Yo apenas tengo para comer. Vivo entre mierda, tapado por un plástico”. Le doy das gracias, me subo en la moto y le digo a Frednel que se pire de allí como él sabe: volando. Si estoy un minuto más con Jerome le voy a ayudar a montar una revolución en las calles de PauP. Esto no hay quién lo entienda.
Una pareja se besa entre escombros y unos escolares uniformados me gritan: Le blanc, le blanc…!!!
Ya les decía: Una tragicomedia. Entre llantos y risas desesperadas que surgen de la incomprensión, de la locura y el miedo. De la resignación y de sentirse vencido. Acabado.
Pero en Haití hay otra vida. Familias que necesitan un segundo automóvil. Desempleados que sólo buscan caridad, que es a lo que les han acostumbrado las ayudas humanitarias y pasan de buscar trabajo. Será por que saben que no hay.
 Un edificio moderno y luminoso, gigantesco, que se yergue entre chabolas y que la compañía de telefonía Digitel no ha tenido vergüenza en levantar con el dinero de los que sostienen un móvil, que son todos, bajo un techo de lona sobre un suelo de lodo.
Hay, también, cooperantes como Coque, que se emocionan cuando hablan de la escuela que levantan, de los libros que mostraran a los pequeños haitianos como se sale adelante. Que la sabiduría es libertad. De la ilusión de Coque, madrileño y joven, parte un buen, aunque largo , camino que recorrer.
 Fotógrafos como Andrés Martínez Casares, de León, que se dejan la piel montados en burras- motos a lo haitiano- para ilustrar la Historia de este pedazo de isla olvidada. Que le llevan al mundo lo que el mundo se pasa por el forro. Una y otra vez, hasta que este ignominioso planeta llamado Tierra mire de una puta vez en esa dirección.
Lo que les decía en el título de esta entrada: una gran mentira. Aquí miente el Gobierno, miente la comunidad internacional y miente el paisano que nada en la escasez de todo por tal de tener un plato de arroz hervido que llevarse al estómago. Cada uno con sus motivos y muchos sin justificaciones. Que no es lo mismo un pirata que un pescador,  y los dos viven en el mar y del mar. Mentir para justificar un trabajo que no sirve o que sirve de poco. Mentir para ganar un gobierno y un buen puñado de dólares. Mentir, mentir. La gran mentira.

lunes, 21 de noviembre de 2011

CRÓNICAS AMERICANAS | 2ª Parte. Guatemala y la lucha campesina.


  © foto Alfons Rodríguez. Campesinos del valle del Polochic. Armados con machetes y con el corazón en un puño.

Dice Federico, con un cigarro en la mano, entre calada y calada, que la van a liar parda. Y con razón. Llevan 500 años tocándoles los cascabeles. Y ya han demostrado de lo que son capaces. “Si no fuera por mi niña…”. Chupao y tiznao, con dos corazones tatuados en el pecho, los pómulos prominentes y otras cosas que no puedo decir, verlo enfadado debe dar mucho miedo. Se lo digo a usted,  señor Otto.
Pero, comencemos por el principio.

Érase una vez una familia alemana – los Witman – que se estableció en un bello rincón del corazón maya. Polochic se llamaba aquel frondoso y fértil valle guatemalteco. Pasaron los años y su negocio de caña de azúcar los fue haciendo más y más ricos y, por tanto, poderosos. Pero había un obstáculo en su afán por tenerlo todo. Aquellos malditos indios, sus creencias y tierras daban más por culo que el perro del hortelano. Ya saben: ni come él ni deja al amo.
Pues eso. Aquellos indios que, aunque campesinos que se han dejado la vida en aquellas tierras, no merecen más que balearlos o rociarlos. Un estorbo menos. Pim, pam…uno menos. Puaj.
Un grano en el culo del señor Witman: la comunidad de Paraná. Un puñado de familias despojadas de casa, comida, dignidad y derechos. Y allí, solemne, Federico.

Alberto Arce y José Cuc –profesionales como la copa de un pino y con un par de cojones-  y un servidor, nos colgamos las cámaras y nos liamos la manta a la cabeza. Nos plantamos ante los sicarios que protegen la finca del amo, que son los mismos que hostigan, rocían y matan a los campesinos. “No sabemos nada…son ellos los que nos atacan…la pistola? No. No foto”. Pero ellos nos las toman a nosotros para acojonarnos. Nos rodean intimidatorios. Algunos, entre las dulces cañas  con cara amarga, escondidos. El jefe es como un pistolero salido de un Spaguetti Western: Sombrero vaquero, cinturón de balas, pistolón y botas camperas. Da miedo y pena, pienso. Si no fuera por las gafas de sol fresitas, parecería un macho, pero en realidad es más bien un mierda, pendejo, chingón y maricón…matar a sus hermanos. El perro.
Pero lo que no saben, o no les preocupa – gran error-  a los finqueros de Guatemala es que la lucha continúa. Los campesinos están armados. Armados con la razón, el orgullo y el hambre. Y eso es mucha bala para compararla con fusiles automáticos, cartuchos y gasolina. Esa gasolina con que queman las champitas –cabañas- en las que malviven los campesinos.
Mientras el gobierno, generoso y solidario, les entrega a sus lindos inditos una bolsa con comida para un mes. Una bolsa por familia que dura dos días y que llegará cada…no se sabe cuanto. Otra vez Sr. Presi… que es peor el remedio que la enfermedad. Aunque claro, usted de matar campesinos ya sabe rato largo.
El recuerdo y el llanto.
Me voy a ver a unos cuantos ex guerrilleros y ex guerrilleras campesinos. Me gusta que mantengan sus alias de combate aunque dejaran caer las armas hace ya 15 años. Eso los mantiene firmes. Los hombres me cuentan orgullosos que esa es su tierra y que con los pies por delante si los quieren desalojar. Las mujeres, igual de fuertes pero con lágrimas en los ojos, me hablan de que se empieza luchando por un país y acabas luchando por tus hijos y su futuro.
También me doy un garbeo por las plantaciones de palma africana. Esos cultivos tan majos que se están cargando el planeta y alentando al Tercer Jinete a cabalgar de nuevo. Allí trabajan las mujeres, engañadas. Por cuatro duros y amenazadas. Si quieres cobrar tienes que hacer que tus hijos trabajen en vez de ir a la escuela. Si los envías a la escuela no comen. No hay elección, me dicen las mamitas.
Mientras, los finqueros –entre los que hay algún español y algún familiar de Pérez Molina- se llenan los bolsillos de dinero. Se compran yates y se forjan un lugar en el infierno. Pero eso a ellos les da igual. Lo que no les va a dar igual es cuando Federico, Antonio, Petrona, Maritza y todos los demás campesinos, juntos y con el puño en alto, se le planten un día en la puerta de su mansión, los cojan de los huevos y les hagan cantar las canciones de Luís Enrique Mejía Godoy. Lo que yo daría por hacer fotos de ese momento. Lo que yo daría.


 © Foto Alfons Rodríguez. Campesinos de San Miguelito en protesta por los desalojos posando ante la cámara.


(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

sábado, 12 de noviembre de 2011

CRÓNICAS AMERICANAS | Primera parte.


A estas alturas de la entrada ya habrán deducido ustedes que esto no es África.
Ya se lo digo yo,  no fuera que no hayan leído el título. No es África pero, ojito, en todas partes cuecen habas. O no.
Aquí, de hecho,  no las cuecen.  Por que no las hay. Ni habas ni otra cosa que hacer pasar por el gaznate.
Les voy a escribir algo sobre Guatemala, que es donde estoy. Ese lindo país, alma de la Tierra, corazón del imperio maya. Con sus “tikales”, sus “antiguas”, sus “panajacheles” y sus “lagos Atitlanes”, que muchos de ustedes habrán visitado y habrán disfrutado. Yo lo hice, algunos años ha.
Ese bello país, el más rico de los más pobres. El más pobre de entre los ricos.

Dice un letrero de campaña electoral, en una curva,  que los políticos son todos una mierda. Como lo leen, con todas las letras. Que el pueblo está harto. Dos curvas más allá, otro letrero muestra a un pavo y a una pava, que resulta que son el nuevo presidente y la “vice”. Tanto ella como él, Otto Pérez, salen la mar de guapos en la foto. Seguro que algún obrero del Photoshop les ha quitado algunas arrugas y unos cuantos kilitos. Que en la foto hay que dar la talla. Para eso su eslogan sentencia: Mano dura!. Aunque no dice con quién.
Algunos kilitos les añadía yo con Photoshop a unos cuantos que he visto estos días. Por ejemplo a Elmer y a su hermano Emilio, de la etnia maya chor´ti, en la remota comunidad de Lajas. Se te saltan las lágrimas cuando les miras a los ojos. Puro pellejo. Todo huesos. Nada de futuro.
Un montón de hijos de su madre, forrados hasta los dientes, que miran desde lo alto de la Pirámide del Jaguar como los miserables indígenas se mueren de hambre. Porque aquí ese es el problema. Que no se papea porque se discrimina. El hambre estacional en el Corredor Seco, el hambre verde que se oculta en un paisaje de belleza sublime, salpicado de aldeas idílicas colgadas de las montañas, entre bosques, junto a cascadas y ríos que en época de lluvias no dejan una puta cosecha en condiciones. Cuando llega la estación seca no hay agua con la que regar nuevos cultivos ni cosechas que recolectar. Si recuerdan se las llevó el agua.
Pero para que van a hacer nada los que contemplan desde arriba. Si en la foto ya han quedado de rechupete. Bah…

Me gustaría que miraran a los ojos de Elmer y de Emilio. Su madre está fuera de encuadre, pero les informo de que tiene 3 hijos más y la edad de una inteligente estudiante europea, de las que entre semana se forja como directiva del futuro y los fines de semana fuma petas y practica el lenguing con el maromo. Como tiene que ser.
La que no es como tiene que ser es esa madre, Concepción Méndez se llama. Que al principio no quería que fotografiara a sus hijitos, Elmer y Emilio, por dignidad y después por dignidad dejó que lo hiciera. A ella le deben esta foto. Y la sacudida de conciencias. Yo sólo pasaba por allí.
Pues eso, a ver si Otto Pérez y su cuadrillas se arremangan y hacen algo por sus conciudadanos de bien. Si nadie les ha explicado, ya se lo explico yo: Señor Otto, que se le mueren a usted de hambre, a montones. Delante de sus narices y lo sabe. Que no pasa nada porque sean indígenas. Que en una foto retocada por ordenador saldrían igual de guapos que usted.

Elmer a la izquierda con 1,5 años y Emilio a la derecha con 3,5 años.

Por cierto, el 11 del 11 del 2011 a las 11.11 horas de la mañana, me encontraba con un sacerdote maya que me explicaba como nos castiga la Madre Tierra por lo mal que nos portamos. Y tiene razón el hombre. Más leña nos tenía que dar.

Hasta la próxima.
 

 
(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.