w a l k o n e a r t h es el lugar donde desahogo mi conciencia y aplasto mis frustaciones. También lo hago en otros lugares, pero me pagan por ello...



lunes, 11 de julio de 2011

SR. BRANGULÍ, ENCANTADO DE CONOCERLE !

El pasado sábado tuve una curiosa experienca.
Viajé al pasado contemplando unas fotografías. El piloto de tan entrañable y crudo viaje fue Josep Brangulí Soler. Fotógrafo. Observador objetivo por encima de todo. Visto lo visto.
Recorrí calles, plazas y lugares que me resultaban familiares. Era una Barcelona lejana y distante pero familiar. Siempre he deseado pisar esta ciudad, mi ciudad, en esa época (Primera mitad siglo XX). Fue la época en que la pisaron mis antepasados conocidos en persona. Abuelos, padres, tios, amigos...
La exposición es un acierto en todos los sentidos y bajo mi punto de vista. Recuperar ese legado, esa mirada, esa época y esa memoria era algo imprescindible. Por eso,  gracias a todos los que lo han hecho posible. En especial a los amigos de BARCELONA PHOTOBLOGGERS, por la nota interactiva y por su profesionalidad.
La muestra recoge 300 imágenes del autor (tomadas entre 1909 y 1945) en Barcelona y provincia;  y apenas vista la primera sala ya estás cayendo de cabeza y sin control hacia el pasado. No voy a desvelar todo lo que se ve y se siente en la exhibición (mejor hacedlo por vosotros mismos) pero adelantaré que todavía hoy siento emoción cuando tecleo estas breves líneas.





CCCB HASTA EL 23.10.2011
Toda la información en www.cccb.org 
y más: www.brangulivaseraqui.com


Aquí os dejo unas imágenes captadas por mi en BCN, hace sólo unos años...por desgracia. Son lugares que pisó y fotografío Brangulí. Lo sé, él estuvo ahí.




 
(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

martes, 5 de julio de 2011

VÄRMLAND, LA SUECIA SOÑADA.




  (C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


 Dicen que uno va a Escandinavia a ver nieve, hielo y auroras boreales. Dicen que el invierno es una larga noche. También dicen que sus costas del Mar Báltico son acariciadas por un agua helada que invita a permanecer en la orilla. Se habla mucho de la Laponia Sueca, del Gran Norte, de Estocolmo, Göteborg o Upsala. Novelas negras, IKEA o Volvo. Pero que ocurre con Värmland?.
Hay pocos paisajes más bellos que los cubiertos por nieve. Caminar por un lago helado es una experiencia increíble y presenciar una aurora boreal en el firmamento debe ser algo así como tocar el cielo con tu mirada. No hay lugar más indómito que el mar en invierno y los sami son un pueblo único, un tesoro de la impersonal Europa.






Sus ciudades son tal ejemplo de urbanidad, habitabilidad  y civismo que muchos quisieran. Su fuente literaria parece no agotarse, Volvo siempre ha sido el coche más seguro en la carretera e IKEA ha ayudado a millones de familias a tener un hogar bueno, bonito y barato. Aunque luego siempre sobren tuercas y tornillos de nombres impronunciables. Pero, y qué pasa con Värmland?

Värmland es la Suecia soñada. Y Desconocida.  Una región tapizada con bosques de cuentos y leyendas. Lagos inmensos que parecen mares pequeños. Pueblos idílicos, amor al arte y a la vida. Naturaleza insospechada en el sur de Escandinavia. Allá donde la palabra termómetro, se pronuncie en el idioma que se pronuncie, indica un clima benigno en el suave verano y forja amistades duraderas, en la larga noche con sol. Una época especial, mágica y de matices alucinantes, una noche que se alarga con vodka al calor de un baño de aguas calientes, bajo el cielo y al abrigo de una sauna de intenso olor a pino.
Envidia es una palabra malsonante pero eso es lo que cualquier hombre debería sentir de forma sana hacia los suecos, en masculino. La belleza de sus mujeres debe ser comparable sólo a la de sus hombres, si quién mira es una mujer. Un carácter abierto que le debe dar a Karlstad, su capital, un lugar entre los mejores enclaves para vivir de Europa. Una ciudad pequeña, manejable, cálida en invierno y suave en verano. Repleta de parques y canales, a orillas del lago Vänern, el  más grande del país y el tercero en tamaño de todo el continente. Si alguien dudara debería probar. Como yo hice. Porque Värmland es la Suecia soñada. No me cansaría de repetirlo.









ESPERO QUE  TE SEA ÚTIL:

www.ryanair.es Esta compables﷽﷽﷽﷽﷽﷽ecios increo de una saes desde Gironara vivir de europa mujele a la de sus hombre si quiel cielo y al abrigo de una sañía mantiene varios vuelos semanales desde Girona directos a Karlstad. A unos precios increíbles: desde 10.-€!
www.arvikacanoe.se Si quieres disfrutar de la naturaleza de forma activa y surcar sus lagos y ríos, este es el lugar donde acudir: Arvika. El simpático Luc Dodeman, su dueño, acaba por ser tu amigo de toda la vida.
www.cafeaugust.se Un jardín exquisito y un salmón exquisito. No puedes ir a Suecia y no probar su salmón. En Karlstad.
www.kjellobolas.se En Karlstad, los mejores helados de la ciudad con vistas al lago.
www.3kok.se También en Karlstad, el mejor de sus restaurantes. Hay que probarlo.
www.sliperietborgvik.se Quieres comprar algo original y de calidad? Autores suecos en un entorno idílico: la aldea de Borgvik.
www.elite.se El hotel Elite Stadshotellet de Karlstad es una gozada. En pleno centro a un paso de todo y recién remodelado.
 www.scandichotel.com El Hotel Scandic Winn, la combinación perfecta de calidad y precio. En el centro de la ciudad y con un magnífico desayuno!!


Más Información general:
www.destinationkarlstad.se

Más detalles sobre la región y mapas: (CLICKA EN EL ENLACE)


INTRODUCCIÓN





jueves, 23 de junio de 2011

JAVIER ARCENILLAS Y SUS SICARIOS



(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.
Realizadas con iPhone 4.


Ayer visité la expo de un colega en PhotoEspaña 2011, en Madrid. Y la visité con un colega. Ambos  son la misma persona: Javier Arcenillas. Vaya, una suerte.
No me tienes que temer a mi, sino a quién me encarga que te pegue un tiro en la cabeza”, le decía un sicario a Javier durante la realización de este magnífico, dramático y espectacular trabajo. Fue un lujo escuchar frases como esta y anécdotas de los labios de Javier. En vivo y en directo.
Cuando has estado ahí, has vivido aquello y traes ese tipo de testimonio gráfico cargado de realidad y crudeza, para los demás lo vean y opinen te lo juegas todo a una carta. Ganar es el equivalente a seguir siendo una persona cuerda e íntegra. Lo contrario es perder el norte. Javier ha ganado. Y espero que lo siga haciendo.
Espero seguir encontrándolo en el camino y desde aquí reitero las gracias que ya le di a él, pero ahora públicamente. Un gran tipo el Arcenillas. De Bilbao. Diplomático, humanista y fotógrafo. Buena persona. De los que pagan la siguiente ronda. Además de socio en una gran aventura: GEA PHOTOWORDS.
Que  todo lo hablado se haga realidad.

La próxima corre de mi cuenta.


 Imágenes captadas en la exposición de Javier Arcenillas.


 

martes, 24 de mayo de 2011

ALACENA HISTÓRICA: SE ACABÓ LA MÚSICA.


 
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Alguien acabó ayer con la música de una forma brusca y violenta. Cuando digo ayer quiero decir hace casi 3 lustros, en la noche pasada. Rondaba aquel día con indecisión y precaución. Siempre que paseaba por aquellos barrios acababa con mano ajena en los bolsillos. Borrachos alimentando palomas. marineros que esperan en los soportales y vecinos de regreso. Era temprano.
Eran tiempos "postolímpicos" y no mejores. Sólo pasados. Levantas la cámara aquí y allá. Disparas por allá y por aquí. Se acaba el rollo y lo cambias en un periquete. Papel baritado brillante y luz roja.
Se añoran los tiempos y las prisas. Las pocas prisas. Noches de música y Don Simón. Veladas de bancos y diarios de papelera. Imaginen ustedes.

Con la noche llega el hastío. Con el hastío llega la discusión. Con el vino se frena la comprensión y la tolerancia. Y acaba pagando la inocencia. La armonía. La música.


Es el hombre quien frena la música, igual que frena los abrazos. Se rompen entonces los lazos y el latigazo hiere para siempre.

Nota: Imagen escaneada de copia de papel baritado brillante (marca desconocida) Película B/N (sin determinar). Año aproximado: 1995-1996. Lugar: Plaza Real de Barcelona.




miércoles, 11 de mayo de 2011

PREMIO EN LA CATEGORÍA ARTES PARA UN SERVIDOR

 Una imagen de la escultura de Xavier Corberó | Premio Pont a las Artes
(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

El pasado día 6 de Mayo la ciudad de Esplugues, su Ayuntamiento - representado por la alcaldesa Pilar Díaz-,  representantes de la Generalitat de Catalunya y la Universidad de Barcelona entre otras personalidades me honraron en un acto público, celebrado en dicha ciudad, mi ciudad, con un muy significativo galardón: el Premio Pont d' Esplugues a las Artes. Una bella y exclusiva - además de pesada- escultura del reconocido escultor Xavier Corberó, que ahora luce brillante en mi estudio. Corberó tiene su residencia en Nueva York pero su estudio-taller permanece en Esplugues, su ciudad. Su obra forma parte de los museos más importantes del mundo como el Metropolitan de NY o el Victoria and Albert Museum de Londres y se expone en importantes colecciones privadas de todo el planeta. Fue amigo íntimo de Dalí.
Los Premios Pont d' Esplugues se celebran desde 1997 y en ellos han sido galardonados nombres como Lorenzo Milà, actual corresponsal de TVE en Washington u Oscar Jaenada, ganador de un Goya y que acaba de realizar su última película, la cuarta entrega de Piratas del Caribe junto a Jonhy Deep. Además por supuesto de muchos otros merecedores a lo largo de estos 14 años.
Resulta gratificante recibir premios, pero en esta ocasión fue además una gran sorpresa. Por dos motivos principales.
En primer lugar, a los premios Pont no te puedes presentar, un comité presenta tu candidatura sin que tú lo sepas y un jurado evalua si eres merecedor o no. De ahí la sorpresa, pues sin saber que era uno de los premiados, fui invitado al acto, al que acudí inocentemente y casi recién aterrizado de Oriente Medio. Al oír mi nombre en boca de la presentadora y del Rector de Universidad de Barcelona, el Sr. Didac Ramírez no reaccioné, simplemente por que no lo esperaba y menos en la categoría Artes. Esa es la segunda sorpresa. Nunca antes me había planteado que mi trabajo fuera considerado arte. Y así lo dije en el breve e improvisado discurso de agradecimiento ante una sala atestada de asistenes al acto. Este es más un premio a la profesión de fotoperiodista y a la labor que desempeño que a mi persona o mi a mi capacidad artística.
Agradezco enormemente al jurado y a los que creyeron que yo merecía este premio su concesión, pero sobre todo agradezco que lo sitúen a la altura de arte. Hacer cosas útiles y además bonitas es algo que me enorgullece humildemente. Si es que ambos conceptos se pueden dar al mismo tiempo.

Gracias a mi ciudad y a los que sufren en silencio mis ausencias.

jueves, 24 de marzo de 2011

75, UN NÚMERO REDONDO COMO EL PLANETA.


 Escocia, Islas Orcadas. Una larga carretera que se pierde en el horizonte. Eso es la vida y eso es viajar.

(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.


Hace más de 27 años, cuando, con apenas 16 años, me fui con unos amigos a Alemania, no podía ni imaginar como iba a cambiar mi vida aquel viaje.
Después y hasta el día de hoy no he podido detener esa ansiedad de viajar. Ni ganas. Seguiré así hasta el último viaje, que como decía Machado será ligero de equipaje. Hasta que la palme vaya.  Que si algo es certero es eso: el último viaje. Billete de ida y punto, como acostumbran los buenos viajeros. Dicen.
En estos días que corren en el taco del calendario he cumplido 75 países. O Estados o como quieran llamarlos los señores de las Naciones Unidas. Por hacerlo oficial. Viajes he realizado muchos más y de naciones, pueblos y culturas ni les cuento. Digan lo que digan los de las fronteras y los visados. Si hubiera podido llevar en mi mochila una goma de borrar fronteras, ni les cuento el destrozo que hubiera montado por ahí. Entre foto y foto.
Antes de continuar les anoto, aunque no lo pidan, que no colecciono países. No me malinterpreten, que no soy de esos. Por ello no cuento ni los aeropuertos, ni los tránsitos, ni esas milongas que otros si ponen en el atillo. Tampoco cuento las repeticiones de jugada, que se suman ya por docenas. Yo prefiero vivir la vida como me gusta: viajando y sin llevar las cuentas. Hasta ahora, como es evidente. Y es que un día es un día.
Tampoco hubiera escrito esto si no es por el empujón de buen rollo que me dio una amiga, editora gráfica ella y que muchos de ustedes conocerán sin duda. Me dijo un día: 75! Eso hay que celebrarlo!. Y aquí estoy, celebrando. Gracias MR.

Son  más de 120 viajes a 75 países diferentes y alguna nación de aquellas no reconocidas. Cuando acabe este 2011 pasaré de los 80 si todo sigue su curso como está previsto. Nunca he buscado Record Guiness de esos, ni lo haré. Hay gente que ha viajado mucho más que yo. Es evidente. Aunque si hay una cosa que me apunto con orgullo: todo lo aprendido. Por supuesto, seguro que tampoco soy el único que se apunta el tanto.

UNA COSA LLEVA A LA OTRA.
Viajar,  mirar, ver, observar. El virus se hace fuerte. Ya no hay cura posible y una cosa que lleva a la otra. Yo voy para después venir. Tiene sentido lo remoto, exótico y lejano por que en mi vida existe lo cercano y cotidiano. Igual vale una cosa que la otra.
Hubo un día, que ya no recuerdo (no por viejo si no por acumulación de recuerdos, no me sean ladinos ni marrulleros), en que decidí que iría, para después volver y explicarlo. Todo, lo bueno y lo malo. Y entonces voy y me hago reportero, o fotógrafo, o fotoperiodista o como quiera que se llame esta profesión. Maldición y bendición al mismo tiempo. Profesionalicé el hecho de viajar y explicar lo vivido en aquel transcurso. Un viaje único que es la vida. Ese es el viaje verdadero y cada cual decide recorrerlo como le place. Faltaría más.
Me voy más por las ramas que un mirlo detrás de la mirla. Les decía que me profesionalizo. Y que lo hago a mi manera porque no hay otra manera. Para mi, claro está. Yo veo cosas y después las cuento. Miro, veo, observo y fotografío, escribo. Noto que ya no hay diferencia entre una cosa y otra. Viajar y fotografiar, escribir. No hay diferencia entre viajar y vivir. O existir.
Lo bueno y lo malo. Esa es la otra cuestión. Una cosa sin la otra no tienen sentido. Por desgracia. Cosas buenas que me hacen más ligero y cosas malas que cargan mi espalda y mi equipaje con desesperanza y desaliento. Que lo hacen más pesado.

Y aquí vienen las batallitas del abuelo (que dice la frase, no me vuelvan a ser cucos y pérfidos que les veo venir).
He vivido de todos los colores, sabores y olores. Guerras, enfermedades, desesperación, alegría, diversión y esperanza. Personajes alucinantes en ocasiones y tediosos de cojones en otras. Vudú, religión, exorcismos, tristeza, llanto y risas. Prosa y poesía. Trenes, barcos, aviones, helicópteros, burros, caballos, a pie, he perdido la cuenta. Locos, cuerdos, hombres de estado, asesinos, mendigos y multimillonarios. He dormido en parques, azoteas y en los mejores hoteles del mundo. Lugares bellísimos y tierras devastadas. Y no he vivido casi nada.
Todo está por venir, si es que me alcanza, que lo dudo. La vida se hace corta, amigos, si uno se decide a vivirla viajando. Pero intensa. Yo ya hice mi elección.  Resignación y a verlas venir. Mi búsqueda puede haber acabado, pero no mi viaje. Toda una carrera, llena de asignaturas y exámenes. Donde unas veces saqué buenas notas y  otras, suspendí.
En este transcurrir, en el que en ocasiones fui solo y a veces acompañado, también he aprendido a diferenciar a las personas. Magníficas, entrañables e inolvidables a veces. Imbéciles,  crueles y gilipollas otras. Pero siempre ilustradoras. Referencias en las que fijarse para parecerse o para diferenciarse.
He aprendido a tener miedo. Un escudo infalible e inteligente que desarrollas con el tiempo y que se agudiza con la experiencia. Miedo a los demás y miedo por los demás. Nunca de ti mismo. De tus decisiones.
Ese escudo y  mi equipaje bien surtido. Ahí está la clave. Para cuando el camino se hace sinuoso y oscuro, utilizo la luz que despeja las sombras y dudas: son mis otras 2/3 partes. Uno, joven y con todo el mundo por delante, con todo por aprender. Se llama David y es mi hijo, mi continuación. El sabe que para cuando se gasten unas botas deberá tener otras preparadas. Otra, ya no necesita consejos. Sabe y  mucho. Más que yo. Es Yolanda, y no parará nunca. Conmigo hasta el último viaje.

Y ahora a por otros 75.

Sudán del Sur, ciudad de Juba,  24 de Marzo de 2011.

miércoles, 23 de marzo de 2011

CRÓNICAS AFRICANAS. CAPITULO 10 Y ÚLTIMO: CONCLUSIONES DE UN REPORTERO.



(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.
Contemplar Juba, desde el cielo, es como observar el firmamento estrellado. El sol crea puntos de luz intensos en los tejados de zinc, que parecen astros brillando en un cielo gris oscuro. Sol y nubes. Empieza la estación de lluvias. El Cessna de MSF que me devuelve a la capital, bota violentamente entre nubes y aguaceros. Pero James Vernon, el piloto keniata, alcanza la pista de aterrizaje con la suavidad de quién masajea la espalda de un hijo.
Atrás quedan muchas cosas. Desde Chad han pasado cinco semanas pero parecen años. El calor convierte los recuerdos en lejanas sensaciones  imprecisas.
Regreso a Juba con la certeza y la duda. Todo en mi mochila. En mis fotos. En mi mente. Personas tristes, desgraciadas, impotentes unas. Otras ilusionadas, esperanzadas, aferradas al futuro. Con las armas todavía en sus manos.
África no engaña nunca, es impredecible pero no engaña. Es natural, cruda, honesta con la vida y la muerte. Ni falsea ni aparenta.
Sudán del Sur, la joven y vieja nación, es un territorio vasto –imaginen antes de la partición como era- vacío y árido. Cuando lo recorrí por tierra era imperturbable y monótono. Cuando lo hice por aire era sórdido y surrealista. Pequeñas aldeas, en ocasiones media docena de lukus –casas tradicionales- se vislumbraban entre la canícula y el polvo. En medio de la nada absoluta. No se entiende como se puede llegar a vivir en esas condiciones tan extremas. O si.
Nadie en este país ha tenido una oportunidad de verdad. O sólo un puñado entre millones de seres merecedores de una. A algunos de ellos, con sus entornos y contextos, los voy a llevar hasta ustedes. Será un ejercicio de dignidad y de toma de conciencia. Lo será para mí y espero que para todos aquellos que contemplen dichas imágenes en el futuro.
Este proyecto acaba de comenzar. El camino es largo y el mundo grande. Hará falta esfuerzo y tesón. Intentaré poner de mi parte todo lo posible. América y Asia están todavía lejos. Pero no inalcanzables.
Sólo una persona – un joven adolescente- me negó la posibilidad de tomarle una foto en Sudán del Sur. Era un retornado del norte, en Wau. A él le doy las gracias por reflejar la integridad de una nación. A los demás se las doy por representar las ganas de mostrar al mundo quien son y como viven aquellos que no tuvieron la oportunidad de algo mejor.

Mentiría si os dijera que todo ha ido bien. En un viaje así se cometen errores. Es demasiada presión y confusión –la confusão que decía Kapuscinski en su obra “Un día más con vida”-, y para entenderlo hay que venir a África. Impredecible, les escribía hace unas líneas.
El Tercer Jinete, con su caballo negro, hace tiempo que cabalga. Es  responsabilidad de todos hacer que deje de hacerlo.  De lo contrario el Apocalipsis no estará lejos. Es realismo no pesimismo.
Cómo ven, poco o nada les he hablado en mis crónicas de fotografía. Esto va más allá. La fotografía es la alegoría física de las emociones, sentimientos y sensaciones que se experimentan en un camino como el que yo he decido tomar. Deseo que todos y cada uno de ustedes tome el suyo; el que elija y decida. Sólo les pediría un pequeño favor. Un favor que nos beneficiaría a todos: no olviden que muchos no pueden elegir camino, les viene impuesto. Por ley de vida.
Volveré a toparme  con el Tercer Jinete, pero eso será en otro tiempo y en otro lugar.
Gracias por haberme seguido en la distancia.

Juba, 23 de Marzo de 2011.

domingo, 20 de marzo de 2011

CRÓNICAS AFRICANAS. CAPITULO 9: MALDITO EL QUE LO LEA.




 (c) by alfons rodríguez | Prohibido su uso. Do not use.
Alouel, de 28 años desnudó su cuerpo para que yo hiciera esta fotografía. Gracias Alouel.
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La auxiliar de cabina del vuelo de UNHAS (United Nations Humanitarian Air Services) dice que está prohibido fotografiar desde el avión. Joder con las prohibiciones. Me relajo, pues, to be honest, tengo pasillo y como no fotografíe el letrerito de “fasten your seat bealt”, no se yo…
Wau. El norte y los Dinkas. Gogrial. El polvo y el ganado que son la esencia, el alma de este viejo y recién nacido país: Sudán del Sur.
Alouel tiene 28 años, pero parece que va a cumplir los 50, o más. Ella y sus cuatro hijos comen una vez al día, una fruta miserable, el tuk, que sus retoños más crecidos recolectan de entre la maleza. Ahora están en ello, por eso no les llego a conocer. La piel de Alouel es como la de un elefante. Hace un calor infernal.
Jervis tiene que mantener a 8 bocas. Pero no sabe como. Los vecinos les van echando algo al estómago. Cuando hay. Su mirada es de fracaso, de impotencia. La de sus hijos de confusión. De miedo tal vez.
Llego a una aldea y la gente sale corriendo. Me entero  que corre el rumor, infundado claro, de que los del norte van a venir a inyectar veneno en las venas de los del sur. Más miedo. El jefe de Akach me recibe a la sombra de un mango con 50 hombres y mujeres de su aldea. Siempre vemos al hombre blanco, me dice,  pasar muy rápido y muy alto, en el cielo. Hoy es un gran día, ya que uno de esos hombres blancos pisa la tierra que pisamos nosotros. Se ha preocupado por nuestro sufrimiento.
Me quedo de piedra. No sé si llorar o alucinar. Desesperanza y vergüenza. Orgullo.

Amadeo y unos cuantos miles más llevan meses viviendo de la estéril promesa del gobierno. Pero sin agua y sin comida. Sin escuela para sus hijos y sin asistencia sanitaria digna. Vinieron del norte para votar. Para crear un nuevo estado. Tal vez son sólo eso: votantes.
Ahora esperan en Wau. Comer es un lujo. Comer más de una vez al día es una utopía. Es lo que fue, no lo que es. Como el instituto alemán ocupado por el ejército durante la guerra que ahora los cobija. Los ecos de las aulas vacías se confunden con los de los vacíos estómagos.
Aquí los alimentos no caducan. Los atascos de tráfico no estresan. Si la peluquería no tiene hora libre, nadie maldice. No se estropea el aire acondicionado y no se cambia el colchón cada pocos años para cuidar la espalda. Por que no hay colchón. Ni aire acondicionado. El estrés viene con el hambre. Y cada uno se corta su pelo. O se rasca su barriga. Cada uno se lame su herida. Los alimentos no duran el  tiempo suficiente para caducar y si ya están caducados cuando llegan, son como una delicatessen.
Los pastores  trasladan sus vacas armados con kalashnikov, mirando siempre a los lados del camino. Entre pastores y guerreros. Siempre fue así. Pero las cabezas de ganado son la riqueza y el estatus social. No se deben comer, sino la única forma de conseguir otras cosas  se disipa entre el polvo que levantan las reses en el camino. La naturaleza humana y joven me recibe. Tersa y amable, pero distante. Aquí no hay bellos y frescos pastos entre montañas surcadas por riachuelos de agua cristalina. Se bebe un agua sucia que no se diferencia casi en nada de la poca leche que dan las bestias. Agujeros de 15 metros. Que llegan a las entrañas de las corrientes subterráneas y efímeras. Aquí no se puede abrir un grifo y que salga agua potable. No se malgasta, el líquido, mientras se afeitan. O se toman baños de sales.
Cuando amanece, la gente no piensa. Actúa. No se puede pensar con el estómago vacío. Hay que salir a buscarse el pan. O las hojas secas de los árboles. O las raíces terrosas que hervir en agua sucia. Y claro, aquí la duda no está en escoger restaurante. Si no en saber si hoy será un gran día. Si sobrevivirán o no.
Mientras tecleo estas líneas, observo la botella de agua mineral helada que tengo al lado, sobre la mesa. Cuando se acabe iré al frigorífico y abriré otra. El fin de mi sed está a apenas cinco pasos, calculo. Sólo cinco pasos. Agua fría y saludable. Cristalina. Ya está, así de fácil.
Cuando se acaben las botellas ya compraré otras.  En Dubek o en Abiyeitii, las cosas no son así. Allí el agua está lejos y la muerte cercana. No se pueden recorrer 10 kilómetros con el estómago vacío, amigos.
Compruebo que el agua de mi vaso se ha calentado con la elevada temperatura ambiente. Se que la voy a tirar y que lo llenaré con agua fresca. Beberé egoístamente.  Con esa decisión se esfuman las esperanzas que quedaban. Así que no lo puedo evitar. Espero que me disculpen pero lo tengo que decir: maldita sea su estampa, si, la de ustedes. La de todos. Y en especial la mía. Esa la primera.
Ya les avisé en el título.

Sudán del Sur, Wau a 20 de marzo de 2011.

lunes, 14 de marzo de 2011

CRÓNICAS AFRICANAS. CAPÍTULO 8: ¡ENJOY SOUTH SUDAN!

Vamos. Para no echar ni gota.
Va y me dice el tipo – tan delgado que podría limpiar macarrones por dentro- como si tal y encima se queda tan pancho: ¡friend, enjoy South Sudan!.
Cuando el Bombardier de la Etiophian aterriza en Juba, el pasaje se baja del avión y camina a su aire hasta alcanzar el habitáculo que aquí se llama Terminal de Llegadas. En la valla exterior, una pancarta de lona anuncia: Welcome to South Sudan, the 193 country of the World!. Y es que ya es una realidad de facto.
Una vez a la sombra, evitada la ebullición del cerebro, un mostrador que se aguanta con permiso de las termitas recibe al viajero. Allí, un hombrecillo te señala con gestos un formulario fotocopiado en el que tu mismo te registras de tu puño y letra -con los datos típicos en estos casos- como si uno fuera agente de aduanas además de lo que sea, vaya. Voy y entre empujones escribo la verdad. Tentado estoy de poner de primer apellido Bonaparte y de profesión: emperador. Para una oportunidad que hay de hacerse el chulo y que además sea oficial. Me revisa el Permiso de Circulación, que aquí equivale al visado y tras unos cuantos empujones más me sella el pasaporte, arrebatando el tampón a unos aborígenes que se lo están sellando ellos mismo. “Pa” no echar ni gota. Lo que yo les diga.
Llegan las maletas y las tiran al suelo. Limpio que está como ustedes imaginaran. Algunos afortunados las tenemos que abrir. Chequeo ordinario, llevado a cabo por soldados y soldadas de uniforme azul de camuflaje (aquí debe de haber muchos lirios en el desierto). Uno, que ya es zorro viejo, le suelta a los dos metros de guerrero feroz que se le ha olvidado la llave en el coche. Y que no puede abrir la mochila. ¿Qué llave y que coche? Si acabo de llegar volando. El tipo traga y con una sonrisa me marca con tiza la mochila, la bolsa del equipo fotográfico y me dice: Welcome! Enjoy South Sudan!.
Salgo del aeropuerto pitando, antes de que el amigo pille lo de la llave y me haga despelotarme allí en medio. Yo odio las comparaciones raciales. Y no me gusta ofender.

Juba, la nueva capital del nuevo país, no se puede decir que sea flamante. Es un país nuevo que parece viejo. Muy viejo. Las calles son de tierra y llenas de socavones. Debe ser por eso lo de los Hummers y Toyotas a toda leche y no por lo del petróleo. Avenidas anchas flanqueadas de mierda de todo tipo. Montones de tierra y de material de obra, hierros, maderas, coches destrozados, tuberías colgando. Nada está en su sitio. Igual es que he llegado un poco pronto y lo tendrán todo listo para el 9 de julio, el día que se declarará la Independencia. Digo yo.
Una ristra de contenedores metálicos rollo estibador. Me toca el 92 y me dice la recepcionista que esto es el Hotel Oasis. Me clavan 140 USD por noche con comida y aire acondicionado. Cama, armario, mesa, baño, papelera  y mosquitera –cutre es poco- en 8 metros cuadrados. Todo fabricación china, eso ya me deja más tranquilo –será resistente y fabricado por obreros mayores de edad bien retribuidos- y está regentado por indios. De los de la India, no los de los caballos y el 7º. La puerta se cierra con un candado gigante de dibujos animados.
Pero eso si, estoy a la orilla del Nilo.
Un Nilo que está prohibido fotografiar, no sea que lo plagiemos. Pero el Nilo al fin y al cabo.
Fluye lento hacia el norte y pienso en el punto donde se funde con nuestro Mediterráneo. Es como un cordón umbilical que me une por un momento con mi lejana Barcelona. Fluye, les digo, calmado y sabio, como contraste a lo que ha sido esta tierra durante décadas. Sólo los últimos 20 años (hasta el 2005) se han matado entre si más de dos millones de personas. Los acuerdos de paz de hace 6 años han derivado en la secesión por mayoría absoluta del Sur con respecto al Norte. Ya vale de matarse, habrán pensado. Aunque todavía no han parado y siguen los combates de forma puntual. Son siglos de clanes tribales enemistados. Y eso no se apaña en un momento con ayuda de los incompetentes observadores de las Naciones Reunidas Geyper.
Voy a cenar y en un abrir y cerrar de ojos me encuentro rodeado de rusos con cara de piratas, mientras por megafonía suena reggae sin identificar. Trabajadores del petróleo prefiero pensar mientras rebaño el plato y me alejo de nuevo en dirección al Nilo. Ahora es de noche pero se percibe su enorme masa de agua mítica, alejándose indiferente. Un gato, un pájaro y un sapo se cruzan en mi camino. Me quedo contemplando el gran río y pienso: Aún tendrá razón, que lo voy a disfrutar.
Por la noche, mientras acabo de escribir estas cuatro letras empieza a llover a cántaros y Thor  golpea con fuerza su martillo. Llueve tanto que no oigo ni el tlec, tlec, del teclado.
Por hoy es suficiente, acabo de llegar y todo está por delante. Para mi y para este país nuevo pero viejo, gastado y cansado. Otro país que echarnos a las espaldas.

sábado, 12 de marzo de 2011

CRÒNICAS AFRICANAS. CAPÍTULO 7: REFLEXIÓN Y ESPERA.



(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

Algunos ya lo sabrán. Lo habrán vivido. A otros es lo que les aguarda. Hablo de aquellos días en que toca esperar. Tener paciencia. Y de las noches. Aquellas noches oscuras y densas que no dejan que el tiempo las atraviese con fluidez. Aquellas noches que transcurren lejanas y lentas. Noches de vigilia.
A mi me ocurre cuando he de viajar, al día siguiente, a un lugar en el que nunca estuve. Cuando empiezo un nuevo proyecto o cuando debo esperar para seguir con algo que tenía en marcha. El mono del obturador. Algo así como yonqui de la luz o de las historias que hay que contar. Los fotógrafos me entenderán.
Son días y, sobre todo, noches de soledad. Con sus cosas buenas y malas. Que avanzan al ritmo que marcan las aspas del ventilador –cuando hay electricidad-, o al ritmo de los pensamientos – a veces lúcidos, a veces agobiantes- que van y vienen a la mente de uno.
Esta vez me han atrapado en N’Djamena, pero eso no importa pues te pueden cazar en cualquier lugar. Incluso en tu propio hogar. Hoteles, tiendas de campaña, refugios, la casa de alguien, una base militar o de alguna ONG, bajo las estrellas. Son días y noches que acechan al reportero y que, a pesar de la experiencia y de verlas venir, siempre lo cogen a uno desprevenido. Como si no lo supieras, vaya.

Mi viaje a Sudán del Sur está muy cerca. Tanto que he mirado varias veces, con detenimiento, el documento que me dejara entrar en el país y que tanto me costo conseguir. Como asegurándome de su validez y corrección. Pero esto tampoco importa. Esta sensación está por encima del lugar o del motivo de un viaje. Sea a donde sea. Me gustaría pensar que es un avance, pero no se si lo es. Puedo entenderlo como un progreso en tanto que significa  acortar distancias para volver junto a los míos, las otras dos terceras partes de mi ser. Pero puede que, al mismo tiempo, signifique hundirme cada vez más en el fango denso y fétido de la inmundicia humana. De su desgracia, su egoísmo y su angustia. No es una queja. Yo lo escogí.
Son momentos de confusión: euforia y desánimo, excitación y hastío. Un sentimiento aparta al otro y así hasta las luces del alba o hasta que llega el momento. El momento de trabajar y contar lo que pasa.
Son momentos en los que disparas tu cámara sin algo concreto que narrar. Pero narras.
Además, el final de un viaje es sólo el principio del siguiente. Alguien lo dijo. Y tenía razón.

miércoles, 9 de marzo de 2011

CRÓNICAS AFRICANAS. CAPÍTULO 6: ROBAR A LAS HORMIGAS.

 Aldea de Matar, Guera. TChad. Mujeres termitiers abriendo hormigueros para llevarse el grano de recogido por los insectos.
(C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

Salimos de Yamena ni tarde ni temprano. La hora era de aquellas en que todavía puedes respirar,  pero, eso si, de aquellas en las que ya se puede freír un huevo sobre los tejados de zinc. O un gato si hubiera. Que esto es África y aquí no hay mascotas.
500 CFA es lo que cuesta que el mozo te levante la barrera –la levanta coche por coche manualmente – del peaje que hay a la salida de la ciudad. Una operación que se repite, más o menos, cada 100 Km. Tras unas cuantas docenas de vacas, cabras y algún perro con mala leche – en África no hay mascotas, recuerden-, se nos cruza un burro con los cascabeles bien puestos, el tío. A su ritmo, sin prisas. Ya pararán. Alguien en nuestro Land Cruiser, agudo y cachondo, afirma: “mira, el ministro de transportes!”. Preferiría que no insultaras al bicho, respondo. Se que es burro. Pero de ahí a compararlo con un ministro.

La movida sigue por esos derroteros. Alguien añade: “sabéis la historia del atropello de la cabra?”. No. Pues resulta que –dicen que es cierto, no sé si es más leyenda rural que otra cosa-, un tipo atropelló una cabra en Chad y la mandó a mejor vida. El propietario  reclamó al conductor que le pagara la bestia pero este se opuso. Al poco, allí estaban los tres: conductor asesino-acojonado, pastor despechado y la cabra de cuerpo presente y sin amortajar por las prisas. Vamos, esperando la barbacoa. Al poner en manos de la autoridad incompetente el caso, este resolvió, ante la perplejidad de todos los concurrentes – menos de la cabra – lo siguiente: Señor conductor, por favor, su permiso de circulación. Aquí tiene usted. Correcto. Bien, señor cabrero, por favor, el permiso de circulación de su cabra. Cómo? Qué no tiene? Y qué hacía su cabra en una carretera, sin permiso de circulación?. Caso resuelto. Aquí nadie tiene que pagar nada a nadie y la cabra me la como yo. Para compensar las molestias.
Paramos a ingerir algo y el chofer nos recomienda un sitio donde la carne de cordero la hacen que ni en Aranda del Duero. Resulta que el garito es de los que no se olvidan. Moscas, pan tostado al sol y vísceras de cordero a la chapa de zinc. Más moscas. Me alimento y sin rechistar, qué aquí el horno no está para bollos y menos para gratinar una lasaña. La salsa picante lo mata todo me digo. Pero picaba demasiado, casi me mata a mi también. Nunca pensé que una americana caliente me iba a salvar el gaznate. Me refiero a una Coca-Cola temperatura Chad (pervertidos lectores…). Me lavo las manos con agua corrosiva de un bidón de petróleo. Que contuvo petróleo. Seguimos.
Aquí, en la carretera, reina la ley LOPEZ (Ley de Orden de Paso por Envergadura – apéndice Z). O sea, que pasa primero el más grande, por cojones.  Por eso los camiones sobrecargados nos los ponen por corbata cada pocos kilómetros. Franqueamos  un pueblo y unas montañas que se llaman Abtouyour. No, cómo ustedes quieran no. AB-TOU-YOUR. Lo digo para los que aprendieron inglés con From the Lost to the River. “Up to you”, es otra cosa.

Aquí la cosa está chunga. Mientras los honestos dirigentes de este país se pegan un banquete de tres pares de narices, o me imagino que lo harán, visitamos un par de aldeas
donde el banquete se lo dan los pájaros cuando aparecen en plena temporada de recolección y no dejan grano en su espiga. Eso cuando no aparecen unos cuantos millones de langostas –las de tierra saltarinas- y se lo papean todo, todo. Muray y Matar se llaman los pueblos donde a las mujeres se les deforman los dedos de excavar en los hormigueros, para robar el grano que se llevaron las susodichas. Como previsoras que son. Apenas unos granos robados en cada hormiguero, pero que multiplicados por días, por hormigueros y por sufrimiento, se acaban convirtiendo en un pequeño cuenco con el que alimentar una criatura, una vez. Se me caen al suelo cuando veo lo que veo: Robar la comida a las hormigas. Se yo de unos cuantos, y ustedes también, a los que habría que robarles hasta el hígado. Que al Jerez y cocinado por Aníbal Lecter, o como se llame el personaje, tiene muchos nutrientes y además estará rico y todo.
Aquí luchan  los de Intermón Oxfam. Cada uno se busca un campo de batalla donde librar entuertos. Por eso los Land Cruiser de esta ONG son recibidos como caballeros de dorada armadura al llegar a estos pueblos olvidados por quién debería recordar. Recordar de donde viene y adonde va.
Olvidé decir que en venganza por los destrozos que ocasionan las plagas en las cosechas de aquellas pobres gentes, estas dan caza a todo tipo de bichos, los dejan secar, los machacan y hacen una estupenda salsa: le llaman kri-ket. Y es que aquí, en África, todo es naturaleza en estado puro y cruel. Aquí, donde las dan las toman.

jueves, 3 de marzo de 2011

CRÓNICAS AFRICANAS. CAPÍTULO 5: LO QUE EL VIENTO DEBERÍA LLEVARSE.



(c) by Alfons Rodríguez | Do not use. Dan, el doctor, peleándose contra el destino de sus pacientes.

Pues que quieren que les diga. Hoy es uno de aquellos días en que uno tiene el ánimo por los suelos. Uno de aquellos días que no se puede estar contento,  por lo que vio y vivió.
Hoy, es uno de aquellos días en que la vida no sonríe. Maldito cáncer esta humanidad que nos caracteriza.
Llevo varios días en el trasero del mundo. El mundo tiene muchos traseros y este es uno de ellos. El viento y la arena realzan la belleza de las fotos pero machacan, un poco cada día, los mecanismos de mis cámaras. Cuando las intento extraer de mi bolsa me miran con desprecio y me escupen arena a la cara. Esta mañana, al fin, una ha dejado de funcionar. Amén. Cuando llegue a Yamena la llevaré al hospital. La misión de MSF a la que acompaño no trata este tipo de pacientes. Kanem se llama este anti-Shangri la. Una tierra dorada y gris, a veces blanca. Viento a cuarenta y pico de  grados y más kilómetros, comida una vez al día (es lo que hay y suerte tengo habiendo lo que hay), eso si con arena en vez de sal.
Dan, el médico alemán que lucha en solitario en el Hospital de Nokou, acaba cada  día extasiado. Un montón de criaturas medio muertas por la malnutrición se encargan de ello. Aunque las cifras ya no son las del año pasado. Aquellas acojonaban. Otra vez MSF, los únicos que están al otro lado en cuestiones de emergencias.
A Yousuf, que levanta dos palmos del suelo, le trajeron casi muerto. Su madre ya se desprendió sentimental y físicamente de él. Iba a morir. A Mohamed Alí, de 14 meses, le metieron en agua hirviendo al nacer. No se sabe porqué. Se le fusionó el ano y se le salieron las tripas por el abdomen. Dan, el doctor se siente como Don Quijote, me cuenta. Loco y reparador de entuertos. Llevar a Mohamed Alí a Yamena cuesta una pasta. A ver como se lo monta.
Lo que les decía: ¿cómo no voy a tener vergüenza de ser humano?. Parece que todo esto no sirva para nada.
Los dromedarios nos miran al pasar, con el Land Cruiser a toda leche. Deben pensar: vaya manera de perder el tiempo. “Mira nosotros, que la vida siga su curso, total si nos vamos todos al carajo en lo que tarda en levantarse el harmattan”. Los dromedarios parecen viejos y sabios, siempre mirándote al pasar y masticando con paciencia y resignación.
Cada vez que me meto 6 ó 7 horas de 4x4 por pistas odiosas y llego a un centro de atención, una casucha polvorienta en medio de la nada, hay varias docenas de mujeres con sus criaturas malnutridas y hambrientas. Si yo he tardado horas en ver un pueblo, hagan cuentas y verán lo que han andado para llegar hasta aquí esas desdichadas. Tan bellas y dignas con sus telas de colores al viento. Joder con el petróleo que sacan los amos y compañía. A la mierda la polución, que hagan una carretera y pongan autobuses de una vez. Si ustedes les vieran las caras a esas madres.
Vuelvo a tomar el Toyota y, cagando ostias, me acerco a un Ouadi, el de Bacadrussos. Es el más grande de Kanem  y apenas es ya un charco  de aguas fétidas. Monsieur Mara Yiza Ushuman es el jefe de todo el oasis. Son sus tierras como lo fueron de su padre y antes de su abuelo. El las comparte. El problema es que ya queda poco que compartir: 4 tomates, higos, mangos y dátiles. Se acaba, me dice.

Vuelvo a la base, donde no se puede llegar de noche  por temas de seguridad, y el viento vuelve a sacudirme en la cara una bofetada impertinente. A lo mejor me la merezco por “so humano” que soy.
Ya podía el viento llevarse toda esta mierda. Y traer comida, lluvia y progreso. Por que lo que es Dios aquí no tiene consulta. Por eso yo no pongo a Dios por testigo, como hizo la O’ Hara o como se llamara aquella moza, debajo del árbol con el atardecer de fondo. Prefiero poner a Dan Doctor o a Fatima, o a Yousuf o a Mohamed Alí.
A ver si nos ponemos de acuerdo y repartimos un poco, chavalotes, que se que algunos os sobra hasta por las orejas. Cabrones. Unos malnutridos, y otros malnacidos.

lunes, 28 de febrero de 2011

CRÓNICAS AFRICANAS. CAPÍTULO 4: ¡ALTO A LA GUARDIA CIVIL!


Es un domingo cualquiera aquí en Yamena.
Por no estar abierto, no está abierto ni el VIP Room, en la Avenida Charles de Gaulle. Un garito cercano a mi hotel donde algunos expatriados van a hacer amigas. Amistades de aquellas que duran lo que dura dura. Aquel tipo de garitos a los que soy tremendamente alérgico. Yo, que no soy alérgico a casi nada más.
Cuando cae la tarde salgo a dar un paseo a la fresca. El termómetro de la cercana gasolinera a mi alojamiento sólo marca 37º. Son las 17.06 P.M. El aire es caliente y los ojos y la boca se  secan a los pocos minutos de estar en la calle.
Camino por las anchas y tranquilas avenidas del centro, hasta la vastísima Plaza de la Nación. En el trayecto, un cartel del Presidente de la República, el señor Idriss Deby Itno, saluda a todo dios que pasa por allí.
La Plaza de la Nación es del tipo Plaza Roja de Moscú o Plaza Tian An Men de Beijing. Es decir de aquellas que no ves los extremos. Burro grande, ande o no ande.
Los monumentos, a saber: Un soldado y una soldada bajo una gran uve de la victoria. Una esfera del mundo con África en el lado bueno. Y por último, un gigantesco arco del triunfo sobre una enorme escultura metálica, que representa un hombre semidesnudo rompiendo los grilletes que le oprimían. O eso deduzco. Todo ello adornado con farolas modelo “barbie” y fuentes que no funcionan aunque sea domingo por la tarde y la gente vaya a pasear y a tomar “la fresca” al lugar. Pero bueno, hay que aclarar que todavía están en obras. Lo que no sé es cuanto llevan así.
Que eso si que lo tiene este presidente, el señor Deby. Ha plantado jardines. Y los riega. Ha construido plazas. Y las adorna. Ha asfaltado calles. Y las barre. Ha extraído petróleo. Y trinca la pasta.
En esas que estoy paseando por la plaza, con matrimonios, niños, jóvenes, abueletes en los bancos, soldados con AK-47  –vamos lo normal que sale a pasear un domingo a la tarde-, cuando cerca del arco del triunfo “hipermegasuperguay”, me aborda un tipo de color blanco. Me pregunta si le puedo hacer una foto en el monumento que yo llamo de la liberación. Recuerdan, ¿verdad?.
Pues eso, un tipo con gafas de sol, camisa a cuadros y pantalón caqui, que yo ya tenía clichado, pues lo había visto bajarse de un todo terreno blanco marca UN. Se me acerca y me pregunta si le puedo hacer una foto, eso si en inglés. Yo por aquello del instinto le respondo, “Si claro, como no” en perfecto español, como pueden observar. Y no me equivoco. El tipo añade: “hombre!, eres español!”.
Total que le hago tres fotos. De las buenas, con su compacta, a contraluz, pero corrigiendo la medición. Vamos que el tío todavía se pregunta como narices lo hice.
Si a mi siempre me queda “to negro”,  debe estar cavilando el amigo. Ya te digo.
No tardamos en entablar conversación. Es lógico, dos pingüinos en medio del desierto, van a querer hablar. Aunque sea por curiosidad.
Me cuenta que trabaja en las Naciones Unidas, yo asiento sorprendido. Por aquello de la educación. Que es de seguridad y que lleva 3 años aquí, llevando el tema de secuestros, ataques y violaciones. Pero que ya se va. Que es de la Guardia Civil. Alto! Pienso yo.
En poco más de un mes nuevo destino: Liberia.
Me asegura que esto está tranquilo.  En febrero del 2008, en este mismo lugar que ahora la gente se hace fotos, antes se mataban a tiro limpio. Que la gente lleva dos años viviendo en paz y que no hay ganas de guerra. Por eso hoy, aunque se vayan a publicar los resultados del recuento de votos de las elecciones en el país, salga lo que salga, todo va a ser calma chicha. Lo de Haití si que fue jodido, asegura. Allí nos dábamos de ostias con los mayores hijos de puta del planeta. De los que mataban bebes. Porque con su sangre untada en el  cuerpo, las balas de las Naciones Unidas y de los cuerpos de elite de Brasil no les podían matar. Qué miedo.
Suerte en el Oeste y en Sudán. Suerte en Liberia, nos deseamos mutuamente.
Y nada, allí que se va el guardia civil, con su compacta y sus gafas de sol de “bodyguard”, hacia su potente e impoluto 4x4  blanco, marca UN.
Y yo, que  vuelvo al hotel andando. Con la boca reseca. Que quieren, lo de fotoperiodista freelance no da para más.
Nunca le había hecho una foto a un agente de la Benemérita. Ni imaginármelo vaya. Pero lo que ya es inimaginable es que se la fuera a hacer bajo un tipo medio desnudo de 15 o 20 metros de altura, a casi 40º y en la patriótica Plaza de la Nación de Yamena.
Si mi abuelo, el republicano, levantara la cabeza.

domingo, 27 de febrero de 2011

CRÓNICAS AFRICANAS. CAPÍTULO 3: ¿A QUÉ HUELE WAILA?

 Matadero de Waila, Yamena | (c) by alfons rodríguez
 Campamento El Buen Samaritano, Waila, Yamena| (c) by alfons rodríguez
 Marie Dimanche, vecina de Waila, retratada en su casa. | (c) by alfons rodríguez


C)DE LAS IMAGENES ALFONS RODRÍGUEZ/PROHIBIDO SU USO/DO NOT USE.

Hoy les voy a explicar, o a intentarlo, como huele la angustia de unos, los muchos, provocada por la desidia de otros, los pocos. Mejor dicho, como hiede o apesta tal desidia.
Estuve en Waila, un gran suburbio de Yamena. Nada que ver con las fabelas de Brasil, los slums de Mumbai o los townships de Sudáfrica. Más pequeño, recogido, ordenado y menos poblado. Pero también cuecen sus habas, como en todas partes.
Esta vez me ha traído a África el problema del hambre y la malnutrición y eso mismo es lo que me llevó a Waila. Fui de la mano de una simpática y comprometida señora, funcionaria del Ministerio de Petróleo,  que no se amedrenta en esta estúpida sociedad patriarcal del Tchad. Machista, para dejarnos de eufemismos. Marie Dimanche ya ronda la cincuentena en años y la centena en kilos. Pero es aguda y ágil con la mirada y la palabra. Con el pensamiento. Su historia, demasiado densa para esta entrada, podría ser un guión de película europea de culto. De aquellas con tintes feministas. Fue Policía, se exilio, estuvo en la cárcel, divorciada, madre de 4 hijos naturales y otros dos adoptados. Esto a grandes rasgos y como trailer de su película. Su barrio, Waila, sufrió el pasado mes de septiembre unas  inundaciones terribles. El río que baña el suburbio se desbordó a causa del puto Niño. Me refiero a El Niño – fenómeno atmosférico- y no al impertinente crío que toda comunidad de vecinos sufre. Como decía, se desbordó el Tchari y trincó por delante todo lo que pilló: Árboles, cosechas, animales, casas de adobe, las escasas pertenencias de los vecinos y más de 40 seres humanos. Cuerpo y alma, porque a esos ya no los devuelve ni Alá ni la que lo parió. Ni Dios ni su padre.
En fin, que les voy a contar, la historia de siempre. Si antes ya eran unos desgraciados, dignos pero desgraciados, ahora son un montón de almas en pena, pululando por el precario campamento que les montó el ejercito con cuatro tiendas roñosas, importadas gracias a la gran generosidad de Arabia Saudita. Si, justo, esa misma Arabia repleta de Rolls Royce, mansiones, doctorados en Harvard y en Yale. La que rebosa petróleo hasta por las orejas del Jeque Mohamed, o como se llame. Pero aquí en Yamena lo que rebosó es el agua, que cuando se enfada tiene muy mala leche  y no entiende de trazados urbanos, pensados con las posaderas o con la desesperada búsqueda de un lugar donde vivir mientras esperas una vida mejor.
Pero fíjense que cuando entrevisto, fotografío y charlo con los desplazados, todavía me sonríen, aunque con tristeza, mientras me cuentan que perdieron a un hijo, que los bandidos aprovechan su vulnerabilidad para llevarse lo poco que les queda, que el gobierno no les hace ni puto caso y que pasan más hambre que los pavos de Manolo. O de Hassan en este caso.
Primero El Niño que los barre y luego sus líderes, elegidos por la gracias de Dios y del pueblo – como en todas partes – que van y se cagan en medio. Con perdón.
Allí conocí a Celestine, a Shabur o a Josephine con su pequeña de 9 días, por ejemplo. Y allí  observé sus ojos sin brillo que son el espejo de su alma.
Mientras el Gobierno de turno en el país vende el petróleo y se forra, ellos se apagan y recelan de su destino ante las inminentes lluvias. Que, por cierto,  se espera comiencen un día de estos. Si se llevó sus casas de adobe, imaginen lo que pasará con las tiendas de tela de la amabilísima Arabia Saudita. Joder.
Y en referencia al título que abría este desahogo, les diría que mientras paseaba por el barrio me topé con las letrinas – un socavón gigante en el suelo – y con el matadero de animales. Olía como no recordaba que algo podía hacerlo. Era más que mierda humana y putrefacción de despojos y sangre a casi 40 grados. Era un olor tan intenso y nauseabundo que me impedía respirar.
Salí a toda prisa de allí.  Y mientras contenía la respiración, no pude evitar pensar que así debe de ser como huele el alma de aquellos mal nacidos que permiten que esto ocurra y se perpetúe. Aquellos malditos que pueden evitar esto, que para eso están, para eso los escogemos, y no lo evitan. A eso huele Waila.
Volveré con más y espero que mejor.