Como mi condición de fotógrafo pasa irremisiblemente por la de ser humano, estoy terriblemente confundido. Es uno de mis derechos. ¿No?

Pasaron los años y la juventud se convirtió en madurez, que no en vejez. Con la madurez llegaron las responsabilidades de todo tipo, con las responsabilidades llegaron las presiones, con las presiones los errores, con los errores los fracasos y con los fracasos el aprendizaje y el perfeccionamiento en el difícil arte de la vida.
Y ahora, cuando estaba encontrándole el truquillo a esto de vivir y ser feliz, entre yerros y aciertos, descansando en un comodísimo colchón de experiencias ya vividas, me doy cuenta de que tengo que volver a empezar. Mejor expresado: he de volver atrás, hasta el punto en que comencé a relajarme y verlas venir en vez de ir a buscarlas. Por lo menos, no es el principio absoluto.
Hoy me doy cuenta de que la flacidez espiritual inducida por el éxito es un arma de doble filo. La lucha continúa, las responsabilidades son mayores que nunca, los mayores retos están por llegar, la estaca espera detrás de cada puerta y la gloria final no es nada. Nada. Lo importante es el camino y los obstáculos que se han de sortear. Caer y levantarse. Caer y levantarse.
Los jóvenes que hoy dan el primer paso en el noble oficio del fotoperiodismo, porque es noble cuando se desempeña bien, no saben lo que les espera: contradicción, violentos choques éticos, decepciones, puertas que se cierran sin justificación y un largo etcétera. Delante de mi pasan muchos de los que están en ciernes y en su rostro veo mi rostro, el que lucía años atrás. Desbordante de ilusión y confusión a la vez.
Les diría que no se ofusquen por un futuro incierto, lleno de socavones oscuros. El futuro no existe. Sólo el pasado (que es invariable) y el presente (que es efímero) son conceptos de los que extraer algo útil: la experiencia. Es más, diría que en definitiva todo es pasado en realidad, pues el presente deja de serlo en el mismo instante en el que ocurre. El futuro es sólo el reflejo de nuestro pasado. Que en la confusión metafísica en la que puedes caer en el desempeño de tus funciones como ser humano y como fotoperiodista está la clave: la duda te mantiene despierto y avanzando. Las luchas, los éxitos y los fracasos son el alimento de todo y de todos. De los tres hechos nos nutrimos por igual.
Como puede ser que un post tan magnifico no tenga ni un comentario !!! Muy buena reflexión aunque no soy objetivo ya que opino lo mismo.
ResponderEliminarUn saludo,
David
Hola David,
ResponderEliminarGracias por tus palabras. Creo que la objetividad es tan solo subjetividad relativa.
alfons rodríguez.
Caminante no hay camino... sino estelas en la mar!!
ResponderEliminarArtur Isal
Aquesta reflexió és molt semblant a la que vaig tenir fa uns pocs anys quan vaig veure que el fotoperiodisme no era viable econòmicament parlant i volia formar una família. Això no treu la il·lusió que els temps millors encara estan per venir, vinguin per on vinguin.
ResponderEliminarSi Quim, aqui està la clau, pot ser.
ResponderEliminarL' adaptació, la flexibilitat i la tolerància als canvis. Il.lusió, molta il.lusió...!
Gràcies.