w a l k o n e a r t h es el lugar donde desahogo mi conciencia y aplasto mis frustaciones. También lo hago en otros lugares, pero me pagan por ello...



jueves, 9 de diciembre de 2010

EL EXORCISMO 107 (II)

Cuando el Exorcista invocó al djinn la mujer, de unos treinta y tantos, apuntó en voz baja algo así como: “soy, o me llamo,   Mohamed Salhamin.” Un nombre masculino.
Un silencio absoluto arropaba la sala cuando el hombre que realizaba el Rokia Charicua, o ritual de exorcismo, comenzó a recitar el Corán con sus labios pegados al oído de la supuesta endemoniada. La mujer inició una serie de balbuceos en árabe, para mi del todo ininteligibles. Por balbuceos y por árabe. En ese momento el hombre ya sostenía la  cabeza de ella entre sus dos manos. Para evitar golpes y daños auto infringidos.
El idioma escogido por el espíritu, en este caso supuestamente maligno, fue el francés (que casualidad). Y en francés salieron las palabras de los labios de la poseída cuando se abalanzó sobre mí violentamente y, verbigracia,  gritando como una posesa. Lo del francés hubiera quedado en anécdota por hallarnos en Marruecos, de no ser porqué después me aseguraron que aquella mujer no hablaba ni “mu” de árabe ni de francés. Tan solo bereber, su lengua vernácula. Cuando el exorcista la separó de mí, yo no sabía dónde mirar. O fotografiar. ¿Y si me maldecía la NIKON?, o a mí.
A aquellas alturas yo ya flipaba en colores y sin haber catado, palabra de honor, ni un solo ápice de hashish alauita. Que dicen es bueno de tres pares de lo que ya sabéis.
La mujer, el espíritu, tal vez Mohamed o el djinn, o quién se yo, puede que todos a la vez proliferaban gritos aberrantes y entre árabe, bereber y francés se escapaban palabras que yo intentaba cazar al vuelo, mientras mi dedo índice no paraba de apretar el obturador tras el sobresalto inicial, en el que había quedado petrificado. Click, click,  click, tragaba saliva y click, clik, click una y otra vez y otra y otra…
La primera tarjeta se gastó con los primeros pasajes del Corán. Y la mujer que seguía chillando, gruñendo, apretándose la cara, los ojos, frotándose las manos, gesticulando con pies y manos y cara. Se golpeaba el pecho y la cabeza y no paraba de respirar con fuerza, profundamente, como si estuviera de parto o algo parecido. Faz roja, ojos desorbitados. Ambiente tenso en la sala.
Mi intérprete no me quería traducir lo que decía la señora al aire y a mí directamente en ocasiones. Os aseguro que cuando me miraba y me gritaba se me helaba el plasma sanguíneo. Yo emocionado. Y por qué no aceptarlo un poco acojonado. Que, ya se sabe, estas cosas las carga el Diablo. No tenía ni crucifijos ni Biblia con que defenderme, aunque bien pensado allí no me hubieran servido. Mejor un Corán en las manos en vez de una NIKON en modo ráfagas. Quién me mandaba a mí insistir, si me lo habían avisado. Ibrahim comentó en más de una ocasión: ¿Estás seguro? Yo que voy a estar seguro. Pero ya puestos.
A la pobre mujer le estaban sacando de dentro el espíritu 107 de los 114 de la poseían. Cada pocos días tenía que pasar por aquel trago hasta quedar limpia de cuerpo y alma. Le rechinaban los dientes y a mí el cerebro. Click, click, click.
Yo presencié un exorcismo real aquel día y en aquella sala, un conjuro para liberar un alma, una mente confusa. No sé que salió de dentro de aquella mujer. Lo que sí sé es que no fue un espíritu demoníaco. Enfermedad mental, bipolaridad, estrés postraumático, ignorancia, miedo, son posibles explicaciones. Tal vez estas prácticas son reales para quién las cree y ridículas para los que no. En mi caso, creedme, ya no sé qué creer. Y vosotros… ¿qué creéis?

PS: Aquella mujer, dicen, fue castigada por haber acudido a una bruja que conjuró en contra de alguién a quién ella odiaba. El castigo fue la posesión por todos aquellos djinn.

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