w a l k o n e a r t h es el lugar donde desahogo mi conciencia y aplasto mis frustaciones. También lo hago en otros lugares, pero me pagan por ello...



lunes, 11 de junio de 2012

A CORUÑA: OBJETIVO CUMPLIDO

Hace  unos días os comentaba que me disponía a iniciar un nuevo encargo:  OBJETIVO CORUÑA.
Tenía que ofrecer mi mirada fotográfica personal de esta bella ciudad atlántica.
Hacía 4 años  que había estado en A Coruña pero en aquella ocasión no tomé ni una sola fotografía.
Esta vez ha sido diferente.

Es una ciudad que regala luces  que producen envidia, huele a mar y sabe a mar. Tiene las dimensiones perfectas para vivirla a pie, notando su fresca brisa a cada paso.

La gente es otra experiencia que hay que anotar, palabra a palabra, en un cuaderno de esos que nos acompañan hasta el final del viaje. Envuelta en agua como si fuera un regalo que ofrecer a tu ser más querido. Es de esos lugares a los que se vuelve. Y se vuelve. Y se vuelve a volver.

Qué ciudad!

Os dejo con unas cuantas imágenes de esas que sólo se publican en los blogs. Espero que os gusten, son sólo un pedazo de A Coruña. Pronto habrá más, mucho más.

(Por favor no las utilicéis sin mi permiso. Gracias.)

Al acecho...

La esquina.

No todo fuera de foco.

Puerto, sol y gaviota.

Por la mañana.

Van y vienen.

Reflejos budistas.

The Culture of Color.


(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

miércoles, 16 de mayo de 2012

THE THIRD RIDER: CHRONICLE FROM INDIA


No words.
There is no need.
This is an unfulfilling world. But is worth to fight for it.
Sorry for that.

India. Bihar. Biraul.

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

domingo, 13 de mayo de 2012

EL TERCER JINETE: CRÓNICAS DE BANGLADESH (II)

Una mujer rebusca entre la basura de Kamrangchir gar, a las afueras de Daca.

Los habitantes de Gabura se preparan para las próximas inundaciones y rellenan sus tierras con fango

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


Cinco kilos de arroz.
La palabreja tiene tela. Kamrangchir gar se llama el sitio. Gar en bengalí significa isla, hasta ahí llego.
Una pequeña ínsula de 3 km cuadrados, olvidada por la gran Dhaka, bañada por uno de los ríos más contaminados del mundo y habitada por 400.000 almas de Dios. Bueno serían suyas y se ocuparía de ellas hace tiempo. Ahora pasa un huevo y parte del otro, de tan poco provechosa propiedad. O eso debe pensar el señor Dios, todo poderoso él.
Hace calor y mucha humedad. Huele a mierda pura en putrefacción. Hace años este lugar era un vertedero. La única diferencia con el presente es que antes sólo había basura y ahora hay basura y seres humanos, estos todavía sin caducar.
Cuesta respirar, al menos a mi. Ellos –los habitantes del suburbio- tal vez hayan evolucionado, como  hicieron los pinzones de Darwin en las Galápagos, y ahora tengan unos filtros de doble paso, con sistema humidificador y extracción de gases en los pulmones, con un dispositivo paralelo que cubre también los bronquios, todo de fabricación alemana. Lo último en evolución, oiga. O no.
A lo mejor están todo el santo día oliendo y respirando mierda pura y se joden. O toda su vida, así sin más. Tal vez los pobrecillos no se han adaptado.
Como el suburbio es un asco  -deben pensar los que mandan- no lo incluimos en los planes de desarrollo de la capital. Y a ver si se ahogan todos. Con el mal olor o en esas pestilentes y negras aguas. Aguas con las que lavan la ropa, los cacharros de cocina, se bañan ellos  y todo eso. No quiero ni pensar que más hacen con esa agua. Me niego.
No hay clínicas. Bueno, el gobierno no ha puesto ni una. Sólo una bienaventurada ONG, los salvavidas de MSF, ha instalado dos centros y están que no dan al abasto. No me extraña: 400.000, recuerdan?.
Lo bueno que tienen aquellas gentes es que le han buscado el lado positivo. De la desesperación deben haber pasado a la resignación, y de esta al negocio. Que hay que comer, aunque sea poco y malo. Y así rebuscando entre la mierda, reciclando y llenándole los bolsillos a los empresarios que además dirigen la ciudad, se sacan unas perrillas para comprar los cuatro granos de arroz con que se alimentan. ¿Atan ustedes cabos?. Por eso están bien como están. Si les limpian la mierda, ¿quién hace el trabajo sucio?. Verbigracia.

El avión de hélice me deja en Jessore y de allí, tras unas cuantas horas de carretera, nos metemos en el profundo corazón rural de Bangladesh. Pago mi tributo y me reúno con una serie de líderes locales, miembros de oenegés nacionales, algún periodista y demás gente responsable del distrito. Todos  van bien vestidos: pantalón elegante, camisa bien abrochada, zapatos relucientes. Y luego estoy yo.
Saludos muy formales, bienvenidas calurosas, seriedad distendida en el ambiente y tal. Por supuesto no se ve ni una mujer en la sala. Las oigo en la cocina.
Nos sirven la comida. Muy buena y muy picante por cierto –mucho quiero decir-. En un instante, aquel grupo de hombres bien educados, según nuestros parámetros culturales y sociales, se transforman. Empieza la bacanal.
Manos pringosas por donde chorrean sustancias aceitosas, ruidos al masticar, sorbos, eructos. Nadie habla. Se chupan los dedos y la palma de la mano derecha, se beben el dhal – sopa de lentejas- directamente del plato plano. Más eructos. A mi me acercan un tenedor, del que hago el uso correspondiente y así, entre disimuladas miradas entre ellos y un servidor, acaba el banquete. Sé de sobra que aquí se come con la mano, pero cuesta ver a una banda tan bien puesta poniendo en práctica tal repertorio de gestos y sonidos que para nosotros significan  justamente lo contrario: mala educación.
Hablamos de muchos temas que me saltaré con su, vuestro permiso para no aburrir, pero vamos a detenernos en uno: el de la igualdad de la mujer. Me cuentan que luchan por sus derechos, por la igualdad entre hombres y mujeres y yo les pregunto que si hay alguna mujer en sus respectivos equipos directivos. La respuesta ya se la imaginan ustedes. Están en la cocina.

Viajo hasta Gabura, una pequeña isla de rio, que cada año se inunda con la crecida del nivel de las aguas, destrozando las casas de los habitantes. Toda la zona costera del país está amenazada por los efectos del cambio climático. Además el gran delta del Ganges se rellena de un agua de alta salinidad por las filtraciones, esto y los ciclones, además de la tala masiva  -se han cargado los árboles- deja el medio mucho más vulnerable. Los vecinos no tienen donde cultivar y se limitan, los que pueden, a trabajar en la cría de gambas y cangrejos. Lo que a su vez contribuye a acabar con el ecosistema local. Es una isla de fango y sus habitantes viven en fango. Subsisten como pueden y talan árboles ilegalmente del vecino Parque Nacional de los Sundarbans, uno de los últimos reductos naturales del diezmado tigre de bengala.
Me paro con una familias que refuerzan sus chabolas de cara a la próxima llegada de las lluvias. Me explican el drama del año pasado y el miedo por el que esta por venir. Les pregunto si alguien del Gobierno ha pasado por allí últimamente. Nada. Sólo cuando paso el ciclón Ayla vino un representante segundón, si no fuera por Oxfam y sus socios... El político nos prometió ayuda, dicen. Al poco llegaron unos botes. Traían un saco de arroz de 5 kilos para cada familia. Cinco kilos para cada familia de 6 miembros de media, han oído bien.
Pienso en voz alta y me expreso con claridad: Desde luego, se podían meter los cinco kilos de arroz, grano a grano, sin prisa pero sin pausa, por aquel orificio trasero de utilidad fisiológica de nombre poco agraciado. Ya saben. ;-(


viernes, 4 de mayo de 2012

EL TERCER JINETE: CRÓNICAS DE BANGLADESH (I)


Dhaka. Gulshan. Photo with iPhone.


Money for nothing
Para ser sinceros, la toma de contacto con el país no ha sido nada del otro mundo. Pero es sólo el principio. Hace 15 años estuviste a punto de viajar a Bangladesh, conocer la Boca del Ganges, los Sundarbans, las tierras prohibidas del Este de Chittagong, la confluencia de los sagrados ríos Brahmaputra y Ganges y bañarte en las aguas de la Bahía de Bengala. Pero no lo hiciste. Recuerdas que en aquel entonces el lema turístico del país era: “ Ven antes que el turismo”. O algo así.  Llegas con un retraso de 16 años pero el turismo todavía no ha llegado.

Ves que hay cosas que no cambian en estos lares. El claxon se sigue utilizando en vez de ceder el paso, hacer un stop, aminorar la marcha o poner el intermitente para girar o parar. Esto, convierte un paseo por la ciudad de Dhaka en una ruidosa travesía, sinfonía, “sin ton ni son”, con la que martirizar tus oídos.
Ves que cuando llueve todo se embarra pero nada se detiene, igual que  en la vecina India. Observas, atónito, como los rickshaws y auto-rickshaws se cuelan por todas partes y como las calles siempre sufren el típico cuadro sintomático de hora punta: ruido, prisas, atascos, polución…
 

Dhaka. Gulshan. Photo with iPhone.

Dhaka. Gulshan. Photo with iPhone.
(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.



El largo viaje desde la remota tierra de los parados y los recortes te deja maltrecho y el insomnio a 10 kilómetros de altura aún más. Sales del hotel y en la esquina ya te han pedido pasta tres o cuatro con el punzante – para ti- gesto de llevarse una mano a la boca y la otra a la barriga. Varios rickshaw wallah se ofrecen a llevarte pero tú lo que quieres es andar. Con ruido o sin él. Con calor o sin calor.
Saltas unos cuantos charcos y te atreves a cruzar  unas cuantas calles. Encuentras por casualidad un restaurante  y recuerdas que no has comido desde ayer, cuando surcabas el firmamento a mil kilómetros por hora. Entonces piensas en Alonso o Stoner y te das cuentas de lo relativo que es todo. No son tan rápidos.
Decides no entrar en ese establecimiento pues parece un poco fashion y tu buscas algo más local. Te abren la puerta y sin darte cuenta estas sentado en una mesa. Eres el único comensal, aunque caben unos cuarenta. Sin apenas tiempo para desplegar la servilleta  te plantan la carta delante. La oferta es abundante.
Le pides al camarero un plato muy de la tierra –bangladeshí, vamos- pero te suelta, convencido, que ese tarda mucho. Mejor el pollo a la nosequé que es muy rápido. Le devuelves un categórico “no tengo prisa”, pero él insiste. Acabas por aceptar la sugerencia. Le añades que te traiga un Nan -pan indio- pero como tarda 20 minutos, mejor patatas fritas a lo Burguer King, me asegura el tipo. No, le dices, prefiero esperar pues quiero algo más local. Insiste y acabas por decirle que te traiga las putas patatas. Al final, evitas el postre y pides un té, pero – a estas alturas ya te lo esperas- el sujeto te asegura que un café solo y soluble es mucho más rápido. Te haces quemaduras de tercer grado en la lengua por beber a toda pastilla. Qué estrés. Joder.
La banda sonora es lo ultimísimo de Dire Straits, dale que te pego en los altavoces. Pides la cuenta y ya la tienen hecha. Lógico. Pagas raudo como alma que lleva el diablo y sales cagando ostias del lugar, justo cuando suena el inédito y novedoso tema de los  Straits:  Money for nothing. Qué casualidad, en eso mismo estabas pensando, verdad?.

En fin, esperas volver pronto, con más  y mejor.

sábado, 14 de abril de 2012

ENTRE MIRADAS o Take the money and run...

El pasado día 12 de abril tuve la ocasión para presentar mi nuevo libro Entre Miradas, de TPS Books Editors.
Fue uno de esos momentos que culminan un gran esfuerzo. Uno de esos instantes en los que parece que acabas un capítulo de tu vida, para empezar otro.
No son tiempos fáciles para esta profesión en particular y para casi nada en general: contratos abusivos, tarifas basura, desdeño por parte de los medios de comunicación de trabajos de calidad para, en cambio,  priorizar recortes y/o trabajos superficiales, decepción por parte de los profesionales que han trabajado duro, “tiradas de toalla”, desengaños y un sin fin de “huidas de cerebros” nacionales que triunfan en las “américas” ante la inopia y la deleznable actitud de  los editores y medios españoles.
Por todo ello hay que reinventarse, superarse, resurgir y no mirar atrás. Siempre nos quedará un salto a la piscina, con la esperanza de que se llene de agua antes de que nos demos de bruces con el suelo seco y duro de esta. Así es como hay que pensar y así es como, de repente un día, aparece esa agua vivificante y alentadora. De darse ostias salen los callos del éxito.

Siempre hay la posibilidad de encontrar a alguien con más luces que avaricia, con más ingenio que cobardía. Con ganas de invertir en un presentimiento, más que en despidos masivos. Con intenciones de apostar por la esperanza más que jugárselo todo a la carta de “take the money and run”.

Me gustaría ser positivo. Me gustaría, quiero serlo, lo soy. Sabemos que el presente que se explica hoy con mala cara y peor gesto se convertirá en historia pasada cuando llegue el futuro. Sabemos de sobra que siempre hay  alguien o algo en peores circunstancias y que, además, llegarán tiempos mejores. Tiempos eso si que no vendrán por si solos o por propia iniciativa. Serán momentos, aquellos, que habremos de atraer nosotros, con nuestras ganas de superación, con nuestra fe en nosotros mismos y en los que nos rodean. Una fe de carne y hueso, sin divinidades ni apoyos celestiales que han demostrado fallar más que una escopeta de feria. Hay que creer en las nuevas oportunidades.
Por eso me considero afortunado. Afortunado por tener esas ganas de seguir adelante. Afortunado por tener personas que me arropan y dan calor, que me allanan el camino cuando es  una cuesta pronunciada llena de baches o cuando es una bajada resbaladiza. Muchos de ellos estuvieron el día 12 a mi lado.

La intención no es que este positivismo sea tomado como un alarde. Ojalá que mi “buen rollo” no sea entendido como vanidad insana. Espero que mi ánimo no se malinterprete como chulería. Por favor, no. Sólo quiero decir, transmitir o tal vez intentarlo, que la lucha sigue. Que los alienígenas no han destruido la Tierra y han aniquilado la raza humana. Que nada ha acabado. No podemos pretender terminar ahora como héroes, como los últimos que plantaron cara. No somos los elegidos.  Tan solo somos tropa, componentes de un gran y eterno ejército que ha de continuar en las trincheras. Anónimos y efímeros. La fuerza no está en uno, está en todos. Si nos apoyamos triunfamos. Si nos miramos a la cara nos entendemos. Entre  miradas honestas encontraremos como salir de está. Estoy seguro.
Concluyo. Gracias a todos los que siempre estáis ahí. Esa presencia es la nutritiva tajada que saco de todo esto que hago. Es lo que obtengo como premio.
Os dejo, unas líneas más abajo,  con unas fotografías tomadas por Marcelo Aurelio y Godo Chillida (más una de mi hijo David), la otra tarde en TPS. Estos son dos de esos compañeros que allanan el camino, de esos que siempre están ahí. Me quito el sombrero ante ellos y ante todos los demás que acudieron, que fueron muchos. Y ante los que quisieron pero no pudieron. Me quito el sombrero y aplaudo por un espectáculo auténtico y sincero. Con esos intérpretes me considero el  más afortunado de los espectadores. Joder, como no voy a estar eufórico.

Manel Úbeda, "il professore"

Manel Úbeda, autor del prólogo de Entre Miradas, amigo y profesor en mi etapa de estudiante.

Es evidente: yo junto a Federico Caal, un luchador nato.

Dedicando el libro a uno de mis mejores amigos, Albert.

Con Marcelo Aurelio, un verdadero "crack argentino"
Un servidor con el cartel anunciador de la exposición el día de la presentación del libro.
Foto: David Rodríguez Pahissa



(C)DE LAS IMAGENES MARCELO AURELIO, GODO CHILLIDA Y DAVID RODRÍGUEZ PAHISSA /PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

miércoles, 28 de marzo de 2012

GUATEMALA, LA LUCHA CAMPESINA

Video perteneciente al reportaje que publicamos Alberto Arce (texto) y un servidor (fotografía) en portada del Magazine de La Vanguardia,  el pasado 14 de Enero, con motivo de la toma de posesión oficial del Gobierno de Guatemala por parte de Otto Pérez Molina.
Imágenes de video y audio  captadas con iPhone


500 años de lucha, de sangre y sufrimiento dejan mella en la comunidad campesina de la tierra guatemalteca. Esta es la historia del Valle del Polochic y de como los sicarios y los terratenientes hostigan y desalojan a los auténticos amos de aquellas tierras en injusta disputa: los ancestrales mayas. Las imágenes y el audio están captados con iPhone y en ciertos casos dichas imágenes y fotografias están realizadas sin el consentimientos de los sicarios a sueldo que trabajan para los grandes ingenios y los terratenientes de los monocultivos destructores del porvenir campesino.


(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

martes, 20 de marzo de 2012

CRÓNICAS FILIPINAS IV: Nuestro peor enemigo, nosotros mismos.

 Un soldado de élite de la Armada Filipina, controla las entradas a Kidapawan.
© Foto Alfons Rodríguez.

 Una madre y su bebe en el Hospital de German Doctors en el barangay de Buda.

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


Al cruzar el Delta Bridge se deja atrás Cotabato City y se entra en la ARMM (Autonomous Region in Muslim Mindanao), pero nada diferencia a simple vista un lado y otro del puente, que salta sobre el Rio Grande y hermana con recelo ambas regiones, antaño bañadas en sangre y fuego.
“Peace not War”, declara un letrero anclado en la cuneta de la carretera. Este es otro de los conflictos olvidados que salpican nuestro mundo y que ya cuenta con 44 años desde su maldito nacimiento. Si se le puede llamar suerte, diríamos que la suerte es que ya llevan varios años de alto el fuego y las conversaciones de paz, aunque algo lentas, avanzan. Que, por conformarnos, diríamos que no es poco.

La palabra más peligrosa es guerra”, reza en otro letrero de carretera. Y si no es así que se lo digan a las familias que hace unos días tuvieron que abandonar sus hogares en Upper Lombo. Les entrevisto bajo un mango, a la sombra de su denso ramaje y de la timidez y el miedo de su “capitana”-así se llama aquí a la líder del grupo- una mujer de aspecto fuerte y con recelo en la mirada.
Me cuentan que no hay alternativa.  Cuando el pánico se apodera de uno se apodera también de su destino y te lo marca de una forma siniestra. El miedo es el dictador en el régimen de los pobres, de los débiles. Tropas de élite del ejército nacional, me cuentan, entraron en su aldea y los hicieron formar. Apresaron a uno de los hombres, lo metieron en una de las casas y le dispararon a bocajarro. Se llamaba Ramón Batoy y se le acusó, antes de la ejecución, de rebeldía contra su país. Aquí te pillo, aquí te mato.
Tenía cinco hijos y esperaba otro. Su familia ha sido transferida y nadie sabe donde se hallan en la actualidad. El hermano se halla en prisión, acusado de ser uno de los comandantes del NPA (New People’s Army), aquí conocido como “El Ejército de los pobres” o “ Los guardianes de los pobres”. Cuentan que su lucha defiende los derechos de los más desfavorecidos. Y si el rio suena, agua lleva.
Pero el conflicto en la región viene de lejos. Todavía muchos creen que su origen está en la cesión ilegal de tierras que hicieron españoles a estadounidenses en el Tratado de Paris, en el año 1898. Tierras  que después se anexionó el estado filipino sin preguntar a los líderes tribales de Mindanao, enviando colonos con títulos de propiedad sobre la tierra que los habitantes de la isla rechazaron.
En 1968 una terrible masacre de musulmanes, trajo la reacción definitiva de los seguidores del Islam, no sólo de la isla sino de otros países árabes del mundo. Otra matanza posterior hizo que el ahora depuesto y muerto dictador libio Muammar el   Ghadafi tomara cartas en la sangrienta partida que se jugaba en Mindanao.
El libio y otros países islámicos apoyaron la formación de  un ejército musulmán denominado MNLF del que se escindió una facción llamada MILF (Moro Islamic Liberation Front) que siguió luchando tras los acuerdos de paz firmados en el 1996 por el MNLF. Aunque en la actualidad existe un alto el fuego frágil que parece avanzar con cautela por ambas partes.
El conflicto es más complejo y con otros actores en el escenario pero no les voy a aburrir aquí con más historias sobre la Historia. Hoy día, Cotabato City sigue asediada con atentados, raptos y hostigamientos por parte de grupos violentos que perpetraron más de 150 acciones en la ciudad el pasado año y llevan 25 en lo que va de este. Poca gente circula por las avenidas principales a primera y última hora, que es cuando parecen ocurrir la mayoría de ataques.
Este y otros motivos, de los que he hablado en anteriores crónicas (azote de la naturaleza, repartición de tierras, precios de los alimentos básicos…) son las razones por las que familias como la de Edinia Manlanggoy apenas tiene que echarse a la boca cada día. Poseen una linterna, me explica, que utilizaban para cazar ranas por la noche, su única fuente de proteínas. Pero se acabaron las pilas. Suena a chiste. A broma macabra. Unas pilas que dan de comer. Una débil luz que alimenta. Se apaga la luz y se enciende el hambre.
Edinia ha caminado 6 horas con su hijo a cuestas para llegar al hospital de Buda en el distrito de Marilog. Su bebe, de un año y medio, está severamente desnutrida y mira con miedo. La pequeña Jeffrel luce una especie de amuleto en el cuello. En su interior un pedazo de su cordón umbilical que se supone debía protegerla de la enfermedad y de un destino nefasto. Ahora el amuleto es una bolsita de preparado proteínico que le suministran en el centro hospitalario. Creencias las justas.
Salgo del hospital totalmente derrotado. Lo admito. Un niño con una malformación en la boca tiene hambre pero no puede succionar del pecho de su madre. Le cuesta alimentarse y llora sin parar. Fotografío su ansiedad pero me dejo allí su llanto estridente. No lo filmo para no tener que volver a oírlo.
Otra de arena.
Nuestro peor enemigo somos nosotros mismos”, reza en un nuevo letrero de carretera. Tras su lectura, me pregunto  por la razón de nuestra inconsciencia. Si lo sabemos, cuál es el motivo que tenemos para no solucionarlo. ¿Si podemos hacer algo, quién o qué nos impide hacerlo?. Somos nuestro más despiadado enemigo y  lo peor y paradójico es que nos tenemos bien identificados. Sabemos donde vivimos y que recorrido hacemos cada día al trabajo. Conocemos bien nuestras costumbres y hábitos. Nos podemos auto emboscar y detener, leyéndonos nuestros patéticos derechos. Y si somos culpables, que lo somos, ejecutarnos de una puta vez y acabar con todo este circo. Con toda esta pantomima barata en que nos hemos convertido.






 

sábado, 17 de marzo de 2012

CRÓNICAS FILIPINAS III: Una de cal...



(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


Salimos temprano.
La carretera que deja Kidapawan se encuentra en bastante buen estado. Serpentea hacia el norte, rodeada de campos de arroz y cocoteros. Una mañana espléndida y una luz de aquellas que ilumina apasionadamente el futuro inmediato de cualquier fotógrafo.
Al poco, tras una de las curvas se acaba el asfalto. Una pista polvorienta y obras acaban con el bienestar de mi, hasta entonces,  relajado trasero. Justo en ese instante es cuando le sale la vena de piloto de rally al bueno de Eldmor, el conductor de nuestra ranchera de alquiler.
Aceleramos. A los diez minutos, el medio huevo con una docena de tostadas ingeridos en el “generoso” desayuno de mi guest house ya se ha perdido en la inmensidad de mi organismo, dando botes en algún lugar entre mi talón derecho y el omoplato izquierdo.
Tras unas cuantas curvas y derrapes, varios sustos con cabras, niños y vacas que se cruzan en el camino, observo como unos campesinos labran las terrazas de arroz con sus carabaos, esa especie de obesos e indolentes búfalos de agua que puebla tantos países asiáticos. Decido fotografiar la escena. Además, calculo yo, con la parada se le pasará el brote “raikkonen” al bueno de Eldmor. Nos detenemos.

Hago equilibrios por los estrechos –menos de un palmo de ancho- muros que se desmoronan al pisar y que delimitan las terrazas-piscinas de arroz. Abajo un peligrosísimo fango de 2-3 palmos de profundidad espera mis pulcras zapatillas gore-tex de travesía, anti lluvia, anti viento, anti frio, anti calor, anti baratas, anti rozaduras, ¿anti fango?.
Milagrosamente y sudando a chorros alcanzo la remota y escondida terraza donde están trabajando bestia y hombre, a unos cincuenta metros de la carretera que parecen cincuenta kilómetros.
Me acerco, charlo con el tipo, me sonríe y le sonrío. Con su permiso empiezo a hacerle fotos. Me acerco. Me acerco un poco más. Dijo Capa que una foto no es lo suficientemente buena si no estás lo suficientemente cerca.
Muy listo el Capa. ¿Alguna vez le preguntó a un carabao maleducado y harto de currar, metido en el fango hasta las trancas?. Lo dudo.
Al tercer recorte de distancias –ya le huelo el aliento a la embadurnada bestia- el bichejo decide que es suficiente y me escupe una masa de fango, babas y no sé qué más viscosidad, que dejan mi cámara como las gambas encamisadas y mi cara y manos por un estilo. Nos miramos con la seria intención de no volver a vernos jamás y regreso al coche haciendo equilibrios, con cara de gilipollas. Torpe, ya lo sé.
Limpio mi cámara, le curo las heridas y con su habitual y bondadosa condescendencia me perdona. Le he acariciado tanto el botón del obturador – este botón es como el punto “g”  de las cámaras- que no tardamos en olvidar el desgraciado incidente, envueltos en manoseos y caricias. Además, ella me conoce y sabe que mi torpeza es todo corazón.
Regresamos a la carretera y en menos de cien metros ya estamos otra vez. A toda ostia, surcando baches y rocas, esquivando cabras, niños, ciclistas y carabaos en paro. Ras, Ras!!! derecha! Ras….
El paréntesis parece haber acelerado el estrés de Eldmor. Cruzamos una pista de básquet – el deporte nacional filipino- cuyas canastas están en una  y otra cuneta de la carretera, donde juegan alegres unos jóvenes. Cierro los ojos para no ver la matanza y cuando los abro una gallina sobrevuela con cara de susto el capó de nuestro bólido. Izquierda, ras!!, derecha, ras!!. Los muchachos continúan encestando como si tal cosa.

Mientras tanto, al girar la vista hacia las gentes que pueblan los bordes de la pista, veo como en sus caras se lee un rotundo: “cabrón, míralo como va el blanquito, ahí en su cochazo, tan cómodo y relajado, con su aire acondicionado y sus cristales tintados.”
Pero la verdad es otra. De relajado y cómodo nada. El aire acondicionado es verdad, pero en una de las curvas me parece haber visto un pingüino saltar desde el asiento trasero, donde el doctor Oscar –mi acompañante, experto en nutrición- lleva dos horas debatiendo sin que nadie le atienda. La cabeza me va a estallar a causa de su ininterrumpida conversación. Le he localizado el interruptor pero sólo tiene posición  “ON”, el muy cabroncete. Así que me aíslo sensitivamente y me dedico a esquivar mentalmente gallinas y cabras como quién cuenta ovejas para dormirse. También son dos las horas que  llevo meándome, pero si hacemos otra parada tal vez Eldmor accione una palanca y de la parte de atrás de nuestra pick up salgan unos turbos y unos alerones para acelerar más, si cabe, nuestra marcha. Mejor aguantar.
La experiencia la vivo al compás de Hotel California y otros grandes hits de The Eagles, que suenan sin pausa en el sicodélico “loro” de Eldmor.
Agarrado a mi asiento pienso que no todos los días van a dejar una de arena. Hoy es de cal. Todo marcha bien, no hay hambre, ni guerras, ni violencia frente a mi cámara. 
Tan solo la incerteza de saber si llegaremos a la próxima curva.
Hoy es un buen día…

“ON A DARK DESERT HIGHWAY
COOL WIND IN MY HAIR…”
“…WELCOME TO THE HOTEL CALIFORNIA.”
“SUCH A LOVELY PLACE,
SUCH A LOVELY PLACE…”



 

viernes, 16 de marzo de 2012

CRÓNICAS FILIPINAS II: El libro de Roey.


© FOTO Alfons Rodríguez. El libro de Roey, así es como llamaría yo esta fotografía.

El tipo me grita de muy buen rollo -llamándome para que me acerque- diciendo que el café y el desayuno están listos. Lo hace desde debajo de un cobertizo junto a una casa en ruinas.
Yo asiento y le hago un gesto con la mano, como indicando que ya subo. En un momento. Dejo de filmar y me acerco hasta el nuevo hogar de Roey Siclot. Pero yo estas dos cosas  aún no las sé. Ni el nombre del paisano ni lo del nuevo hogar. Por llamarlo así, generosamente.
Lo primero que hace es estrecharme la mano y agradecer mi presencia con una cámara en medio de toda aquella mierda. Lo segundo es servirme un capuccino instantáneo que me sabe a gloria y a continuación me pide disculpas por tener cada plato, cada taza y cada cubierto de un color y un tamaño diferente.
Joey tiene 33 años, justo el tiempo que ha tardado en conseguir todo lo que tenía hasta hace unas semanas. Para que luego, en una noche, el agua se lo lleve todo. “Los platos de colores es por que me los han dado los vecinos o alguna oenegé que ha ayudado un poco”, me cuenta Roey.
La casa que el construyó codo a codo con su mujer ya no existe, de hecho se levantaba sobre la plataforma de hormigón agrietado desde donde yo estaba mirando la devastación circundante. El resto, paredes, techo y todo lo demás en el interior se ha pulverizado por el Sendong.
“Sobre las 21.30h tuvimos que abandonarlo todo, el agua ya nos llegaba por el pecho y no podíamos aguantar más su envite ”. Bebo un sorbo de capuccino y anoto. Bebe, él,  un poco del suyo y sigue narrando: “Tuvimos suerte, mi mujer y yo escapamos en la dirección correcta, los que lo hicieron hacia Iligan cayeron en un remolino mortal de agua, fango, arboles, rocas y escombros”. Ahí es cuando se atraganta un poco y su mirada delata una violenta angustia. “Vimos cuerpos flotando, sin piernas, sin brazos, sin cabeza… el gigantesco remolino era como una trituradora terrible.” Remuevo mi capuccino y me lo acabo de un trago, no puedo seguir bebiendo, pero tampoco me atrevo a dejarlo en la taza de colorines. Por respeto a alguien que da algo pero que no tiene nada.

Sigo el macabro paseo.
Veo unos dibujos en una tienda de ACH/UNICEF, en la que tratan el trauma de las madres afectadas por las inundaciones. En las hojas de papel se ven aguas turbulentas con gente subiéndose a los árboles y cuerpos flotando por todas partes. Se oyen los gritos en aquellos silenciosos dibujos.
Maldita sea mi estampa. Yo el 16 de diciembre estaba con las compras navideñas. Ellos viéndolas venir. No es que me sienta culpable. Es que me siento impotente.
¿Alguna vez le habéis mirado a  la cara a alguien que ha visto la muerte y el terror en sus narices, que lo ha perdido todo –TODO- en unos minutos y que imagina un futuro igual de negro que el presente?. Es jodido.

Huele mal en la bahía de Iligan. Me meto entre los escombros y alcanzo la playa. La arena está cubierta por enormes troncos y ramas de árboles llegados con la tromba de agua, desde las lejanas montañas. Fruto de mi torpeza me meto en un especie de arenas movedizas hasta las rodillas. Me cuesta salir. Cuando lo hago huelo a demonios. Aquello no era sólo agua y fango. Me cabreo, pero se me pasa al momento cuando veo un libro sobre un tronco. Las hojas pasan solas por efecto de la brisa. La escena es tan bucólica como dantesca pero el simbolismo me arranca una sonrisa. El viento ha hecho pasar página. Un nuevo capítulo. Como la vida que se abre camino sólo con el empuje del viento y la persistencia del ser humano de buena condición. Espero que Roey y su familia pronto pasen página, y que en los siguientes capítulos no haya tormentas ni aguas asesinas.
Ni gobernantes que miren a otro lado.

Nota: Por favor, no dudéis que el libro estaba allí, sobre el tronco. Como si fuera un milagro. Papel seco entre tanta agua. Yo no lo puse para la foto y al menos nadie lo hizo mientras yo estaba en la zona.
 

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

domingo, 11 de marzo de 2012

CRÓNICAS FILIPINAS I: Ayer tuve mala suerte...


"2012" la película. A los habitantes de Tibasa, en Filipinas, se les ha hecho realidad.

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


El dilatado tiempo de vuelo entre Barcelona y Manila me sirve, entre otros menesteres, para darle vueltas a muchas cosas. Reflexiones trascendentales unas e irrelevantes otras. 
También me permite leer el libro de un colega con el que me marqué un curro hace poco. Fue en Guatemala y el colega se llama Arce, Alberto Arce. Su libro, Misrata Calling,  ha abierto mi mente a ciertas reflexiones, que tal vez comente en este blog en alguna ocasión futura y que seguro que comentaré con él cuando sea el momento. Y no es por quejarse -como me escribe Alberto en la particular dedicatoria de su libro- de una enfermedad crónica que nos acompañará hasta la hora de la siesta, pero esas reflexiones tienen que ver y mucho con esta puta profesión con que se nos ha bendecido y maldecido, al mismo tiempo, a algunos.
Si dejamos los prólogos para los libros y vamos directamente al grano –con pus en este caso- les diría que ayer empecé a trabajar en Mindanao. Les diría, además, que ayer tuve mala suerte.
Y les diré, efectivamente, que ayer tuve mala suerte. 
Porqué mala suerte es tener que ver lo que vi aunque yo lo haya escogido de ese modo. Un bonito paisaje, un bello emplazamiento tropical, rodeado de suaves colinas tapizadas de verde por el que discurre un tranquilo rio de aguas a simple vista transparentes y de las que, eso si,  hay que desconfiar. Un pacífico paraje en el que hace apenas diez semanas se levantaba un pueblo de unas 500 casas y 500 familias. He utilizado el pasado al conjugar el verbo levantar. Deliberadamente.
Una Tormenta tropical, la Washi, aquí conocida como Sendong, se llevó por delante el pueblo entero y a muchos de sus vecinos -en toda la zona 1.400 muertos- junto con sus historias de vida ahora archivadas en legajos sucios de fango con forma de plato roto,  botella vacia, sujetador rojo, cartera escolar de niño, camiseta de Superman, bota de agua cursi, la mitad de una letrina, cepillo de dientes y un largo etcétera de cosas por el estilo.



  Una niña sin escolarizar, en el campamento de desplados por el Sendong.  Dibuja, junto a un amigo la casa que perdió por la impasible crueldad de la tormenta.
© Foto Alfons Rodríguez

Un niño, con casi la edad de mi hijo y que se llama como yo rebusca, entre las tumbas de las ahogadas historias de vida, pequeños trozos de metal para revender. Es parco en palabras, pero es que allí y ahora hay poco que  decir. Basta con echar un vistazo superficial para  darse cuenta. En el barangay –pueblo- de Tibasak, así se llama lo que queda del enclave, se han acabado las palabras y en muchos casos la ilusión y la alegría.
Ahora sólo queda un páramo en el que la humedad ha hecho crecer las malas hierbas y en el que el fango se ha convertido en el manto que cubrirá para siempre la esperanza de muchos miles. Un amasijo de polvo, escombros, fango, restos de objetos íntimos  y miedo. Mucho miedo a la próxima vez que el cielo entero caiga de nuevo sobre aquellos que han sobrevivido. Para que nos entendamos: que llueva sobre mojado.

Me contaban unas vecinas que  la gente se subía desesperada a los árboles cuando el agua empezó a llegar al cuello, que los tejados volaban cual cometas al viento y que un perro negro salvó a una niña de 6 años para después morir exhausto en una orilla cualquiera. Una de esas vecinas, con lágrimas que no filmé ni fotografié, me decía que su hermano todavía no ha aparecido. Quise decirle “ni lo hará, señora, acéptelo, lo siento mucho...”, pero me faltó valor. Es uno de los 1.400.

Rebuscando, como perro hambriento pero con cámara fotográfica, por entre los restos para poder después explicar que triste y sórdido es aquello, encontré una casa enterrada en el fango. En una de sus habitaciones había un armario y en su estante un DVD de la película “2012”, un tostón catastrofista que explica como se acaba el mundo según los mayas, sin haberle preguntado a los mayas. A la entrada a la casa, cuyo dueño se llevó el agua, otro DVD semienterrado dejaba entrever la cara de Nicolas Cage. Es el disco de la película WTC, que narra los hechos del ataque terrorista a las Torres Gemelas de NYC. Todo desgracias, vaya. Unas de verdad, otras de mentira. Unas lejanas y otras de antes de ayer.
Lo que para unos es Hollywood y palomitas para otros es el final, terrorífico y real, de una existencia ya parca en alegrías por si misma.
Y mientras, el Aquino de turno envía kilitos de arroz - uno por semana y familia- para alimentar el desaliento y la desesperanza. Porque otra cosa ya les digo yo que no alimenta. Me cuentan otros lugareños que nadie a  venido a preguntar o a explicar nada y que aquello de “ya se lo harán, tú, a mi que me cuentas” parece ser aquí la muestra típica de solidaridad. Suerte a las ONG que vuelven a estar, una vez más, donde tienen que estar. Y esto es mi opinión, que conste. Aunque yo opino despues de ver, preguntar y  constatar. Eso si que lo tengo.




La gigantesca estructura de acero y hormigón armado de la bomba que suministraba agua  a toda la región se quebró como si fuera de papel por la fuerza del agua. Durante más de 2 semanas decenas de miles de personas no tuvieron agua corriente.
© Foto Alfons Rodríguez


Ya estoy hasta los mismísimos de ver una y otra vez lo mismo. Gobiernos del Aquino de turno que anuncian en las páginas de sus diarios de papel mojado como crece la economía, como se construyen carreteras y se levantan rascacielos que lo flipas. Coleguita.
Como se obtienen beneficios de la minería, como se ha cambiado la flota de vehículos de los ministros y como se edifican malls que parecen centrales de la NASA. Como muchos vejestorios adinerados, con pelucos de oro, salen de sus carísimos bólidos con veinteañeras tope fashion de pago y como los niños piden pasta en los semáforos. Joder. ¿Y qué pasa con la gente de Tibasak?. Que hay muchos Tibasak en el mundo y ningún gobierno se acuerda de ellos.

Sólo añadiré que Filipinas es el país más castigado del mundo por desastres naturales, entre volcanes, tifones, tsunamis, terremotos, tormentas tropicales y toda esa mandanga. Son 7.107 islas que no han escogido estar donde están y que la Tierra no la ha inventado ni diseñado nadie. Es así y su metabolismo geológico devora lo que se le cruza en el camino. Tampoco han escogido vivir allí los filipinos que lo hacen. Tal vez no puedan irse, no tienen esa suerte.  Y, además, es que es su tierra y punto.
Por ello y ya que aguantan, nunca mejor dicho, el chaparrón día si y día también, que costaría ser un poco más solidario, rápido y resolutivo, se lo digo a usted, -que sé que no me oye pero que  tampoco me escucharía si lo hiciera- Señor Benigno Aquino. Haga honor a su nombre y acuérdese de los vecinos de Cagayan de Oro y de Iligan. Que usted tiene paraguas, pero ellos no pueden ni siquiera  comprarlo. 
Al fin y al cabo es una cuestión de ricos y pobres. Como casi siempre.



 

jueves, 8 de marzo de 2012

CAJA AZUL VI: STREET PHOTOGRAPHY. Entre el costumbrismo y el documentalismo.


Caja Azul 6 from Obtura.org on Vimeo.



El encuentro tendrá lugar el próximo 24 de marzo a las 16.00h,  en el Pati Llimona en el marco del PICS 2012 organizado por el centro.

Tras el éxito de anteriores ediciones, Caja Azul se abre de nuevo para debatir sobre street photography. En esta ocasión nos acompañarán Txema Salvans y Marcelo Caballero por parte del colectivo Calle 35. Bajo el subtítulo “Entre el costumbrismo y el documentalismo” abordaremos el estado actual de la street photography en España y los aspectos históricos de esta disciplina.

 La práctica de la fotografía en espacio público es una forma de expresión estética que forma parte del testimonio documental de una época. Tambien supone una forma de reivindicar la vía pública como espacio social perteneciente a la ciudadanía. El street photographer no va a la búsqueda de una imagen concreta, sino que espera ser sorprendido por ella. El street photographer es un vagabundo que plasma su onírica percepción del mundo con fragmentos de realidad, con momentos decisivos vistos y extraídos de donde muchos otros sólo miran. No hay modelos ni set de luces, no hay ni situaciones de conflicto ni celebraciones prefijadas. El street photographer no sale a cubrir una noticia, más bien transita las calles para verse desbordado e imbricado en la fugacidad de un pequeño gesto o en el discurrir de un acto cotidiano. Es un improvisador nato pero pertrechado con una mirada escrutadora, capaz de atrapar en un frame el detalle que pasa desapercibido al resto de las personas que le rodean. La street photography se alimenta de la rutina urbana y del azar, es una crónica de la fugacidad del presente enmarcada entre el anonimato de la población habitante y la dinámica asfáltica de la ciudad. En esta sexta edición de Caja Azul trataremos la fotografía en espacio público desde la perspectiva de Txema Salvans, uno de los grandes documentalistas del país, y de Marcelo Caballero, miembro fundador de Calle 35 y uno de los grandes teóricos de la street photography.

Para más información e inscripciones consultar la página http://caja-azul.org/

viernes, 27 de enero de 2012

LA ALACENA HISTÓRICA: KODAK Y KENYA, 20 AÑOS DESPUÉS.


(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

Kenya 1990

Esta sencilla imagen fue tomada cerca de la Reserva de Samburu, en Kenya, hace más de 20 años. Mientras Sadam Hussein invadía Kuwait y Bush padre se relamía con el advenimiento de la Guerra del Golfo Pérsico. No olvidaré nunca que el piloto del avión que me llevaba a Nairobi me comentó, en una breve charla a la salida de la aeronave, el acontecimiento: " Irak acaba de invadir Kuwait..." creo que era el 2 de agosto de 1990.
Utilicé un rollo 135/36 de negativo monocromático TMAX 400 de la marca Kodak. La misma marca que ha entrado en bancarrota este mes de enero 2012. No hubiera podido creerlo si me lo hubieran dicho aquel lejano verano africano. Hoy es un hecho y además algo que nos tomamos con una normalidad que asusta. 
Es el fotograma 26 y antes y después de este, apenas hay uno o dos disparos de escenas diferentes con los dos  mismos  niños. Además son sólo imágenes parecidas, ni una es idéntica o casi idéntica. Hoy seguro que tendría varias de un mismo segundo en el tiempo, para evitar ojos cerrados, reflejos, etc.
El negativo no está en muy mal estado y apenas le he tenido que corregir - con Photoshop -  unos arañazos y unas pocas motas de polvo incrustadas a la imagen escaneada. No todo es malo en el digital. En aquellos tiempos hubiera utilizado un pincel ultra fino  y tinta china con diferentes grados de disolución en agua para conseguir las escalas de grises necesarias y retocar o corregir los defectos. Métodos diferentes, pero el mismo fin.

lunes, 9 de enero de 2012

EXPOSICIÓN Y MASTERCLASS EN SARAJEVO


Toda la información sobre la exposición retrospectiva en Sarajevo " A Portrait of Life" y mi participación en el POY de Bosnia y Herzegovina en este enlace.

Gracias.

martes, 27 de diciembre de 2011

FOTOGRAFOS INDEPENDIENTES: AUTOBOMBO O MARQUETING CASERO

 Imagen casera y supuestamente cutre de autobombo casero, realizada con un boli Bic y una libreta de promoción. Ideada, creada, escaneada y puesta en página en pocos minutos. Salió muy barata y estoy orgullosa de ella.

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

Internet, un invento militar que tras su popularización ha servido para muchos usos. Buenos y malos. Desde una declaración de amor a gestar la revolución de un pueblo, pasando por alimentar familias hambrientas, robar o crear las mayores fortunas privadas del planeta. Paradójico, ¿verdad?.
En nuestro caso, el de los fotógrafos independientes -que somos más dependientes que nadie-, Internet ha supuesto una herramienta ciertamente útil y controvertida. Además de barata.

Esta entrada está dedicada – con todo el respeto-  a aquellos que se etiquetan, o que son etiquetados por terceros, como la élite del fotoperiodismo. Figuras entronadas que se forjaron un gran nombre porque vivieron una época y unos acontecimientos que sirvieron para poner en bandeja de plata una carrera no exenta de méritos, pero surgida, eso si, en un momento dulce de la profesión. No como ahora. Fotógrafos o fotoperiodistas aquellos, también periodistas, que merecen todo el reconocimiento por su talento y tesón. Exactamente el mismo reconocimiento  que merecen los que han empezado en Libia o en Siria, hace pocos meses. El mismo que aquellos que ahora están todavía en las escuelas, soñando y trabajando duro. Recuerden, amigos,  que no somos inmortales.

A la vez, está dedicada a aquellos compañeros de profesión o personas relacionadas con el “mundillo” que hablan de exceso de ego, cuando sólo es un intento de salir adelante, todo aquel acto –yo incluido- en el que los freelancers nos autopromovemos o compartimos lo que hacemos a través de las, infravaloradas y menospreciadas por muchos, redes sociales o Internet en general. Va por ellos.

En algunos aspectos de esta entrada hablo por mi, en otros en defensa de aquellos compañeros que han sido atacados. Yo no he sido fustigado públicamente, al menos que yo sepa, por este motivo; pero me consta que muchos otros si.
Me estoy refiriendo a publicar en Internet, en blogs, redes sociales y demás herramientas del siglo XXI nuestros trabajos, logros, exposiciones, publicaciones, entrevistas y todo aquello que contribuya a  difundir y dar a conocer nuestra labor. Tras lo cual hemos sido  tildados o “acusados” de realizar una suerte de casposo autobombo, cuando en realidad no es otra cosa que la más sana y humilde de las formas de realizar marqueting. Marqueting casero, amigos. Publicidad humilde, señores.

Para aquellos que han valorado tan desafortunadamente esas acciones, debería bastar con recordarles que es si no el hecho de dar una conferencia, invitado para hablar de tu trabajo, o que es, tal vez, realizar una exposición con tu obra, o conceder una entrevista a una radio o televisión, o que utilicen tu imagen para promocionar o publicitar una cámara fotográfica o calzado de “aventura”. Situaciones o hechos todos muy abundantes en la carrera de un fotógrafo célebre o famoso. ¿Autobombo o difusión legítima de su trabajo?.
Yo,  escribiendo con toda sinceridad, que he participado de ambos sistemas, el de entrevistas televisivas y charlas ante una interesada audiencia y el de colgar en Facebook donde expongo mi próximo trabajo, yo que he publicado mis fotos en medios internacionales y en mi humilde blog, que he aceptado cámaras, bolsas y botas de Goretex marca “ la ostia, tú”, promulgo desde esta entrada bloggera que para que seguir con dolor de cabeza si ya se inventó la aspirina, que para que pasar frío si hace miles de años que nuestros antepasados descubrieron el fuego. Que para que tenemos  que esperar a un reconocimiento póstumo si se  nos puede reconocer en vida, que es cuando mola. Que conozcan nuestro trabajo significa que podemos seguir trabajando.
Por todo ello,  me gusta cuando un compañero de profesión expande a los 4 vientos cibernéticos que ha publicado allí o aquí, que le han dado un premio o siete, que su trabajo salió en la CNN o en TV3. Pues claro que si. Hacerlo así es barato, llegas a quién le interesa de verdad, lo dices como te da la gana y consigues poder seguir haciendo lo que te gusta y lo que es necesario. Las cosas, bien hechas, no tienen que ser entendidas malamente.
El problema entonces radica en el receptor y no en el emisor. La vanidad profesional, en su justa medida, es buena. Si nosotros no reconocemos nuestro trabajo, no es fácil que otros lo hagan. Además, una cosa es decir que has publicado en el New York Times, punto y otra es decir que has publicado la mejor foto del mundo hecha por ti, el mejor fotero del Universo, en la revista municipal de Cantalejo de Villalmagro de abajo, provincia de Almuadén de los Riscos.
Y ahora, a todos aquellos que estén interesados en ver que más escribo y fotografío les invito a hacerse seguidores de mi blog. Bom, Bom, Bom, chin, chin, chan, pum!!!!.

Y ahora a seguir currando, que nadie me va a regalar nada…

Email de aludidos: armphoto@armphoto.com